Con un emotivo homenaje póstumo realizado en su casa de habitación y donde se ubica su negocio familiar, amigos, familiares y conocidos de Juana Dalila Lara, rindieron honores a la precursora del quesillo, la mujer que con su sencillez e intelecto hizo del quesillo un platillo típico y característico del municipio de Nagarote.

“Hoy no despedimos a nuestra hermana Juana, sino que le decimos hasta pronto, cada uno de nosotros somos dignos de seguir su ejemplo, siendo ella una compañera luchadora y humilde que desde siempre luchó por alcanzar el éxito en su negocio y con el paso del tiempo lo logró. Debemos ver a Juana Dalila como una mujer ejemplar que siempre se empeñó en que las mujeres de su comunidad aprendieran a trabajar”, expresó Barney Baltodano, miembro del Concejo Municipal de Nagarote.

Con la tristeza marcada en sus rostros, un grupo de quesilleras rindieron guardia de honor al féretro de la mujer que un día las motivó a incursionar en la elaboración y comercialización del quesillo, logrando así ubicar esta actividad económica como la principal de Nagarote.

“Dalila fue una mujer trabajadora, inició desde cero y fue ella quien instaló el primer puesto de venta de quesillos en La Paz Centro, luego vino a Nagarote donde también alcanzó éxito hasta sus últimos días de vida. Ella siempre apoyó a las mujeres y nos motivaba a trabajar y a sentirnos orgullosas de ser quesilleras a tal punto de promover un día para quienes nos dedicamos a esta labor”, destacó Juana Zapata.

Acompañada de mariachis y del amor de quienes la conocieron, los restos mortales de Lara salieron de su negocio familia conocidos como “Quesillos Acacia” hacia el cementerio Jairo Pérez de Nagarote. Durante el sepelio, muchos de los propietarios de establecimientos donde se comercializa quesillos, salieron a las calles para darle el último adiós a la mujer que marcó un capítulo en la historia de Nagarote.

“Hoy se va de esta tierra la mujer que con esfuerzo logró que Nagarote hoy sea reconocido por sus quesillos, es una lástima perder a una mujer tan extraordinaria, que nos apoyó y nos brindó una oportunidad de trabajo en su negocio familiar, ella siempre nos decía que nunca nos avergonzáramos de portar una batea repleta de quesillos en la cabeza, pues ese era un trabajo digno”, finalizó Carmen Rodríguez.