¿Mermeladas, conservas y encurtidos con sabor casero y sin ningún preservante químico? En un mundo industrializado, eso no es tan común. Sin embargo, en Nicaragua hay un grupo de mujeres que están apostando a ello y no sería una sorpresa si de aquí a unos cuantos años en el mercado nacional vemos más productos con estas características.

Estas mujeres son 35 pequeñas productoras de frutas y hortalizas de los departamentos de Rivas y Masaya, quienes con el acompañamiento del Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (INTA) han emprendido los primeros pasos en la elaboración de mermeladas, conservas y encurtidos.

El sueño de ser microempresarias

Ellas toda la vida lo único que han hecho es vender las cosechas, sin tomar en cuenta que hay un nicho de mercado en donde el producto con valor agregado tiene muy buena acogida.

El lugar donde aprendieron lo fundamental del proceso fue el Centro de Desarrollo Tecnológico “Campos Azules”, ubicado en Masatepe. Ahí existe un laboratorio de alimentos, en el cual los especialistas y técnicos del INTA les explicaron cada uno de los pasos, que van desde la selección, pesado, lavado, corte y cocción, hasta las diferentes medidas de inocuidad que hay que guardar para que el producto final sea duradero y de excelente calidad.

En este primer taller los productos finales fueron encurtido de cebolla con jalapeño, piña en conserva y mermeladas de piña y papaya.

El sueño de ser microempresarias

Aprender y luego emprender

Yaritza López, tiene apenas 17 años y es oriunda de la comunidad San Ignacio, municipio de la Concepción. Su familia es productora principalmente de pitahaya y piña, pero ella ni cuenta se daba que de esas frutas se pueden sacar riquísimas mermeladas y conservas.

En este sentido, afirma que con los conocimientos adquiridos ella como joven puede en un futuro poner su propia empresa de procesamiento de frutas.

El sueño de ser microempresarias

“Ahora creo que llevamos un poco más de conocimientos. Y a como podemos venderlas en fruta, (también) se pueden vender ya en algo procesado”, manifiesta.

Convertirse en microempresaria no es una aspiración de solamente las jóvenes. Doña Josefa Espinoza, habita en El Rosario, municipio de Rivas. A sus 59 años tomar una papaya, lavarla, pelarla, hacerla trocitos y junto a sus compañeras seguir el resto de pasos hasta dejar bien hecha una mermelada, es cuestión de voluntad y de tener la mirada fija en sus sueños.

El sueño de ser microempresarias

Ella señala que en El Rosario hay una gran producción de papayas, mangos y jocotes, la cual muchas veces se pierde.

La idea es “salir adelante para ver si ponemos una micro empresa”, expresa doña Josefa.

El sueño de ser microempresarias

Hay que subrayar que estas mujeres nunca antes tuvieron disponibles este tipo de capacitaciones, de ahí que ahora estén dispuestas a participar y empoderarse de las técnicas agroalimentarias que les serán de mucho beneficio económico.

“Nosotros agradecemos a nuestro Presidente Daniel Ortega, a nuestra Compañera Rosario Murillo, por esta oportunidad que nos está dando a pequeños y medianos productores, porque esta es una gran cosa que ellos están haciendo por nosotros, porque así cada día aprendemos más y valoramos nuestras frutas”, enfatiza doña Josefa.

El sueño de ser microempresarias

Nada que envidiarle a los productos importados

Aunque al ir de compras al súpermercado lo normal sea optar por productos con una bonita presentación, debemos también aprender a distinguir entre eso y lo saludable. Lo que están aprendiendo a elaborar estas mujeres es eso último: saludable; sin químicos dañinos para la salud, y con una presentación artesanal que toma en cuenta todas las medidas higiénico-sanitarias.

Jake Tapia, es el responsable del Área de Agroalimentos de la IV Región del INTA. Su papel es trasladar esos conocimientos a las productoras, es decir, tecnificarlas, hacerles ver que hay muchas cosas que se desaprovechan, pero que con el debido aprendizaje y las ganas de emprender, pueden resultar en un negocio familiar.

El sueño de ser microempresarias

“Este producto no tiene que envidiarle nada a ninguno que venga de fuera del país, porque se aplican todas las buenas prácticas de manufactura en el diseño y durante todo el proceso de elaboración”, subraya.

¿Así que cuándo podremos ver en el mercado las mermeladas, las conservas y los encurtidos de estas 35 pequeñas productoras de Rivas y Masaya? Eso dependerá del empeño de ellas, de su voluntad de seguir aprendiendo e innovando y de que aprovechen el apoyo que les está garantizando el Gobierno Sandinista. Yo, luego de haberlas visto trabajar juntas y haberme percatado que son mujeres llenas de energía e ilusiones, no tengo la menor duda que la semilla ha caído en tierra fértil.