El aumento de los desastres relacionados con el cambio climático es una amenaza creciente para la seguridad alimentaria, por ser el sector agrícola de los países en desarrollo el que sufre la mayor parte del impacto económico.

Un estudio de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), publicado en ocasión de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP-21) que se celebra en París, corrobora el impacto de ese fenómeno en la alimentación de la población mundial.

El documento afirma que la agricultura, incluidas la silvicultura y la pesca, debe adaptarse a los efectos del cambio climático y mejorar la resiliencia de los sistemas de producción de alimentos para sustentar a una creciente población.

Tal aseveración conlleva a que el cambio climático debe abordarse como parte integrante de la agenda general del desarrollo y no como un elemento ajeno al desempeño económico global.

El director general de la FAO, José Graziano Da Silva, llamó durante su intervención en la COP 21 a los líderes mundiales para que muestren coraje y opten por transformaciones que promuevan un mundo más seguro, justo e inclusivo.

Sus palabras fueron rotundas: "No habrá paz sin desarrollo sostenible y nunca habrá desarrollo sostenible mientras se siga dejando a gente atrás y haya personas que estén sufriendo pobreza extrema y hambre", y añadió, "hay que demostrar que no tenemos miedo para impulsar los cambios necesarios para lograr este objetivo".

También aseguró que el cambio climático "nos afecta a todos, pero especialmente a las personas más pobres y que sufren hambre", aseveración respaldada por algunos datos aportados por el mismo estudio de la FAO:

-El 75 por ciento de los pobres y hambrientos del mundo dependen de los recursos agrícolas y naturales para sus medios de vida.

-Hay que aumentar la producción de alimentos un 60 por ciento para mantener el ritmo del crecimiento demográfico.

-El declive del rendimiento de cultivos podría ser del 10-25 por ciento de aquí a 2050 por el cambio climático.

-Se prevé que el aumento de temperaturas reduzca las capturas de las principales especies de peces del mundo en un 40 por ciento.

-Aunque las emisiones por deforestación se han reducido, la degradación de bosques supone 10-11 por ciento de las emisiones globales.

-El ganado supone casi dos tercios de las emisiones de efecto invernadero y un 78 por ciento de las emisiones de metano.

-El cambio climático puede hacer que las enfermedades transmitidas por los alimentos pasen de una región a otra amenazando la salud pública de formas nuevas.

-Actualmente, un tercio de la comida que producimos se pierde o desperdicia. El costo global del desaprovechamiento de alimentos es de aproximadamente 2.6 billones (millón de millones) de dólares, incluyendo unos 16 mil millones de costos ambientales y sociales.

-Los desperdicios y pérdidas mundiales de alimentos generan el ocho por ciento de las emisiones anuales.

Una rápida suma de las cifras mostradas indican que la situación es bastante complicada y puede empeorar si no se toman medidas urgentes para fortalecer la resiliencia del sector agrícola y aumentan las inversiones para impulsar la seguridad alimentaria y la productividad, así como para reducir los efectos nocivos del cambio climático.

Precisamente a ese fenómeno se debe el aumento de las sequías, inundaciones, tormentas y otros desastres en las últimas tres décadas, lo cual ha incrementado los daños al sector agrícola de muchos países en desarrollo y el riesgo de una creciente inseguridad alimentaria.

A nivel mundial, entre 2003 y 2013 -el período analizado en el estudio de la FAO- el número medio anual de catástrofes causadas por todo tipo de amenazas naturales, incluidos los eventos relacionados con el clima, se duplicó desde la década de 1980, con un daño económico total estimado en 1,5 billones de dólares.

De ahí que los más preocupados por las consecuencias del cambio climático sean los países menos desarrollados, los que cuentan con menos recursos para afrontar sus efectos y, los que al final, reciben menos ayuda para tales fines.

INVERTIR PARA UNA AGRICULTURA PRÓSPERA Y SOSTENIBLE

A nivel mundial, el sustento de dos mil 500 millones de personas depende de la agricultura, sin embargo, sólo el 4,2 por ciento del total de ayuda oficial al desarrollo se destinó a la agricultura entre 2003 y 2012: menos de la mitad de la meta fijada por Naciones Unidas del 10 por ciento.

La inversión en la reducción del riesgo de desastres es muy baja: sólo alrededor del 0,4 por ciento de la ayuda oficial para el desarrollo en 2010 y 2011.

Sobre esa base la FAO subraya que la asistencia debe corresponderse mejor con el impacto de los desastres en la agricultura, para crear resiliencia sobre todo en las regiones más vulnerables ante desastres recurrentes, y donde la agricultura es una fuente vital de sustento, seguridad alimentaria y nutrición, así como un motor clave de la economía .

En tal sentido Graziano da Silva aprovechó la Cumbre del Clima de París (COP 21), que concluirá el 11 de diciembre, para presentar una nueva iniciativa de las Naciones Unidas: anticipar, absorber y reformar (A2R), destinada a impulsar los esfuerzos de las naciones en la reducción del riesgo de desastres.

Se trata de acciones respetuosas para el ambiente y que deben ir mano a mano con la mitigación de las consecuencias del cambio climático, las cuales acelerarán los esfuerzos para mejorar la fortaleza frente al clima de las personas más vulnerables en 2020.

La A2R se desarrolla con la colaboración de otros organismos de la ONU como el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola y el Programa Mundial de Alimentos, al considerarse una estrategia común para aumentar la resiliencia antes, durante y después de las crisis.

Su objetivo principal es fortalecer la capacidad de los países para anticipar y absorber los choques y crisis, y al mismo tiempo ayudar a transformar de manera sostenible los sistemas alimentarios, agrícolas y los medios de vida que en su mayoría están amenazados.

Con resultados muy prometedores la A2R está en marcha en Guatemala, Kenya y Níger y está vinculada al enfoque de socorro, recuperación y resiliencia que la FAO aplica con éxito en países como Filipinas y Vanuatu.