Como en una escena de película, cientos de "catrinas", calaveras vestidas de forma elegante, desfilan por la emblemática avenida Reforma de la ciudad de México ante miles de espectadores, al llegar la época del año en que los mexicanos celebran la muerte.

El ambiente se llena de los colores del papel picado, el olor a flor de cempasúchil y el sabor del pan de muerto.

El Día de Muertos es la fiesta tradicional mexicana en la que, según la creencia popular, los difuntos visitan el mundo de los vivos. En un altar se dejan elementos como fotografías, veladoras, calaveras, comida y bebida para deleite del visitante del otro mundo.

El 1 de noviembre se recuerda a los niños fallecidos, mientras el 2 de noviembre está dedicado a los difuntos que partieron en edad adulta.

La ciudad de México se pone de fiesta durante las celebraciones, y los altares y calaveras aparecen por toda la ciudad desde mediados de octubre.

Aunque la costumbre tiene sus orígenes en prácticas prehispánicas, ha logrado adaptarse a las generaciones actuales combinando elementos tradicionales con otros de actualidad. De esta manera, la fiesta de la muerte se ha mantenido irónicamente viva a través de los años.

En el Estadio Olímpico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se exhiben cientos de altares de muertos hechos por estudiantes de distintas facultades.

También se realizan representaciones teatrales, lecturas de poesía, conciertos y otras actividades alusivas a la muerte.

En otro altar se exhibe un automóvil "vocho" (Volkswagen sedán) que estudiantes decoraron con papel de colores fosforescentes y que muchos retratan con sus teléfonos móviles.

Los asistentes, en su mayoría jóvenes, disfrutaron también este 31 de octubre de un concierto de música rock y de una representación teatral que usa como escenario y camerino el interior de un camión.

Un grupo de niños de 11 años que asistió al estadio a conocer la exhibición de altares recorría el lugar entre risas y brincos. Al preguntárseles si preferían la celebración del Día de Muertos o la de Halloween, ellos contestaron a EFE que la primera.

Los niños afirman que lo que más les gusta del Día de Muertos es recibir "calaveritas" de dulce. "Mientras más dulces nos den, mejor", dice riendo una de las niñas.

También mencionan que les agrada "recordar a sus familiares" que han fallecido y que muchos de ellos ponen altares en sus casas.

Por otro lado, el Zócalo (plaza principal) capitalino exhibe, como cada año, su propia ofrenda a los difuntos. Esta vez se han erigido grandes estructuras, como paredes, repletas de calaveras blancas y negras. En el centro se encuentra un altar dedicado a las víctimas del terremoto que estremeció la ciudad en 1985.

Miles de personas se reunieron, también, en el monumento conocido como Ángel de Independencia, sobre la avenida Reforma. Adultos, jóvenes y niños disfrutaron de una exhibición de alebrijes, figuras artesanales de animales imaginarios hechas con la técnica de papel maché.

Muchos iban disfrazados, las caras pintadas como "catrina", atrayendo la atención de turistas extranjeros y de otros estados de México. "Es impresionante", relata a EFE Kathy, una turista estadounidense a quien le llama la atención la "interpretación especial" que tienen los mexicanos de la muerte.

El cielo va oscureciendo, pero la gente no deja de llegar. Todavía quedan muchas actividades para recordar a aquellos que han fallecido y el ambiente hace que parezca que nunca se fueron. En México, la muerte está de fiesta y los mexicanos celebran con ella.