Cuando el 30 de octubre de 1998 un gran muro de piedras y lodo sepultó a más de 2 mil pobladores de las comunidades aledañas al Volcán Casitas, el ex presidente Arnoldo Alemán no hizo más que tachar de “loca” a la alcaldesa sandinista de Posoltega, Felícita Zeledón, quien de manera insistente advertía que el Huracán Mitch podría haber dejado una tragedia de grandes proporciones en esa localidad.

Ante el rechazo y burla de las autoridades del gobierno neoliberal de entonces, la fallecida alcaldesa contó con las palabras de aliento del secretario general del Frente Sandinista, Comandante Daniel Ortega Saavedra, quien sí estaba consciente de que el país entero estaba sufriendo uno de los desastres naturales más desgarradores de su historia.

Diecisiete años después de ocurrido el deslave, su hija Margarita Cortés Zeledón, recuerda el preciso instante cuando en medio de la desolación y el desamparo, su progenitora recibió el respaldo de Daniel.

“Mi mamá, una persona muy valiente, y con todos los honores, dijo que se iba a poner al frente de la situación, y el Comandante Daniel Ortega, yo recuerdo muy bien, que llamó y dijo: ´Felícita, no te encontrás sola, yo mañana mismo te voy a mandar un apoyo´, Y entonces ella nunca estuvo sola, a pesar que no estábamos en ese momento en el poder, el Frente Sandinista siempre estaba allí presente”, subraya Cortés.

Cortés llegó este viernes, junto a las autoridades locales, la Juventud Sandinista y los sobrevivientes de la tragedia, al Parque Memorial Volcán Casitas, ubicado donde hasta hace 17 años se levantaban las humildes viviendas de la comunidad Rolando Rodríguez.

Un lugar donde el dolor sigue vivo

Cuando uno visita en estas fechas este monumento nacional no hace más que sorprenderse de cómo las huellas del deslave aún continúan en la cima de la inmensa montaña, pero sobre todo en el corazón de los sobrevivientes, quienes todavía lloran la pérdida de hijos, esposos, padres, hermanos, abuelos y parientes.

Un doloroso recuerdo de esa tragedia lo tiene la señora Ana Isabel García, de 44 años. Ella perdió a 66 miembros de su familia y todos los años realiza junto a sus antiguos vecinos una peregrinación a la comunidad para llorar a sus muertos y decirles que no han quedado en el olvido.

De todos los muertos que le tocó llorar hace 17 años, el llanto por sus dos hijas de 10 y 11 años es el que sigue más vivo que nunca: a pesar de la intensa búsqueda que se realizó en los días posteriores, sus cuerpecitos nunca fueron encontrados.

Doña Ana recuerda que no fue hasta dos días después de la avalancha, cuando llegó la ayuda a la comunidad y cuando verdaderamente inició el rescate de los sobrevivientes, ya que el Gobierno de entonces se mostró insensible ante el funesto suceso.

“A la hora que la avalancha nos cayó encima no supe donde quedaron. Yo me lamentaba en el momento en que estaba atrapada porque decía yo: así como clamo auxilio yo clamarán mis hijas”, dice entre llantos esta humilde mujer, quien tiene en su rostro y demás partes del cuerpo las profundas cicatrices que le dejó el deslave del Volcán Casitas.

Las tumbas de las víctimas se erigen a la largo de campos de cultivo. Sencillas cruces de metal señalan el lugar donde estaban las viviendas, pero bajo ellas probablemente no hay ningún cuerpo, solo son la muestra de amor por aquellos que desaparecieron.

Alemán fue un insensible

La señora Concepción Vargas, perdió a sus padres, hermanos y sobrinos en el deslave. Ella manifiesta tener en el corazón no solo el dolor por sus seres queridos, sino también las palabras de Arnoldo Alemán tachando de "loca" a Felícita Zeledón. Para ella fue triste saber que mientras Alemán decía que era una locura lo que estaba pasando, sus papás y demás familiares yacían bajo toneladas de escombros.

“Fue triste y para mí fue algo doloroso de que él pusiera como loca a la profesora (Felícita Zeledón) y no se le conmoviera el corazón de decir: voy a mandar a ver o algo. No lo tomó como eso. Yo creo que para él fue como bendición porque las ayudas que vinieron fueron para él, para bendecir su economía”, refiere.

Vargas y uno de sus hermanos lograron llegar a la comunidad dos días después del deslave y asegura que se sintió impotente ante aquellas funestas escenas.

Para ella, esa tragedia llama a todos los nicaragüenses a estar preparados para enfrentar las calamidades provocadas por los desastres naturales.

“Tengamos conciencia y siempre pongamos un poquito de atención a las orientaciones que nos rinda el gobierno”, indica.

Juana Rodríguez, de 57 años, perdió a su madre y a sus hijos en el deslave. Subraya que cada uno de estos 17 años no hacen más que avivar el dolor hacia ellos.

“Dios quiera que no vuelva a suceder porque lo que nosotros vivimos fue duro, y lo es todavía”, añade doña Juana embargada del llanto.

Este viernes como parte de las conmemoraciones de este doloroso hecho, las autoridades locales organizaron una misa en la parroquia local, como también un acto religioso con las comunidades cristianas en el Parque Memorial Volcán Casitas. En este mismo lugar el alcalde Aquiles Peralta y la Juventud Sandinista depositaron una ofrenda floral en el monumento a los fallecidos, donde reiteraron el compromiso del Gobierno del Comandante Daniel Ortega de nunca olvidar esta tragedia.