Si de algo deben estar orgullosos los pobladores de Nindirí, en el departamento de Masaya, es de su enorme riqueza religiosa y cultural, la cual se exhibe en su máxima plenitud durante las fiestas patronales en honor a Santa Ana.

Este martes, miles de fieles católicos acompañaron a la santa imagen en la misa y posteriormente en procesión por las calles del pequeño poblado.

La misa fue oficiada por Monseñor Silvio Báez, Obispo Auxiliar de la Diócesis de Managua.

Aunque las fiestas patronales de todos los municipios de Nicaragua son famosas por su colorido, su sincretismo religioso, sus tradiciones y expresiones culturales, las de Nindirí son particularmente bellas, abarcando desde cuidadoso arreglo de flores con que se adorna a Santa Ana hasta las marimbas con la que sus fieles la saludan.

Otra de las cosas que va fielmente ligada a estas celebraciones es el baile de Los Chinegros: niños, adolescentes, jóvenes, adultos e incluso ancianos, que durante generaciones han expresado de esta manera su devoción a Santa Ana.

De eso está claro Monseñor Báez, quien durante la misa saludó estas tradiciones recordando que la fe de los pueblos también se manifiesta a través de la cultura.

“La cultura y la fe aunque no son exactamente la misma cosa, (pero) no están tampoco separadas”, señaló.

“La cultura nunca debe estar reñida ni contraria a la fe”, enfatizó.

Santa Ana en la tradición cristiana es madre de la Virgen María, y por tanto abuela de Jesús.

“Esta fiesta nos viene a recordar que antes de Jesús hay una historia, que ni Jesús ni la Virgen María cayeron del cielo, sino que nacieron en medio de una historia humana, de un pueblo concreto, de una familia; por eso la fiesta de hoy es tan importante para la comprensión de la fe cristiana, porque nos hace casi tocar con la mano el misterio de la encarnación del hijo de Dios”, manifestó.

En este sentido, Monseñor Báez instó a los fieles a honrar a los adultos mayores, porque en ellos está la sabiduría y a ellos se debe que la fe se transmita de una generación a otra.

“La figura de Santa Ana y San Joaquín (padre de María) deben ser ante todo una buena nueva para los adultos mayores, para nuestros ancianos, para nuestros abuelitos. Lo importante que estén convencidos de que a pesar de su edad avanzada, a pesar de que ya forman parte de otra generación, siguen siendo importantes. No ha terminado su misión en la vida, tienen mucho que aportar, primero con su ejemplo, también con sus palabras, con sus anécdotas, con sus memorias”, subrayó.

A esas palabras del Obispo Auxiliar de Managua se les valora en todo su sentido  en el rico sincretismo religioso de Nindirí, donde los coros parroquiales se mezclan con los sones de marimbas, los jóvenes en trajes típicos, los chinegros y los bailes folclóricos.

“Además de pagar promesas es algo que le nace a uno. Aquí vos mirás  a un montón de jóvenes que no tienen promesa (que pagar) sino que les nace, les gusta”, explicó Pablo Antonio Ramos, un padre cuyo pequeño de apenas cuatro años ya pertenece a la legión de chinegros que acompañan las procesiones de Santa Ana.

Y es que la gente de este pequeño pueblo de raíces indígenas y fe cristiana no está dispuesta a que se pierdan estas tradiciones.

“Es el primero año que mi hijo participa. No es por promesa, sino porque hay que seguir las tradiciones para no perder nuestras raíces”, dijo por su parte Martha Zelaya.

Nindirí es, junto al resto de pueblos de Masaya, la mejor expresión de sincretismo religioso que hay en toda Nicaragua.