La noticia del anuncio hoy en esta capital de acuerdos alcanzados por el Gobierno colombiano y las FARC-EP en temas medulares para la paz, recibió inmediatas muestras de respaldo y buena acogida de la comunidad latinoamericana y global.

Ello evidencia el anhelo mundial que representa la paz en la nación suramericana, sumida en un conflicto armado hace más de cinco décadas y como consecuencia del cual han muerto cerca de 260 mil personas, desaparecido otras 45 mil y 6,9 millones fueron obligadas a desplazarse.

La paz de Colombia es la nuestra, afirmó el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, al llegar a Cuba para presenciar la rúbrica de los convenios en representación de su país, una de las naciones acompañantes del proceso.

Estamos muy contentos, felicitamos al presidente Juan Manuel Santos y al jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP), Timoléon Jiménez, por este histórico acuerdo, destacó Maduro, antes de enfatizar que esta paz es la de los pueblos liberados por Bolívar.

Por su parte, el presidente de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén, también participante en el evento, ratificó la importancia para la región de lo acordado por las partes en conflicto.

En su opinión, ello es un símbolo de que América Latina y el Caribe se consolida como zona de paz, según fue declarado por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) en La Habana, en 2014.

Sánchez Cerén felicitó y agradeció a Cuba, garante de los diálogos de paz junto a Noruega, y a su presidente Raúl Castro, presente en el acto de rúbrica, por convertir a la isla en sede de las conversaciones entre el gobierno y las FARC-EP.

Los acuerdos logrados por las delegaciones de paz de Bogotá y la guerrilla corresponden al punto Fin del conflicto, el más espinoso en el camino emprendido en noviembre de 2012, cuando iniciaron en La Habana las pláticas para el término de la confrontación armada en la nación suramericana.

Estos establecen las condiciones y pautas que definirán el cese el fuego y de hostilidades bilateral y definitivo, la dejación de las armas por los ahora guerrilleros, las garantías de seguridad para los mismos una vez firmada la paz.

Asimismo contempla la lucha contra las organizaciones criminales responsables de homicidios y masacres que atentan contra defensores de Derechos Humanos, y movimientos sociales o políticos.

Entre esas organizaciones criminales se incluyen las que hayan sido denominadas como sucesoras del paramilitarismo y sus redes de apoyo, y en lo convenido además se contempla la persecución de las conductas criminales que amenacen la implementación de todo lo acordado y la construcción de la paz.

El hecho, si bien aún quedan importantes y difíciles cuestiones pendientes en la Mesa de Conversaciones, constituye un gran paso en el camino hacia la paz en Colombia.

Tanto el Ejecutivo encabezado por el presidente Juan Manuel Santos como las FARC-EP consideran que existen las condiciones para lograr en 2016 un Acuerdo Final que materialice el ansiado fin del conflicto.

En esta fase decisiva del proceso, los legítimos anhelos de paz del pueblo colombiano necesitan y merecen el firme respaldo de la comunidad internacional, en particular, de la región latinoamericana.

Este nunca ha faltado e instancias regionales como la Celac, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), y la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), entre otras, han expresado en todo momento su firme apoyo al proceso.

Además de las expuestas, las muestras de respaldo a los acuerdos no han dejado de aflorar. Mandatarios y líderes de movimientos sociales y políticos de diversas naciones del mundo, especialmente latinoamericanas, declararon públicamente su congratulación y compromiso con el logro de una paz definitiva.

Ese compromiso regional y mundial queda además demostrado con la presencia en La Habana este miércoles para la firma de los acuerdos del presidente pro témpore de la Celac, el presidente de República Dominicana, Danilo Medina.

Asimismo, también en representación de las naciones acompañantes estuvo en la ceremonia la presidenta de Chile, Michelle Bachelet.

Como invitado especial asistió el secretario general de las Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-Moon, quien estuvo acompañado por los presidentes del Consejo de Seguridad y la Asamblea General de esa máxima instancia.

Precisamente, la ONU tendrá un importante papel en el monitoreo y verificación de los acuerdos alcanzados sobre cese el fuego y de hostilidades bilateral y definitivo y la dejación de las armas.

Para cumplir ese mandato, el 25 de enero de 2016 el Consejo de Seguridad aprobó la resolución 2261, mediante la cual se decidió establecer una Misión política de Observadores internacionales no armados para Colombia.

Por su parte, los países de la Celac pondrán a disposición de la citada Misión de la ONU los observadores que se requieren para el monitoreo y verificación del cumplimiento de lo acordado, mientras que Cuba, como garante y sede de los diálogos, continuará apoyando el avance de las conversaciones para el logro de un Acuerdo final y la construcción de una paz estable y duradera en Colombia.

Tanto Bogotá como las FARC-EP coinciden en que jamás se había avanzado tanto en un proceso de paz en Colombia y en que los acuerdos de esta jornada los acercan, como nunca antes, al fin del conflicto que los ha enfrentado por más de cinco décadas.