El queso puede ser una comida tan adictiva como una droga.

¿La razón? Una proteína llamada caseína, que se puede encontrar en todos los productos derivados de la leche.

Al entrar en contacto con nuestros jugos gástricos, la caseína provoca una reacción química (como si se tratase de un laboratorio clandestino de drogas) creando la casomorfina, una especie de pariente lejando de la morfina y los opiáceos.

“(Las casomorfinas) juegan con nuestros receptores de dopamina y despiertan ese elemento adictivo”, explicó el nutricionista Cameron Well, a un medio estadounidense.

La caseína también puede ser encontrada en la leche materna, razón por la que los bebés sienten esa sensación de bienestar y tranquilidad.

Probablemente de ahí venga la costumbre de bebernos ese vaso de lecha antes de dormir.