La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, acusó a la oposición brasileña de tener una actitud "abiertamente golpista" y advirtió que no va a ceder ante las presiones de sus opositores.

La artificialidad de los argumentos (de la oposición) es absoluta y la voluntad de producir un golpe contra el funcionamiento regular de las leyes e instituciones es explícita", subrayó Roussef durante un acto sindical en Sao Paulo.

Para la jefa de Estado, la oposición, que defiende la apertura de un juicio político con miras a la destitución de la mandataria, "está jugando sin pudor".

Rousseff arremetió contra sus adversarios políticos por querer "acortar" su mandato "sin hechos jurídicos" y subrayó que el discurso golpista no es sólo contra su figura, sino contra el proyecto construido por el gobernante Partido de los Trabajadores (PT).

Lo que antes era inconformismo, se transformó en un deseo de retroceso político y eso tiene un nombre: eso es golpismo de manera abierta", añadió la presidenta, quien estuvo acompañada por el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, y el exmandatario uruguayo José Mújica.

La mandataria explicó que las maniobras fiscales son "actos administrativos" que fueron realizadas por todos los gobiernos que la antecedieron y matizó que las llamadas "pedaladas" fueron realizadas para garantizar los programas sociales, bandera del PT.

La presidenta, quien fue reelegida en octubre de 2014 para un segundo mandato, garantizó que luchará para mantener su mandato, que finaliza el 1 de enero de 2019, a pesar de la presión de la oposición para "acortarlo"

“Soy presidenta porque fui elegida por el pueblo con elecciones libres. Tengo a mi favor la legitimidad de las urnas, que me protege y la cual tengo el poder y el deber de proteger. Soy presidenta para defender la constitución y la democracia", agregó.

Rousseff estuvo respaldada por cientos de integrantes de la Central Única de los Trabajadores, la mayor central sindical del país, que realiza su décimo segundo congreso nacional.

En la actualidad, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff se enfrenta a una campaña de desestabilización, encabezada por su contendor en las pasadas elecciones presidenciales Aécio Neves.

La ultraderecha en Brasil alega que Rousseff cometió actos de corrupción junto a otros miembros del Partido de los Trabajadores (PT), en el caso Petrobras.

Senadores del Congreso han denunciado el uso de influencia política por parte del Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU), organismo que alega que Rousseff presuntamente forjó cuentas administrativas en 2014.

Tales acusaciones desconocen que fue el propio Gobierno brasileño el que inició las investigaciones sobre el caso de Petrobras.

Movimientos sociales han alegado que el proceso contra la mandataria no solo busca forzar su salida antidemocrática sino que además, aspira reducir el protagonismo del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien ha manifestado su voluntad de postularse a las elecciones presidenciales de 2018.

Los intentos golpistas contra Rousseff han sido denunciado por varias autoridades latinoamericanas. Este lunes, en entrevista exclusiva con teleSUR, el candidato a la vicepresidencia de Argentina por el gobernante Frente para la Victoria, Carlos Zannini, denunció que la derecha de la región realiza acciones tanto en Brasil como en Venezuela, Ecuador y Uruguay para mantener las democracias débiles.