El dos veces primer ministro de Suecia, el líder socialdemócrata Olof Palme, fue homenajeado a 30 años de su asesinato, ocurrido un día como hoy de 1986.

Palme -nacido en 1927- es reconocido como el principal estandarte de la lucha por la igualdad en Suecia, y entre las diversas actividades para recordar su legado destacan las coronas de rosas ubicadas ante la tumba de Palme en el cementerio de Adolf Fredrik, de Estocolmo.

En el citado homenaje participaron, entre otros, el primer ministro sueco y líder del Partido Socialdemócrata, Stefan Löfven; junto a Carin JÃñmtin, secretaria de dicha afiliación política, a la que Palme perteneció durante su labor de 125 meses como gobernante, llevada a cabo entre 1969 y el año de su muerte.

Otras personalidades que formaron parte del homenaje fueron el diplomático sueco y colaborador de Palme Pierre Schori; la exlíder del partido Mona Sahlin, la ministra de Asuntos Exteriores, Margot Wallström; y el sucesor del icónico líder como Primer Ministro, Ingvar Carlsson.

Uno de los temas recurrentes en cualquier acto que se realiza en honor a Palme durante los últimos 30 años es el hecho de que a estas alturas aún no se ha esclarecido el motivo o el perpetrador de su abominable asesinato, ocurrido durante un inocente paseo del carismático político junto a su esposa Lisbet.

Tal fue la popularidad del dirigente nacido en Estocolmo que pese a que en su país los casos no resueltos expiran a los 25 años, en 2011, cuando el suyo se aproximaba a la fecha de caducidad, el parlamento cambió la ley con el fin de llegar al fondo del inexplicable crimen.

"Es esa mi esperanza y mi objetivo. Pero no estoy preparado para prometer nada", declaró esta semana el jefe del grupo de investigación, Hans Melander, el cual lidera un operativo de seis personas que dedican cuerpo y alma a esclarecer cómo un desconocido pudo llegar a matar a quemarropa a un estandarte de su talla.

En las tres décadas que ya lleva la investigación se ha atribuido la culpa a diversos partidos con agendas políticas, como los ultraderechistas suecos o el Partido de los Trabajadores del Kurdistán e incluso a un sujeto llamado Christer Pettersson, pero todos fueron desestimados por falta de evidencias.

Algunas de las virtudes de Palmer que le concedieron semejante popularidad y devoción entre los votantes suecos fueron la sencillez en su vida personal, así como su firme enfrentamiento a la agresiva política exterior estadounidense y la discriminación racial, entre otros rasgos que lo convierten en adalid de la justicia.