El clima y los suelos de Ticuantepe se han caracterizado por ser propicios para el cultivo de piña, una tradición agrícola que desde hace décadas ha dado de comer a decenas de productores, quienes desde antes que salga el sol se levantan, preparan el azadón y el machete para sembrar este fruto dulce que tanta demanda tiene en los mercados nicaragüenses.

Lograr que nazca este manjar no es cosa fácil. Doña Paula Olivia Gutiérrez, junto a su esposo el señor Zacarías Blas Calero, llevan más de 30 años cultivándolas, pasando horas limpiándolas y aporcándolas, ellos se ayudan de la bendición de las lluvias que en invierno les hace el trabajo más fácil.

“Nosotros cultivamos la piña, un poquito de frijoles, maíz y unas orillas de chagüite, ya tenemos la piña sembrada. La piña que está sembrada se limpia, se aporca y días después empezamos a cortarla”, dijo doña Olivia.

“De esto vivimos nosotros, por eso nos sentimos bien, porque con esto nos mantenemos, la lluvia le está cayendo bien a la piña porque si está seca se pone toda dura. Acá ha estado lloviendo y eso es un alivio, en el verano es cuando sufre la piña y nosotros con ella, ahora está alegre la piña porque le ha caído bastante agua”, compartió Olivia.

Unas 50 docenas de piñas vende esta familia que a lo largo de sus años como productores han venido transformando la tierra para sembrar otros rubros indispensables en las mesas de los hogares nicaragüenses.

El señor Zacarías Blas Calero, mencionó que ahora están esperando que los hijos de piña crezcan para volver a sembrar.

“Gracias al Señor nosotros nos sentimos bien porque a medida que vamos trabajando el Señor nos va bendiciendo y vamos cosechando”.

“Nosotros sembramos poquito, unos mil quinientos hijos a tres mil hijos. Nosotros vendemos acá en la casa la piña, de aquí se la llevan al (Mercado) Oriental, agregó.

Otro productor es don Pedro José Calero, quien habita en la comunidad rural Pablo Calero, en su finca tiene cultivadas tres manzanas, las cuales ha diversificado sembrando a la par de las piñas, las pitahaya, los frijol y el maíz.

Calero comentó que “el productor tiene que trabajar para sobrevivir de la tierra, el gobierno nos dejó esta herencia, esta es una cooperativa en la que estamos varios luchando, hubo años duros, pero este 2016 ha sido una bendición de Dios porque ha sido bueno al mandarnos las lluvias”.

“Mi maíz fue sembrado en los primeros aguajes del mes de abril y pues este maíz ya no tarda en volar espiga y empezar a chilotear”.

“Si un producto está barato el otro me ayuda, por eso trato de sembrar varios productos, además así tengo mayores ingreso y una mejor dieta alimentaria para la familia”, finalizó.