Adrian Kaczmarek, un instructor de gimnasia de 32 años, observó durante varios minutos la actitud intimidante del joven sin camiseta en el metro de Los Ángeles, hasta que intervino.

Kaczmarek aplicó una llave que le hizo perder el conocimiento por unos segundos, y luego se aseguró de que permaneciera en el suelo.

Cuando llegaron a la estación y apareció una mujer policía, le pidió a él que le pusiera las esposas, porque ella no podía controlar al alborotador.