Tras haber sobrevivido a la ‘pesadilla americana’, treinta nicaragüenses deportados de Estados Unidos, recibieron este miércoles atención integral de parte de instituciones del Gobierno Sandinista.

Miembros de la Dirección General Consular del Ministerio de Relaciones Exteriores, brindaron un recibimiento caluroso y solidario a los deportados, tras su arribo en el Aeropuerto Internacional Augusto C. Sandino, en Managua.

El Gobierno les dio un aporte económico para que estos pudieran movilizarse a sus lugares de origen; además les entregó un refrigerio, un kits de aseo personal, y puso a su disposición equipos telefónicos para que pudieran comunicarse con sus seres queridos.

Con notoria alegría en su rostro, Martha Marín, pobladora del departamento de Nueva Segovia, dijo sentirse satisfecha con su retorno a Nicaragua, y con este fraternal recibimiento.

“Mi rumbo era Miami Florida. Pero la migra me atrapó. Los gringos nos tratan muy mal, nos trataron con la punta del pie, y nos miran como esclavos y objetos”, sostuvo.

Dijo sentirse feliz porque sabe que en su tierra nunca será rechazada, tomando en cuenta que aquí nació y tiene a sus familiares.

“Cuando yo miraba un nicaragüense allá, sentía como que era mi familia, como que llevaba mi sangre. Y me siento orgullosa”, sostuvo.

Por su parte, el jinotegano Pedro Ramírez, explicó que aunque se le quebró el espejo del falso sueño americano, se siente feliz de estar de regreso en Nicaragua.

“Veo que a este Gobierno sí le interesamos, le importamos, como parte de este país. En ese viaje por conquistar el sueño americano se sufre hambre, se sufre maltrato”, sostuvo.

Informó que durante estuvo en Estados Unidos, pasó recluido en bodegas durante 8 meses; lugar donde se sufre acoso sexual, chantajes, humillaciones y sometimientos.

“Se corre mucho peligro irse como mojado, por la organización criminal de Los Z; hay que caminar a escondidas, hay días que se comen y otros no, te mueres de hambre”, expuso.

De igual manera, el deportado nicaragüense, Andrés Lazo Torres, estuvo preso durante días. “Esta es la cuarta vez deportado, pero creo que ya no iré, porque el peligro es demasiado.

Destacó que “hasta ahora que ve que en una deportación de atienden bastante bien. Uno se siente bien recibido, y alegre porque nos da una atención integral”.

Por su parte, la matagalpina, Melba Kraudy, dijo estar convencida que no hay mejor lugar en el mundo donde vivir que en su propia patria, Nicaragua.

“Ya estoy en mi tierra con mi gente, y eso es lo mejor. Ya me logré comunicar con mi mamá, y estoy tranquila, alegre de volver a mi patria”, expresó.

Indicó que, a su regreso al país, las autoridades nacionales la han tratado muy bien, a quienes les agradeció mucho.

“Estuvimos en Guatemala, y no vi recibimiento de este tipo allá. Uno se siente bien, porque después de todo, que lo reciban así de esta forma es bonito”, sostuvo.

Si en algo coincidieron los deportados, es que Nicaragua sigue siendo el mejor lugar para vivir, tomando en cuenta que es un país donde hay paz, tranquilidad y cuentan con el calor y amor de sus seres queridos.