I

Tendemos a deificar a ciertos hombres o mujeres que han logrado hacer algo que no se lee en cualquier biografía. Y existe esa debilidad, sobre todo en aquellos que supuestamente renunciando a la “ignorancia” de la religión, por ser duchos en la filosofía materialista de la historia, promueven esos extraños endiosamientos que se lo niegan a los santos del pueblo católico.

En parte, es lo que sucedió con Carlos Fonseca. Aun algunos que cuestionaron fuertemente su liderazgo histórico (1975-76) y luego se opusieron a combatir al somocismo donde se encontraba, en las ciudades (1977), participaron en estimular ese halo célico.

No había calle, cooperativa, escuela, comité de base, poblados, plazas, casas comunales, planta eléctrica, programas, granjas, proyectos, lanchas, etc., que no fuera bautizado con el nombre de Carlos.

Pienso que Carlos hubiera preferido más de lo que él hizo y dijo, en el mundo real, que salir del compromiso por la vía fácil del ceremonial.

Salvo el esfuerzo de unos cuantos dirigentes, es poco lo que de Carlos en los cielos, aterrizaba en Nicaragua. Los 80 fueron una ruptura con el modelo agotado del capitalismo conservador; se quiso una sana distribución de la riqueza y bienes del país, pero la Revolución perdió impulso en esa loable meta por errores de la alta y mediana nomenclatura del FSLN. Y la agresión del presidente Ronald Reagan.

Hay que estar claro que elementos interesados, aun cuando disfrutaron como nadie de los privilegios de la Revolución, culpan de todo al comandante Daniel Ortega. El aparato estatal no dependió de un “Llanero Solitario”. El poder era compartido por dos círculos principales y réplicas regionales.

Allí había posiciones extremistas, moderadas y realistas. Y estaban bien definidas las responsabilidades, como el hecho de que por primera vez en la historia de Nicaragua, la Vicepresidencia pasó de precaria figura decorativa a poderosa Jefatura de Estado.

El comandante Ortega se enfocó en las relaciones internacionales de Nicaragua para ampliarlas y salirle al paso a las desconfianzas de ciertos países y el asedio de Reagan.

Estaban además los comandantes guerrilleros, magistrados y cuadros intermedios del siguiente anillo y con su particular manera de administrar el poder.

Ambos círculos dirigieron el país en el día a día, aunque ahora, a excepción del comandante Jaime Wheelock, cuando hablan de la Revolución, se pongan a “salvo” y lo hagan mediante una aséptica e inmaculada Tercera Persona.

Las ideas sociales de Carlos que darían armonía a Nicaragua, en medio de esa singular orquesta con más batutas que músicos, no sonaron como merecía.

II

Es básica, entonces, esta información que sobre el presidente Ortega ofrece un autor norteamericano que laboró como oficial del servicio diplomático de los Estados Unidos: “Luego del triunfo sandinista se reveló como el representante principal del gobierno en la arena internacional. Se le considera partidario de posiciones pragmáticas” (La Ideología Sandinista y la Revolución Nicaragüense, David Nolan, 1986).

El Frente Sandinista evolucionado con el comandante Ortega y la escritora Rosario Murillo, dista de su primera experiencia en el poder ya sin personajes con mentalidades obcecadas por los fosilizados dogmas. Aquellos fueron años marcados por la imitación; hoy son de creación. Y una Revolución si no es creadora no permanece.

El sandinismo en la actualidad coincide con una nueva generación de empresarios de visión más abierta, menos conservadora y mejor enfocada en el desarrollo.

La remoción de paradigmas inútiles como un primer avance hacia los Nuevos Tiempos, permitió esta alianza en la cual participan los trabajadores.

El reconocimiento de lo que representa para el país desde un pequeño finquero hasta una robusta fuerza empresarial, son aportes del FSLN al despegue de la nación.

Solo así es que se puede generar riqueza para combatir el empobrecimiento del país, no bajando de un bus a un campesino para decomisarle su cuartillo de maíz, como tantas veces sucedió en Las Esquinas, Carazo en los 80. ¿Carlos aplaudiría tal “hazaña”?

El Comandante escribió: “En 1964 se supo de centenares de campesinos de la comarca El Tempisque, Matagalpa, que habían perecido a consecuencia del hambre”.

En la comarca Malacaguás “se presentaron casos de demencia colectiva provocados por la pésima alimentación; también ceguera nocturna originada por deficiencia de vitamina A y de proteínas”, en otras comarcas de Darío.

Hoy el Gobierno Sandinista ha ido modificando el mapa de los viejos tiempos. La representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Verónica Guerrero, aseguró que Nicaragua lidera a nivel latinoamericano la lucha contra el hambre y la pobreza en los últimos años.

El mes anterior informó que Nicaragua avanzó del 54.4 al 16.6% en la reducción del índice de sub alimentación, por la ejecución de “una política social y económica consistente”.

Los programas socioeconómicos dirigidos a las familias que la especialista pondera, son precisamente los más denigrados por los voceros del vetusto establishment, etiquetándolos de “clientelistas” y “asistencialistas”, según la amargura del momento.

En 1969 Carlos denunció que por cada mil nacidos, 102 morían. En el periodo 2010-2015, la tasa de mortalidad infantil es de 18.1 por cada mil nacidos (Instituto Nacional de Información de Desarrollo, INIDE, citado por ProNicaragua). ¡84 chigüinas y cipotitos libres de la muerte!

Solo estos breves datos demuestran dos verdades: que por primera vez la democracia en Nicaragua dejó de ser un concepto vacío, sin ningún contacto con la realidad. Y que sacrificar la práctica en función de la liturgia nunca elevó el nivel de vida de los pueblos.

Cambiar es imprescindible. Y este es el Cambio por el cual luchó Carlos: la esperanza de vida al nacer, en el periodo 1970-75, era de 52,5 años. Sin embargo, en 2015, según la Organización Panamericana de la Salud, se amplió a 72,7 años. Desde el penúltimo año del héroe hasta ahora, ¡el promedio de vida aumentó 20 años!

Sí, falta mucho más, como privilegiar la Educación en función del progreso tecnológico, pero son pasos tangibles donde se aprecian las huellas del fundador del FSLN.

Carlos expuso en 1960: “La transformación de Nicaragua no es cuestión de ideología sino cuestión de amar a nuestro pueblo y ansiar fervorosamente su mejoramiento”.

Este es el sandinismo en los rumbos de su fundador.