En agosto pasado, la Policía Metropolitana de Washington D.C., tras recibir una llamada, llegó a un sitio donde se producía un incendio, a 14 kilómetros y medio de la Casa Blanca. Cerca de ahí encontró a una mujer con un pequeño cuchillo, que según testigos, su hoja medía entre 15 y 20 centímetros.

Los policías ordenaron que soltara “el arma”. Fuera de la casa, ya no era un simple instrumento de cocina. La mujer, de antecedentes desconocidos, no hizo caso y avanzó. Entonces le dispararon a la parte superior del cuerpo, informó el comandante de la Policía, David Taylor.

La AP al citar al Washington Post, señala que la jefa de la policía de la capital del país, Cathy L. Lanier, dijo: “No hay reglas fijas que determinen cómo deben responder los agentes en estas circunstancias.

“No hay una política que dicte la percepción de cada agente concreto y las acciones de cada agente concreto”, explicó. “Es algo para lo que entrenamos a los agentes para que lo gestionen en función de la situación”.

En los linderos de Managua, el 27 de octubre, no había una mujer solitaria con un pequeño cuchillo, sino piquetes de hombres con machetes cuyas cortantes hojas miden un promedio de 60 centímetros, ya no digamos las cutachas preparadas al gusto del que las usa, y por lo general con doble filo.

Asimismo, los activistas del partido anti Canal se apoderaron de las vallas metálicas de seguridad como ya lo han hecho en las proximidades del Consejo Supremo Electoral, para destruirlas y luego armarse con tubos de hierro.

En la extraña “protesta cívica”, blandieron machetes, cutachas, garrotes, fierros y las infaltables piedras. Por si fuera poco, lanzaron morteros y pedradas a los agentes del orden que estaban resguardando la vía hacia Managua, en el sector del kilómetro 4 Carretera Norte.

Es comprensible que las autoridades de cualquier país, incluyendo los Estados Unidos, deban actuar para proteger la convivencia de una ciudad. En esta labor a veces hay excesos no institucionales, pero superables.

Persecución racial

Si a la mujer del arma blanca se le desconocía su vida, el partido Anti Canal sí presenta un agresivo historial.

Apenas diez meses atrás, otra actividad “pacífica” de esa organización política casi termina en una terrible tragedia, cuando secuestraron un camión cisterna con mil galones de combustible; lo rodearon de ramas, hojas secas y llantas viejas, amenazando con hacerlo estallar, cerca de un populoso barrio de Rivas.

Antes habían cortado el paso vehicular en el kilómetro 110 de la Carretera Panamericana Sur, en la víspera de la Navidad, impidiendo el tránsito del transporte internacional que mueve la economía centroamericana.

Afectaron el encuentro de las familias, al detener los buses de la ruta San José-Managua.

Cerca de la Nochebuena de 2014 hicieron un tranque en el kilómetro 260 de la carretera Managua-San Carlos. Y también se apostaron en la entrada a El Tule, para controlar, abusivamente, el ingreso a esa comunidad.
Además demostraron lo peor de la miseria humana: el racismo, dividiendo a la gente entre ciudadanos de primera y de segunda.

Los que demandan “tolerancia” revisaban los vehículos en busca de personas de aspecto asiático –como en la época de los Nazis cuando perseguían a los judíos– no se sabe con qué malignos propósitos. La concesionaria del Canal es de Hong- Kong. Cabe preguntar: ¿dónde estaban los llamados defensores de los derechos humanos y los analistas de derecha?

La manipulación política fue evidente desde sus inicios. El diario “La Prensa” reportó que “El diputado del MRS, Víctor Hugo Tinoco se unió en la mañana de este martes con los campesinos para decirles que su lucha está siendo escuchada a nivel nacional e internacional y por tanto deben continuar con la protesta cívica”.

Vapulean a embarazada

Unos activistas anti Canal descargaron sus “altos valores cívicos” en la humanidad de una joven a la que no consideraron su condición de mujer, mucho menos su estado de buena esperanza.

La derecha quedó así totalmente al descubierto en su cínica “defensa” de la mujer desde sus oenegés.
Ana María Silva, de 28 años de edad, tiene tres meses de embarazo. Lo que declaró a El 19 Digital, desde una cama en el hospital de Tipitapa, es un retrato del espíritu de odio que condujo a los “pacifistas”.

“Ellos se tornaron agresivos con nosotros, nos comenzaron a amenazar con las armas que andaban, machetes, palos, y nos comenzaron a agredir. Me golpearon y tuve que comenzar a correr para que no me siguieran agrediendo”.

Una imagen divulgada por El Nuevo Herald dio la tónica de las acciones impulsadas por el partido Anti Canal. Aparece un individuo de esa agrupación muy belicoso contra la gente que viajaba en un camión volquete. La leyenda de la foto decía: “Un hombre lanza piedras contra un camión este martes 27 de octubre de…”

Otros sujetos que irrespetaban con sus acciones la bandera de Nicaragua que portaban, lanzaron piedras contra algunas unidades de transporte; atacaron a patrullas de la Policía Nacional, y avanzaron con arrogancia sobre las zonas que fueron declaradas de seguridad por las autoridades, con la colocación de vallas metálicas.

Las agencias de prensa reportaron ocho lesionados. Seis eran sandinistas.

¿Qué Policía del mundo permitiría que una organización política con ese “comportamiento cívico” –capaz de apoderarse desde una pipa de combustible para pegarle fuego en una carretera internacional hasta vapulear a una embarazada– llegara a una capital?

Si estos “marchistas” quisieran ir a Washington D.C. para luego enrumbarse a las inmediaciones del Capitolio con armas corto punzantes, garrotes, piedras, tubos metálicos, morteros, una lista de lesionados a su paso y provistos de fósforos por si acaso ¿los dejarían entrar?

La mujer del cuchillo estaba a más de 14 kilómetros de la Casa Blanca; los hombres que dispararon sus morteros contra los agentes, apenas a unos 5 kilómetros del Parlamento nicaragüense.

La Policía de Managua ni siquiera sacó su arma de reglamento.