El Madrid volvió a abonarse a un final agónico en otra final europea, como en Lisboa hace dos años o en Milán hace unos meses, para llevarse la Supercopa de Europa con un gol en el tiempo añadido del partido, para forzar la prórroga, y otro en el penúltimo minuto de la prórroga, frente a un Sevilla que vendió muy cara su derrota.

Las bajas del Madrid (Bale, Kroos y Cristiano ni siquiera viajaron; Modric, James y Benzema fueron suplentes) no fueron excusa para un Madrid que estuvo muy por debajo de lo que se espera de un equipo de su jerarquía, a pesar de llevarse el título de manera doblemente agónica, primero gracias a Sergio Ramos y luego, a Carvajal, los autores de dos goles agónicos pero que sirvieron para llevarse el título en Trondheim.

Y sin embargo, el Madrid empezó con muy buen color. Ausentes las vacas sagradas, los jóvenes tomaron el mando del partido; especialmente Marco Asensio y Lucas Vázquez, que jugaron con el desparpajo propio de los veteranos pero con la pasión de los amateurs.

Fue Asensio quien irrumpió en el partido con la fuerza de un huracán, marcando un golazo de hemeroteca. El jugador balear golpeó el balón con el empeine del pie izquierdo desde 25 metros de distancia y el cuero se coló por la escuadra derecha de Sergio Rico.

Frente a un Madrid con las ideas claras, al Sevilla le costó entrar en el partido, como si los jugadores no supiesen interpretar el libreto de su nuevo entrenador. Atrevido, Sampaoli apostó por una defensa de tres (Pareja, Carriço y Kolo), pero con N'Zonzi e Iborra en el doble pivote, el equipo andaluz era incapaz de encontrar a sus jugadores más incisivos, con Vitolo condenado a ejercer de carrilero y Vietto convertido en una isla en ataque.

El Sevilla creció a medida que caían los minutos. El equipo inocuo y sin mordiente que había arrancado el partido dio paso a un conjunto valiente, que le ganó terreno al Madrid ayudado por el paso atrás que dio el equipo de Zidane tras el gol de Asensio. El equipo andaluz se adueñó del balón con autoridad, pero el Madrid parecía cómodo jugando a la contra, con Kovacic y Casemiro en la sala de máquinas, incapaces de generar juego.

En una de sus llegadas por la banda derecha, el Sevilla empató el partido. Lo hizo el 'Mudo' vázquez, aprovechando un balón que intentaba controlar Vitolo en el área del Madrid. Vázquez enganchó un remate tímido, pero excelentemente colocado, demasiado ajustado para la estirada de Kiko Casilla.

Monólogo en la segunda parte

La reanudación consolidó la dinámica con la que terminó la primera parte: el Sevilla tuvo la pelota, frente a un Madrid al que no le importó perder terreno. El único jugador del Madrid capaz de capitalizar el juego de su equipo fue Asensio, pero el Sevilla empezó a carburar como equipo.

Zidane apostó por Benzema, que ocupó el lugar de un Morata inoperante. No hubo noticias del ex de la Juventus en la hora que le concedió su técnico, y dio entrada a Modric para intentar ganar la batalla del centro del campo. También apostó por James, pero el colombiano está absolutamente desconectado del Madrid.

Pero el Sevilla no se descompuso. Siguió controlando el partido, aplicando el ideario de su entrenador como si sus jugadores lo conociesen de toda la vida: una internada por la banda derecha de Vitolo desequilibró a Sergio Ramos, que cometió el error de derribar al canario en el área.

El colegiado serbio señaló penalti, transformado por Konoplyanka en el 2-1.. Aún quedaba media hora de fútbol, pero el Madrid fue incapaz de poner en apuros a Rico hasta el minuto 93, cuando un desajuste en la defensa del Sevilla lo aprovechó a la perfección Sergio Ramos para rematar, libre de marca, a gol y firmar un empate sobre la bocina.

Fiel a su estilo, sobre todo en las finales, el Madrid volvió a protagonizar un final agónico, forzando la prórroga cuando el Sevilla ya rozaba el título. El Madrid sobrevivió con mucho más espíritu que fútbol. 

La prórroga, una tortura

Con la adrenalina por las nubes, los jugadores del Madrid se vinieron arriba en la prórroga. Les ayudó la expulsión de Kolo y el desgaste físico que erosionó a los jugadores del Sevilla.

Sergio Ramos volvió a marcar de cabeza, pero el árbitro anuló el gol por una falta a Rami. El partido había cambiado por completo, con el Madrid resucitado y el Sevilla agotado y deprimido, resignado a aguantar el empate hasta la rueda de los penaltis. Tuvo Lucas Vázquez el título en un mano a mano contra Rico, pero el portero del Sevilla, excelente en la salida, sostuvo a su equipo hasta el final. También pudo marcar James con un disparo de volea, también frenado por Rico.

El Sevilla, que sobrevivió a la prórroga gracias a su portero, no pudo retener a Carvajal cuando el lateral del Madrid se aventuró a progresar por su banda. Nadie le detuvo y Carvajal se plantó solo ante Rico, al que batió cuando solo faltaba un minuto para acabar la prórroga.

El Madrid se llevó el título de manera agónica: es un equipo acostumbrado a vivir al límite, a ganar finales contra el reloj. La final de la Supercopa de Europa no fue una excepción.