Lamentablemente el olfato periodístico se desarrolló en mí más adelante en mi vida; pero la pasión por esta carrera existe desde mi primer llanto. Triste fue porque, además de lo inexistente de la tecnología, no pude tomar fotos del desierto llamado Nicaragua durante la década de los 90.

Habría querido tener pruebas inequívocas para mostrarle a la periodista y amiga venezolana, Dayon Moiz, que visitó Nicaragua hace un par de días en compañía del español Lluís Bartra y del cubano Juan Carlos, las evidencias de cómo el país ha cambiado durante los últimos años.

Reconocer los avances no lo convierte a uno en “sapo” ni mucho menos en “cepillo”; por si alguno de los críticos de quienes escribimos así lo piensa.

Reconocer que la vida tiene mejor calidad en estos tiempos es sencillamente decir la verdad; y los extranjeros, con sus reacciones y palabras de nostalgia cuando se despiden del país, pueden reforzar esta realidad.

Mientras recorría algunos puntos de atracción de Managua, Dayon escuchaba, a pesar de su cansancio y ansiedad por viajar hacia otro país la madrugada siguiente, lo que le contaba acerca de cómo Nicaragua empieza a dar muestras, en específico la capital, de recuperación tantos años después del terremoto de diciembre de 1972.

Y así notaba cómo uno reconoce que tantas cosas han cambiado desde entonces.

CASI NO QUEDAN RUINAS

Quienes vivimos plenamente la década de 1990 – 2000 comprendemos el sentimiento de felicidad que da visitar el Parque “Luis Alfonso Velásquez Flores”.

En aquellos tiempos era una locura “irse a meter ahí”. Ya no quedaban canchas y el lugar se había convertido en una morada de prostitución y delincuencia. El que se arriesgaba a ir a hacer un par de tiros de baloncesto naturalmente sabía que podía no salir tan contento cómo llegó.

Ahora el parque es una de nuestras principales atracciones; y es tan grande que me hace recordar mi visita al Parque del Este en Caracas. Un lugar amplísimo, apto para los atletas y las familias. Ahí se puede hacer de todo para pasar un día en plena relajación. Y el parque nuestro en Managua da esa misma impresión.

Las familias que diariamente lo visitan pueden confirmar esto. Fueron muchísimos años que no pudieron disfrutar un espacio así y lo más importante, como mencionó Dayon, es que la gente se ha apropiado de sus obras y es por eso que, junto al trabajo del personal de mantenimiento, el parque permanece intacto; sin daños.

NO MÁS CHURECA

Todavía en Managua la antigua “Chureca” es un punto de referencia, sobre todo al momento de dar direcciones. Pero lo que antes era el peor botadero del país ha cambiado rotundamente. Se cumple aquello del giro de 180 grados.

Ahora el lugar se llama Villa “Virgen de Guadalupe”; donde viven cientos de trabajadores del extinto basurero que a la vez son empleados, muchos de ellos, de la planta de procesamiento de desechos sólidos que se levantó con la certera cooperación del Gobierno de España.

La vida ha cambiado para esas familias que han sido consideradas por grandes empresas como Walmart para explotar su talento en la elaboración de joyas y otros productos a base de materiales reciclables.

MANAGUA YA NO PARECE MANAGUA

Esta sigue siendo nuestra capital; pero las obras de infraestructura nos hacen pensar que Managua empieza a parecer una ciudad de otro país.

Pasar por Rubenia ya no es lo mismo; ni por cerca. Lo evidenciaron miles de personas que estrenaron hace un par de meses el paso a desnivel que levantó la Alcaldía de Managua para intentar descongestionar el tráfico; un proyecto que sirvió para reconocer que se necesitan muchos más para satisfacer la demanda social por el crecimiento acelerado del parque vehicular.

Es como dormirse, despertar y ver que ese antiguo punto donde había un semáforo se convirtió en una obra monumental; de la noche a la mañana gracias a una megainversión cercana a los 200 millones de córdobas.

NO MÁS “MALECÓN”

Recuerdo perfectamente cómo era el antiguo Malecón de Managua.

No era tan malo cuando era niño, a mediados de los 90, cuando mi padre todavía nos paseaba por ahí. Había una “rueda Chicago”; había carros chocones, lugares para sentarse, algunos restaurantes y La Casona.

Pero era cuestión de tiempo para que el lugar se convirtiera en un vertedero de vicio y delincuencia. El Malecón no era ya una opción de esparcimiento familiar.

De hecho, solo el mencionarlo ocasionaba reacciones negativas como por ejemplo: “Vas a salir muerto de ahí”; si es que era posible salir.

Ahora basta con visitar el nuevo Puerto “Salvador Allende” para identificar que se trata del principal destino de la capital. Y eso lo notó Dayon al ver cómo tantas, pero tantas familias visitan el punto, con diversiones que hasta no se terminan de recorrer en un solo día. Es un lugar impresionante, verdaderamente.

Así entonces está cambiando nuestro país, con la punta de lanza que es su capital; asentada en una porción de tierra muy inestable, que nos hace tambalear constantemente pero sin evitar que las empresas de construcción e inversionistas estén comenzando a desarrollar nuevos edificios debido a nuestros avances tecnológicos y profesionales.

Desde un avión Managua se ve muy diferente ahora.

Erick Ruiz José
Periodista de política, economía e inversiones.
Twitter: @Erick_Nicaragua