En la tradición política estadounidense, hay una cosa que un candidato a la Casa Blanca no puede tolerar bajo ningún concepto: perder las primarias en casa. En otras palabras: perder las primarias en el estado al que representa en Washington, o del que es gobernador, o en el que ha desarrollado toda su vida política.

Y ahí es donde se encuentra Marco Rubio, la última esperanza de los líderes republicanos para evitar la 'Guatemala' (Ted Cruz) o la 'Guatepeor' (Marco Rubio) en estas elecciones. No es que Trump sea el favorito en las primarias republicanas que hoy se celebran en Florida, el estado al que Rubio representa como senador en Washington. Es que, según las encuestas, la humillación a la que puede someter a Rubio- 'el pequeño Marco', como le llama Trump- no es de este mundo.

La universidad de Monmouth, que tiene una división de estudios demoscópicos, puso ayer a Trump con el 44% del voto en Florida, frente al 27% de Cruz. No es solo una paliza sin precedentes, de 17 puntos de ventaja; es que la semana pasada el empresario solo iba 8 puntos por delante del senador. Y eso que Monmouth es relativamente misericordiosa con Rubio. Otra institución académica de prestigio en este campo, la universidad Quinnipiac, puso ayer a Trump puntos por delante de Rubio. La cadena de televisión CBS, en una encuesta conjunta con la consultora YouGov, situaba la humillación de Rubio uno menos que el Wall Street Journal y la cadena NBC, que han sido hasta la fecha, los que siempre han dado peores resultados al empresario.

Rubio lo ha apostado todo a Florida, en una estrategia de índole mágica, que consiste en imaginar que una victoria en ese estado, que le dará 99 delegados al ganador, le permitiría, de alguna manera, iniciar una remontada épica. Una remontada que no le valdría para alcanzar la nominación. Pero sí para evitar que Trump ganara y luego provocar una guerra civil-otros dirían un 'golpe de Estado'-en la Convención republicana en julio. Es una estrategia desesperada pero que cuenta con el apoyo de muchos pesos pesados del partido y de la prensa de EEUU.

Pero Rubio cae mal a los pesos pesados del partido en Florida. El senador ha cambiado de chaqueta muchas veces. Ha sido del Tea Party, del sector reformista pro-inmigración, pro-establishment, y anti-inmigración. El gobernador republicano, Rick Scott, no ha pedido el voto para él. Lo mismo que el ex gobernador Jeb Bush, el hombre que le lanzó en política y que ahora le considera un traidor en toda regla por haberle disputado la nominación republicana.

Pero, con su popularidad hundida en las encuestas, lo que se suponía que iba a ser el Stalingrado de Rubio -la batalla en la que dé la vuelta a una guerra perdida- corre el peligro de convertirse en su 'Numancia'. Y en una 'Numancia' a todos los niveles, porque una derrota catastrófica en las primarias abriría la puerta a que su reelección como senador en noviembre quedara en peligro. El propio interesado lo ha reconocido implícitamente. En Ohio, ha pedido a sus seguidores que voten por John Kasich. Y la prensa le está preguntando ya si apoyaría a Donald Trump como presidente. Porque a él nadie lo ve en la Casa Blanca.