La reunión que sostendrá hoy el presidente estadounidense, Barack Obama, con el senador Bernie Sanders, genera expectativas acerca de qué sucederá de aquí al 25 de julio, cuando la Convención Nacional Demócrata decida quién será el candidato a las elecciones.

Hasta ahora, Obama ha sido cuidadoso en demostrar su apoyo abierto a alguno de los dos contendientes demócratas, a pesar de que muchos se inclinan a pensar que se inclinará por la candidatura de su exsecretaria de Estado.

Según observadores, el mandatario norteamericano se mantuvo al margen ofreciendo elogios a los dos candidatos, con una aparente neutralidad que busca, al final, limar asperezas entre Clinton y Sanders y de paso, conseguir la añorada unidad en las filas del partido azul.

Para Brad Bannon, uno de los estrategas del partido Demócrata, Obama se está convirtiendo -de oficio-, en un mediador entre los partidarios de Hillary Clinton y Bernie Sanders, y por eso no ha apoyado abiertamente a la exsenadora de Nueva York, que si cuenta con la simpatía de los principales líderes del Congreso de su agrupación política.

En la reunión pactada para hoy en la Casa Blanca, puede empezar a prepararse el terreno para la reconciliación entre Clinton y Sanders, una tarea que no será fácil si se tienen en cuenta los últimos acontecimientos entre los seguidores de ambos candidatos.

La batalla electoral subió de tono recientemente, cuando los partidarios del senador por Vermont generaron el caos en una convención celebrada en el estado de Nevada, donde se llegó de los gritos a la violencia, con sillas lanzadas al aire y le intervención de la policía para imponer el orden.

Estos hechos, sin dudas, estimulan el temor entre los demócratas de nuevas fracturas entre los votantes, la exacerbación de las diferencias entre cada bando en el partido de los burros, y una revuelta sin cuartel durante la Convención Nacional Democrática a celebrarse en Filadelfia el venidero 25 de julio.

De ahí que a Obama le corresponda asumir el papel de "sanador" de estas heridas e intentar salvar la unidad partidista, una fórmula para enfrentar al "fenómeno" que representa Donald Trump en sus aspiraciones por ganar la Casa Blanca.

Esta tarea unificadora será difícil y complicada, en tanto Sanders ya anunció que no abandonará el ruedo electoral, a pesar que los números estadísticos se inclinan favorablemente hacia su oponente.

El presidente estadounidense sabe que tiene una dura tarea ante si, para evitar que en las filas demócratas cunda el caos, como sucede ahora mismo en las huestes republicanas, con un Trump a la cabeza, pero despreciado por la mayoría de los líderes del bando rojo.

La otra arista que no se pierde vista en la misión inmediata que le corresponde asumir a Obama, es frenar cualquier opción de fragmentación en el partido azul, y que lleve a una escisión del ala más liberal, y se repita una versión de Tea Party entre los burros.

Hasta hoy, el inquilino de la Casa Blanca sigue manejando con inteligencia los principales obstáculos de su partido en plena campaña electoral, que busca conseguir un tercer período presidencial, algo que no ocurre desde que George H.W. Bush (1989-1993) consiguió ganar las elecciones y mantener a los republicanos en la Casa Blanca en reemplazo de Ronald Reagan (1981-1989).

La reuniones que sostendrá Bernie Sanders este jueves con Obama y con el líder de la minoría en el Senado, Harry Reid, definirán la ruta a seguir hasta la Convención en Filadelfia, pero sobre todo, buscará limar asperezas y consolidar la unidad de los demócratas de cara a las elecciones de noviembre.