El centrodelantero Peralta marcó el primero con un remate rasante a los 28 segundos y el  segundo de cabeza (74), como héroe en las redes, aunque el mérito de la hazaña  fue de todo un equipo organizado ante un Brasil en el que decepcionaron sus  estrellas, Neymar y Oscar, aunque un potente Hulk (90+1) pudo descontar.

A Brasil le faltaron la magia y el talento de sus individualidades y  terminó jugando, en vano, con cuatro delanteros pero incapaz de producir jugadas desequilibrantes.

La Seleçao vivió la desilusión de volver a perder la oportunidad de ganar  la medalla de oro olímpica, único trofeo que falta en sus vitrinas.

México hizo la proeza y saltó al olimpo con el más grande triunfo que jamás  haya soñado.

El Tri, como en el lejano Oeste de los westerns, disparó primero y preguntó  después cuando el reloj marcaba 28 segundos, una eternidad para el infantil  error cometido por Rafael, quien recibe un balón largo a cualquier parte del  arquero mexicano José Corona y trata de salir jugando con lujos y amagues.

Muy hermosos los amagues pero deja una pelota corta para Sandro, a quien se  la roba Javier Aquino y Peralta, a la manera de los verdugos del área, le clavó  el balón en un ángulo bajo imposible atajar para Gabriel.

Hubiese sido sólo una anécdota, un pésimo comienzo, un imponderable, uno de  esos baldazos de agua fría que pueden sucederle al más pintado sino hubiesen  mediado después la tremenda impotencia de la Seleçao por generar jugadas de gol.

Ordenado y concentrado México, con la pelea sin cuartel de Aquino, un león  para luchar por la recuperación de la pelota, encontraba socios en Marco  Fabián, Jorge Enriquez, Héctor Herrera y Carlos Salcido. Marca simple y zonal.

Sin ser ultradefensivo, México clausuró los caminos que llevaban a Corona y  batalló sin desmayos por cada pelota dividida con aguerrido espíritu, con un  Oscar anodino y Neymar desconectado.

Por eso la pelota no le llegaba franca y limpia como en otros partidos a  Leandro Damiao para que le pusiera pólvora al remate final.

El único factor de desequilibrio del anodino Brasil de la primera etapa  eran los desbordes a todo vapor de Marcelo.

El DT brasileño, Mano Menezes, quemó las naves cuando sacó un  volante-lateral rueda de auxilio como Alex Sandro, para sumar otro delantero,  Hulk, y a Sandro por el tan postergado Pato. Jugó al 'mata-mata', como dicen  los brasileños.

Fantasmal Oscar y sin el genio de Neymar encendido, Brasil pierde un 80% de  generación de juego, es un equipo laxo, vacío, sin magia ni dinamita.

Y cuando quería despertar Neymar, era acorralado por una fuerza de tareas  de al menos tres hombres que lo hacían caer en la trampa.

Movió el tablero del DT mexicano Luis Fernando Tena con un no muy  entendible, salvo lesión, reemplazo de Aquino por otro volante, Miguel Ponce.

Nada parecía conmover a los zagueros Diego Reyes, siempre atento a los  cierres, e Hiram Mier, alternados en sujetar la corpulenta amenaza de área de  Damiao.

A Brasil se le pudo venir el mundo encima, si Marco Fabián no fallaba una  chilena que pegó en el travesaño y Oribe Peralta no estuviese fuera de juego  por apenas un metro cuando mandó el balón a la red en un centro atrás.

Con Pato en la cancha y Brasil desesperado por hallarse a sí mismo, llegó  el tiro del final, el cabezazo de Peralta que liquidó el pleito, pese a que el  gol de hulk le puso suspenso y excitación a los minutos finales.

Todo un símbolo de impotencia fue el cabezazo que erró sobre la hora Oscar.

Alineaciones:

BRASIL: Gabriel, Rafael (Lucas, 84), Thiago Silva, Juan, Marcelo, Sandro (Alexandre Pato, 70), Romulo, Alexandro (Hulk, 32), Oscar, Neymar, Leandro Damiao.

Técnico: Mano Menezes.

MEXICO: Jesús Corona, Israel Jiménez (Néstor Vidrio, 80), Hiram Mier, Diego Reyes, Darvin Chávez, Jorge Enríquez, Héctor Herrera, Carlos Salcido, Javier Aquino (Miguel Ponce, 56), Marco Fabián, Oribe Peralta (Raúl Jiménez, 86).

Técnico:
Luis Fernando Tena.

Arbitro: Mark Clattenburg (Gran Bretaña).