Son nuestros héroes anónimos en la batalla contra las epidemias. Por lo general la ciudadanía los ve ingresar a sus casas y salir minutos después. No se fijó en sus rostros y muchos menos conoció sus nombres. No había tiempo qué perder. Ellos son los brigadistas de salud, esos que andan con una pesada máquina en sus manos fumigando cada rincón de las viviendas para eliminar al Aedes Aegypti, el peligroso mosquito transmisor del zika, el chikungunya y el mortal dengue.

El trabajo de estos hombres no se resume a encender la máquina e inundar de humo el entorno. Ellos son hombres bien capacitados, que conocen el comportamiento del mosquito y por tanto cómo combatirlo con efectividad; de tal forma que llegar a portar el equipo y movilizarse por los barrios conlleva un largo proceso.

El joven Osvaldo Pérez, tiene 8 años de ser brigadista y cuenta que como todo inicio para él fue duro familiarizarse con la labor humanitaria que realiza.

Pérez recuerda que cuando ingresó al Minsa, combatir al Aedes Aegypti era combatir solo a un virus: el dengue, mientras que ahora son tres.

Dada la peligrosidad de manipular este tipo de máquinas, ellos toman medidas muy importantes, como separarla de cualquier tipo de objeto, ya que estos podrían ser incinerados dadas las altas temperaturas que el equipo llega a alcanzar.

“Nosotros tenemos la seguridad de hacer nuestro trabajo y de no quemar nada”, enfatiza.

Los riesgos personales son también fundamentales, pues a una quemadura hay que sumar la inhalación de los químicos.

“Por eso usamos las máscaras, porque este es un químico muy fuerte que es especialmente para eliminar el mosquito Aedes Aegypti”, asegura Pérez.

Otra medida que toman al llegar a una vivienda, es pedirle a la población que tapen sus alimentos, saquen a sus mascotas, que se protejan del humo y que no permitan que se les acerquen niños.

De acuerdo a Marlon Antonio Castellón, ellos son muy cuidadosos con este tipo de cosas, debido a que de esto depende la efectividad del trabajo y la seguridad de las personas y animales.

“Antes de que nos contraten recibimos talleres y capacitaciones sobre eso”, manifiesta Castellón, quien tiene año y medio como brigadista.

Así que la próxima vez que vea entrar a estos hombres a su vivienda, piense un poco en la enorme entrega y en las dificultades que pasan para poder garantizar que el zancudo no afecte a su familia.