Nosotros partimos de la idea de que este proceso será exitoso en la medida en que esas grandes mayorías -inclinadas a una solución política- tengan ocasión de hablar, movilizarse, influir y decidir. Las estamos invitando a que lo hagan, subraya Jiménez en una entrevista exclusiva concedida a Carlos Lozano, director del semanario Voz, órgano del Partido Comunista colombiano.

La guerrilla aborda el nuevo proceso de paz, próximo a concretarse en Oslo, Noruega, con grandes expectativas de dar fin al conflicto armado que vive el país.

El presidente Juan Manuel Santos repite que no piensa cometer los errores del pasado y confiamos que así sea, indica el líder de las FARC.

A su juicio, el principal error de todos los procesos anteriores ha sido llegar a la mesa de diálogo a exigir rendiciones, sin una voluntad real de atender y solucionar las causas que dieron origen y siguen alimentando la confrontación, alega.

Interrogado sobre cuáles son los presupuestos de la insurgencia -ante la posición del gobierno colombiano de mantener las operaciones y la presión militar sobre las FARC-, responde que 12 presidentes, uno de ellos con doble mandato "han prometido invariablemente nuestro fin y otorgado manos libres al aparato militar para cumplirlo".

Cuando Santos ordena incrementar las operaciones, no está dando satisfacciones a la extrema derecha, opina. Lo hace porque cree que con ello -como todos los anteriores gobiernos- podrá rendirnos por la fuerza. Ese es el círculo vicioso que es necesario romper, argumenta.

Precisa que, si se atiende al plebiscito general de aprobación a las conversaciones de paz, puede constatarse cómo la inmensa mayoría de los colombianos no comparte la salida militar, entre otras cosas porque, con mayor cordura que sus gobernantes, sabe que no será posible, puntualiza.

Al referirse a la renuncia de los pertrechos bélicos, puesta en el tapete de las negociaciones, expresa que carecería de sentido iniciar un proceso encaminado a finalizar el conflicto, sin contemplar la dejación de armas como punto de llegada. Una dejación que consiste, esclarece, en abolir el empleo de la fuerza, la apelación a cualquier tipo de violencia, para la consecución de fines económicos o políticos.

Se trata de un verdadero adiós a las armas, detalla. Si logramos que eso se convirtiera en una realidad en Colombia, nuestro país daría un salto enorme hacia adelante, admite.

Con respecto al plazo de seis a ocho meses, anunciado por el jefe de Estado colombiano para dejar zanjado definitivamente el conflicto, Jiménez asegura: "Se trata de una expectativa que Santos está generando por su cuenta, en contravía de lo pactado en la letra y el espíritu de los acercamientos exploratorios".

Durante estos se concertó no fijar fechas fatales, ni siquiera poner la palabra meses, así que lo expresado por el presidente nos indica lo difícil que va a ser este camino que emprendemos, comenta. De paso, evidencia de manera clara la estrategia de imponerlo en los medios.

Para llegar a La Habana, Cuba, y realizar el Encuentro Exploratorio duramos de dos años, cuando inicialmente se creyó que sería cuestión de semanas. Y no fue precisamente por causa de la insurgencia, añade, tema sobre el cual no quiero dar pormenores por respeto al compromiso de mantener por el momento en reserva los detalles al respecto.

Aunque por las crónicas que han salido en los medios, la contraparte parece haberse olvidado de eso, señala.

El pasado 26 de agosto en La Habana, el gobierno colombiano y las FARC se comprometieron al inicio de una mesa de negociaciones en el llamado "Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera".

En esa cita, los gobiernos de Cuba y Noruega ejercieron como garantes de tales aproximaciones, mientras que los de Venezuela y Chile lo hicieron como acompañantes, condiciones que mantendrán en la etapa de negociaciones que se abrirá en Oslo y más tarde se trasladará a la capital cubana.