La decisión de conceder el proyecto de ampliación del Canal de Panamá a la oferta más barata, liderada por la empresa española Sacyr, ha sido una apuesta arriesgada y ahora hay dudas sobre la seguridad y viabilidad de la ampliación del Canal de Panamá.

Es lo que sostiene un reportaje de investigación del New York Times que cuestiona tanto algunos aspectos de la obra como al gobierno de Panamá.

Enumera los problemas ya conocidos, pero sobre todo apunta que se teme que ni el hormigón colocado por Sacyr, ni el diseño de las esclusas, ni los remolcadores puedan cumplir lo que se espera de ellos.

El New York Times recuerda que en julio de 2009 se descorchó champán en el consorcio liderado por la española Sacyr, “casi en quiebra por entonces”, porque su oferta “de precio mínimo” de 3.100 millones de dólares había sido elegida por Panamá frente a competidores de todo el mundo para construir el nuevo set de esclusas y ampliar el histórico canal de Panamá.

Pero apunta que casi desde el inicio hubo discusiones entre las empresas de los cuatro países por sus diferencias culturales y luego problemas mayores con huelgas, un hormigón poroso, el riesgo de terremotos y sobrecostes por valor de 3.400 millones “más que el presupuesto para toda la obra”.

Pero el artículo advierte sobre todo de que aunque ya ha sido terminada la expansión, el futuro del canal es “en el mejor de los casos, turbio” y hay dudas sobre su seguridad, calidad de construcción y viabilidad económica.

Se recuerda que el Canal de Panamá original fue hecho con ayuda y por empresas de EEUU y es una “joya” y “testamento de la ingeniería norteamericana” que ha resistido 100 años.

La constructora Betchel aspiró a hacer la expansión, pero fue derrotada por Sacyr y desde entonces ha dejado veladas y no tan veladas críticas sobre la capacidad de la española.

El NYT asegura que tras entrevistar a docenas de contratistas, trabajadores, expertos y diplomáticos hay dudas de que el hormigón colocado por Sacyr -“que era un 71% menos que la siguiente oferta”- pueda aguantar lo suficiente y recuerda las filtraciones de agua del pasado verano.

También apunta que es esencial que las esclusas sean lo bastante grandes y funcionales para que pasen los megacargueros y recoge críticas tanto al diseño de las mismas como a los remolcadores.