Los tiroteos recientes en Estados Unidos, en particular el del miércoles en San Bernardino, California, provocaron un alza en las compras de armas por parte de los ciudadanos norteamericanos, destaca este lunes el diario The New York Times.

Con la mente puesta en la autoprotección de sus familias y la posibilidad de que se aprueben nuevos controles a la adquisición de estos medios por los civiles, las tiendas que expenden dichos artefactos desde el estado de Texas hasta Maine, reportaron ventas inusitadas y en algunos casos las autoridades policiales piden a la población que las adquieran como medida de seguridad.

En todas partes del país hubo un incremento de las adquisiciones, y el FBI reportó un alza del cinco por ciento de solicitudes de antecedentes en noviembre de este año respecto a 2014 para adquirir estos medios, con un total de 185 mil 345 personas.

La cifra es solo una pequeña parte de las potenciales adquisiciones porque no incluye la actividad de los mercaderes sin licencias, que proveen cerca del 40 por ciento del total de pistolas, fusiles y explosivos en todo el país.

Esta tendencia alcista ocurre desde hace varios años, con marcados incrementos después de la ocurrencia de tiroteos masivos, como sucedió tras la masacre en Newtown, Connecticut, en diciembre de 2012, donde murieron 26 personas, cuando las solicitudes de chequeos de antecedentes para comprar armas crecieron un 40 por ciento.

La tendencia a adquirirlas como medida de autoprotección es un mito perpetuado por los cabilderos que defienden a los productores y distribuidores de armamentos, cuyo interés solo radica en obtener ganancias, afirmó al Times Erika Soto Lamb, vocera de la organización no gubernamental Ciudades por la Seguridad de las Armas, que aboga por incrementar los controles sobre estos artefactos.

El presidente Barack Obama intentó desde 2013 que el Congreso aprobara nuevas medidas para regular la adquisición de armas por la población civil, pero la ultraderecha republicana bloqueó sus propuestas.

Grupos de presión como la Asociación Nacional del Rifle y otras organizaciones que velan por los intereses de las compañías productoras y distribuidoras de estos medios dedican millones de dólares cada año para estimular estas acciones obstruccionistas.