Luis Alfredo Corea, de 45 años de existencia y 38 de andar pagando promesa a su patrono Santo Domingo de Guzmán, como el segundo cacique tradicional, asegura que los milagros son verdaderamente admirables.

“Yo iba a quedar inválido de las dos piernas, y gracias a Dios y a Dominguito, que me hizo el milagrito, ando caminando y le ando bailando a él; yo comencé a pagar promesa desde que tenía diez años, y así como yo hay muchas otras personas a las que Santo Domingo, nuestro patrono, les ha cumplido y ha hecho caminar a muchas otras gentes que como yo no podían caminar”, expresó.

Para Nicolás Andino Mercado, poblador del Reparto Schick de Managua, y quien en está ocasión está cumpliendo cincuenta años de llevar el traje de La Vaquita en la populosa celebración, los milagros que ha hecho Santo Domingo de Guzmán al pueblo nicaragüense han ayudado a convivir en espíritu y tranquilidad, algo que lo anima a seguir pagando sus promesas.

“Hace muchos años mi mamá, Margarita Mercado, tuvo un mal, una enfermedad que mucha gente decía que era brujería, porque ella de repente se puso pálida, y no le daban ganas de comer, entonces yo le pedí a ‘minguito’ que la curara y le prometí que le rendiría mi corazón si me ayudaba con la salud, y sí que me ayudó, y aunque mi mamá ya pasó a mejor vida, en aquel entonces que tenía la enfermedad mejoró bastante”, aseguró el católico.

Santo Domingo de Guzmán es símbolo de amor no solamente para los managuas, sino para muchos otros promesantes que vienen a la capital para recibir los milagros del patrono, tal es el caso de José Martín Blandford, quien ha venido desde Bluefields, Región Autónoma del Atlántico Sur, para honrar la venerada imagen.

“Me visto de indio rojo porque estoy pagando promesa a nuestro santo patrono, y ya tengo diecinueve años de venerarlo, y es por eso que cargo diecinueve collares sobre mi cuello. A mí se me murió una niña, entonces yo desde entonces le oré a mi señor y a Santo Domingo para que me la guardaran en el cielo”, externó muy reflexivo.  

Al igual que los promesantes anteriores, cada año Santo Domingo se hace acompañar por más familias que lo adoran y le rinden un sincretismo cultural donde niños, adultos y personas de la tercera edad lo festejan esperando se les cumpla un nuevo milagro con fe, amor y esperanza.