Sigo trabajando, se me empalman los días, las horas, las madrugadas, me asaltan los malos pensamientos llenos de cansancios y en ese justo momento de las debilidades humanas, recuerdo el recién pasado 18 de mayo, 121 años después y parece que fue ayer... me embriaga entonces el recuerdo del sonido de tu voz, colibrí, y me renuevo, se me renuevan las fuerzas, recupero ese sabor interno tan satisfactorio del deber cumplido y me sonrío recordando los poemas, el poema, los bailes, la gente en las calles y en las redes, embebidos de su luz y su verdad, celebrando, inaugurándole la vida nuevamente... recuerdo la perenne presencia de la que me hablaste hace ya varias lunas llenas y nuevas... no se me menguan las ganas, ni las esperanzas... de manera que me detengo y repaso las horas y escribo. Te dejo colibrí un beso... ya se empiezan a escuchar las aves por las cercanías.

Nos emboscó su mirada de cóndor, y la serenidad de su rostro lleno de luz y profundidad.

Fue como si 121 años después volviera a nacer. Los muchachos y las muchachas ivadieron las redes, fue como un tsunami virtual y real, una tempestad infinita de Amor.

Nos invadió su personalidad, fue bandera, viento y luminarias encendidas de vida y energía volcánica.

Se oyó su voz de libertad entre la emotividad de la celebración de su cumpleaños, estuvo, está, es, por siempre y para siempre.

Por la noche se fue a descansar cubierto por un manto cotidiano, una promesa, un compromiso, la lucha continúa por la Patria libre o morir, o vivir...

Vive Sandino y es vida, árboles de la vida, la vida y su continuidad. Mi vida, la vida de mis hijos y la vida de otros hijos, todas las vidas, esta y las de más allá.

Arlen