El Cardenal Miguel Obando y Bravo, después de recibir los autógrafos y la Gaceta Diario Oficial que lo declara Prócer Nacional de la Paz y la Reconciliación, dijo que daba gracias a Dios por el nombramiento y que la Patria nos llama a seguir trabajando unidos en Paz y en Reconciliación.

“Mi primer agradecimiento es para Dios, Creador del Cielo y de la Tierra, el que me ha acompañado a lo largo de toda mi vida y en la misión que recibí, y en la razón de Él todas las vicisitudes que hemos vivido en nuestra historia tienen un profundo valor salvífico".

También dio las gracias al Señor Jesucristo por darle la fuerza y ponerlo a su servicio. "Él nos constituye mensajeros de la Reconciliación y todo lo que ha sucedido ha sido en realidad para ayudar a la causa del Evangelio".

También Su Eminencia dio las gracias a la Virgen María por ser "mi estrella en la evangelización".

El Cardenal Miguel igual agradeció la fineza del Presidente Daniel Ortega y de la Compañera Rosario Murillo, con quienes siempre y en todo momento mantuvo comunicación abierta “a pesar de la dura situación y de los difíciles momentos vividos en nuestra historia contemporánea”.

Presidente Daniel siempre promueve la paz

Su Eminencia al hacer pasajes de su vida y de las personalidades del país, reconoció en el Presidente Daniel Ortega, a un líder que ha mantenido el deseo de una Nicaragua en Paz, siempre promoviendo el diálogo.

“El presidente Ortega siempre tuvo el deseo de construir la paz mediante la búsqueda del diálogo. Agradezco su gentileza de presentar ante la Asamblea Nacional la iniciativa de ley para ser distinguido con tan honrosa declaración de ser Prócer Nacional de la Paz y la Reconciliación, reconoció el líder religioso.

Igual agradeció a los diputados que tuvieron la bondad de acoger y aprobar la iniciativa, así como todas las personas que con su opinión ante los miembros de la Comisión de Cultura, Educación y Medios de Comunicación, respaldaron este nombramiento, entre ellos los obispos y sacerdotes de la Iglesia Católica.

“Agradezco al valeroso pueblo de Nicaragua, verdadero artífice de la paz y la reconciliación y auténtico dueño de esta tan alta distinción de la cual soy solamente el depositario. El nicaragüense se distingue por su valor, su talento y su disposición para el trabajo. A veces ha sido preciso cantar himno de guerra, ¿qué pueblo no lo ha cantado? Este pueblo puede bravamente presentar en su diestra el acero de guerra o el olivo de la paz, y hoy el país va adelante, y el progreso se hace notar”.

Resaltó Su Eminencia, que su vocación fue siempre ser sacerdote de Jesucristo para celebrar la liturgia, alabanza de Dios y la santificación de los hombres, para administrar los sacramentos de salvación que muestran la misericordia del Padre.

Y precisamente ejerciendo esa misión encomendada por Dios, lo llevó a ser mediador en los momentos bélicos y conflictos políticos que ha vivido Nicaragua en los últimos 50 años. Valoró que su deber de ciudadano nicaragüense le indicaba servir a la Patria sin importar los riesgos y que únicamente pensaba en sanar heridas, evitar muertes, instar al diálogo y la reconciliación como la única forma de alcanzar la paz que debemos construir diariamente en la lucha contra la pobreza, la exclusión y la restitución de los derechos humanos.

“Es mi deseo que Nicaragua sea una Gran Puerta Santa para que cada uno de nosotros experimentemos el amor a la patria que nos llama a trabajar unidos en paz y en reconciliación”, finalizó diciendo el Cardenal Miguel.