Miles de católicos nicaragüenses participaron de la tradicional procesión de San Benito de Palermo, cuya imagen recorre las principales calles de la ciudad de León, y en donde se pueden apreciar las famosas alfombras pasionarias los Lunes Santos de cada año.

San Benito es reconocido por su humildad, por su servicio y amor a Dios, fue beatificado por el Papa Benedicto XIV el año 1712 y declarado santo por el Papa Pío VII, después de que el Vaticano le reconoció muchos milagros, y se le rinde culto en la ciudad metropolitana desde 1924.

Odilì Santamaría, habitante del barrio El Calvario, tiene 40 años de pagar promesa desde que fue diagnosticada con una grave enfermedad.

“Yo le pedí que me ayudara porque tenía que trabajar, y a los dos días que fui a visitar al médico ya estaba sana”, afirmó.

“San Benito está con el Señor, es nuestro intercesor, yo le digo a los feligreses que siempre estemos junto a él, que siempre lo tengamos en cuenta, porque él no nos abandona”, concluyó.

Mientras que Yanuara Mercedes López Benedith, del reparto “Enrique Lorente”, expresó que tiene dos años de cumplir promesa por la salud de su hija.

“Mi niña nació enferma y le pedí al santo que me la sanara, desde entonces la saco vestida de “luz”, por la fe y la devoción que le tengo”, dijo López.

Por su parte, Jorge Luís Pichardo, poblador del reparto “William Fonseca”, tiene 8 años de ser promesante porque su hija tuvo problemas de lesión en el cerebro y gracias a Dios y a San Benito ahora se encuentra muy bien, explicó.

“En este Año de la Misericordia, el Papa Francisco nos ha llamado para que nos amemos los unos a los otros y estemos en paz, juntos, en unidad familiar”, finalizó.

El Santo Negro sale desde la Iglesia de San Francisco, y es acompañado por cientos de fieles que llevan candelas negras en sus manos y que iluminan la noche de una de las procesiones con mayor solemnidad de todo el país.

La muerte de este Santo se registró el 4 de abril de 1589, y su procesión es una de las más concurridas en Nicaragua.

Los promesantes vestidos de “luz” y quienes los acompañan, anualmente barren la Iglesia. El caminar de rodillas es otra de las expresiones de fe más conocidas, al igual que en los barrios del centro histórico y los más humildes, donde realizan la repartición de chicha de maíz o refresco de cacao como pago de promesas.

Según los frailes franciscanos, el vestirse de “luz” significa el testimonio de la vida del promesante que es iluminada por la luz de Jesucristo.