Familiares, amigos y simpatizantes del Frente Sandinista brindaron este martes un emotivo adiós a don Héctor Edmundo Gaitán, miembro del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional (EDSN) del General Augusto C. Sandino, quién muriera este lunes a los 112 años de edad.

Los restos de don Héctor fueron honrados primeramente con una misa oficiada en la parroquia San José de la comarca Sábana Grande, para luego salir en cortejo fúnebre hasta el cementerio Jardines del Recuerdo, donde se realizó el sepelio.

Sus deudos, amigos y el sandinismo lo recuerdan como un hombre lleno de amor por Nicaragua y comprometido con el Bien Común.

Su hijo Héctor destacó que su papá les inculcó a todos sus hijos y nietos valores como el amor a Dios, el amor a la patria, el respeto a los semejantes, la honradez y el trabajo.

“Nos sentimos muy contentos, la verdad es que este día no es un día de tristeza, es un día de estar alegres porque el Señor nos lo dio por casi 112 años y cada segundo, cada minuto, cada hora de vida a nuestro lado es una bendición”, expresó.

Durante la enfermedad de don Héctor, así como el día de su muerte y sepelio, la militancia del Frente Sandinista estuvo diciendo ¡Presente! y acompañando a la familia, consciente del gran legado de amor a Nicaragua que deja este luchador.

William España, secretario político del FSLN en el Distrito VII de Managua, recordó que la juventud y los simpatizantes sandinistas en general tenían en don Héctor un símbolo, de ahí que continuamente le visitaban para compartir momentos gratos con él.

España subrayó que este señor fue uno de los primeros telegrafistas que existió en Nicaragua y uno de los más firmes luchadores para que el ferrocarril no desapareciera.

“Nos deja un mensaje muy importante: siempre nos habló del Bien Común, del buen comportamiento, de actuar de buena fe y de actuar en cristiandad. Creo que él, igual que el mensaje que tiene nuestro gobierno coinciden y tenemos que seguirlo cumpliendo”, manifestó.

Los muchachos de la Juventud Sandinista se mostraron dispuestos a cumplir los sueños de don Héctor, en quien siempre encontraron buenos consejos y compromiso revolucionario.

“Nos deja un legado de humildad, de amor, de honradez, de respeto. Para nosotros como juventud es un honor poder acompañar a la familia, haberlo conocido a él. Nosotros lo recordamos como un señor bien alegre, bien ameno. En diferentes ocasiones que nosotros lo visitamos en su vivienda, nos atendió con mucho cariño, siempre nos aconsejaba de ser honestos, de seguir adelante, de querer a nuestra patria, de querer a este pueblo”, dijo el joven Erick Dávila.