Era en un pueblo de chocoyos, con su canto y vuelo, donde vio la luz el poeta inmortal, Félix Rubén García Sarmiento, universalmente conocido como Rubén Darío, el modernista de raza indo hispana.

Rubén, quien le escribió a los raros, es uno de los más raros de la época, sin duda el más raro de todos, pues viene de un país tropical, con sus volcanes, cual mito ancestral, estaba concebido para modernizar con estética y pluma magistral la lengua española.

La Modernidad literaria tiene su nacimiento con Rubén, el príncipe de las letras castellanas lo renovó todo, hizo que todo se transformara, dejó una huella imborrable en la literatura universal.

“Todos venimos de Darío” dijo Jorge Luis Borges; Darío inspiró el realismo mágico, la narrativa mística, la melodía, la crónica periodística, el pensamiento crítico y filosófico. Rubén Darío es un polifacético de las letras, un creador, forjador de sueños y esperanzas.

Todos nosotros viajamos y soñamos con los paisajes darianos, las aventuras de sus cuentos, el aprendizaje en cada verso, el romanticismo en cada estrofa. Henríquez Ureña dijo que de todo poema en castellano se puede decir si fue escrito antes o después de Darío. Marca una línea en el tiempo creativo que no ha sido superada en 100 años de inmortalidad.

“No hay que escribir como los papagayos hablan, sino hablar como las águilas callan”. Nos dice Rubén Darío, como dándonos las claves de su prodigiosa obra; pero además, a todo lo que hacía siempre le impregnaba la llama del Amor.

Rubén nunca fue ficticio, siempre supo ser natural, polifacético, multi literario y expresar estéticamente las experiencias vividas, sus traumas, anhelos, desconsuelos, alegrías, tristezas y pasiones, su crítica antiimperialista, su fe cristiana y su existencialismo; pero sobre todo el Amor, como esa fuerza principal de la inspiración.

“Darío está presente en el espíritu de los poetas contemporáneos, es el fundador” decía Octavio Paz en su ensayo El caracol y la sirena. Es el epicentro de un evento telúrico literario que sigue teniendo ondas expansivas en estos Nuevos Tiempos.

Esas replicas siguen teniendo eco en la literatura del siglo XXI, todo el que quiera retar a los grandes escritores debe leerse a Rubén Darío, entenderlo, analizarlo, interiorizarlo, descubrir en él sus facetas de ser humano y tratar en las letras de imitarlo.

Rubén Darío con el modernismo marca una época de vitalidad creativa, en la que existe una generación de hombres entusiastas que desean llevar a Hispanoamérica a una independencia literaria y a ser dignificados. No fueron sólo dignificados, sino imitados y gracias Darío, la literatura hispanoamericana pasó a ocupar un lugar preponderante en la historia universal.

Darío, es un insubordinado literario, rompe con los formalismos europeos, crea su propio esquema, hace del español envejecido, tosco, rudo y aburrido, una lengua elegante y armoniosa, llana, bella y prodigiosa.

Le canta a la juventud, a los libros, recrea cisnes, centauros, ninfas, nos llena de orgullo indo hispano, nos hace soñar con lo grande que es la patria, en sus letras rebeldes, inmortalizó su gran batalla libertadora. España nos impuso la lengua, Latinoamérica con Darío impuso su estilo, la forma moderna en la que debemos hablarla; eso es liberación, batalla, lucha y dignidad.

Todos conocemos sus principales obras, pero en Darío hay un mundo inmenso por conocer, muchas de sus poemas o cuentos han sido llevados al arte visual, al teatro y la música como Betún y sangre, Margarita de Baile, Los motivos del Lobo, por mencionar algunos. Pero en sus inicios, cuando nadie sabía de su nombre, su libro Azul, lo hace volar al firmamento.

El azul lo persiguió como una cosmovisión filosófica, fue su símbolo astral en el que se concibe su arte y pasión: “Es el color del ensueño, del arte, el color helénico y homérico, oceánico y firmamental. Concentré en él la floración espiritual de mi primavera artística”, reconoció el mismo poeta.

En su pensamiento todo lleva este color, así lo deja claro en el cuento celebre El pájaro azul “Camaradas: habéis de saber que tengo un pájaro azul en el cerebro...” cual profético, Darío nos relata en el final del cuento, lo que paradójicamente se parece al desenlace de su propia vida; “Un día apareció con el cráneo roto de un balazo y una nota: Hoy dejo abierta la puerta de la jaula al pobre pájaro azul.

El azul divino pensamiento de Darío se va transformando con sus experiencias y madurez, desarrollando mayor sensorialidad con el mundo físico y espiritual, se llena de símbolos, misticismo, mitos; pero siempre de fe y de amor.

Darío como buen modernista, es el primer poeta en redactar un epitafio que leerán varias generaciones de hombres y mujeres: “No hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente”.

El pensamiento filosófico y existencial de Rubén es tan profundo y mítico que en las palabras del centauro Quirón nos dice que la Muerte es la victoria de la progenie humana y que la pena de los dioses es no alcanzar la Muerte.

A cien años, hay que conocer más de Darío, pero además, ser y entender cada rima, cada verso y cada idea, tender siempre hacia la altura, llenarse de entusiasmo, amar, amar, amar, nos recuerda siempre Darío, como su recomendación sideral.

Su brillantez a cien años, sigue resplandeciendo, en oros y fuego de victorias, en cada generación de hombres y mujeres nuevas de esta Nicaragua de sueños y de glorias. Con lo claro del sol y aun cuando la montaña de la vida nos sea dura y larga y alta y llena de abismos, seguimos tu ejemplo Darío, de Amar la inmensidad que es de amor encendida; de amar a nuestro prójimo como a uno mismo.

Rubén Darío el cosmopolita, el que regalaba versos en las procesiones de León, enamoradizo y bohemio, Maestro Creador, Rubén el visionario; él y Sandino son héroes ante el fiero cazador, hoy más que nunca su pensamiento está vigente, recorriendo la América Nuestra, que siempre reza a Jesucristo, que Ama en la inmensidad y que sigue el camino modernizador, porque tenemos la historia y también contamos con Dios.