De los más de 7 mil 300 millones de almas que habitamos la Tierra, Dios ha escogido a unas 600 para ser salvas en el corto plazo, y da la casualidad de que estas personas están concentradas en una remota zona del noroeste de Nicaragua.

Quien se haya formado una imagen idílica de este grupo de elegidos, desde ya vaya quitándose esa idea de la cabeza, pues esta congregación religiosa está compuesta por humildes hombres, mujeres y niños en extrema pobreza, quienes se apretujan en desvencijadas champas de plástico negro a la espera del gran día.

En su mayoría son nicaragüenses oriundos de las montañas del norte y de comunidades rurales del occidente del país, pero también hay ciudadanos de Honduras y El Salvador.

El lugar es un caserío conocido como Venecia, en la comunidad de Mechapa, a dos horas de camino de El Viejo, departamento de Chinandega, y los congregados son nada menos que una secta apocalíptica llamada “Cuerpo Místico de Jesús”.

Sus miembros han renunciado a todos sus bienes materiales y están tan aferrados a sus creencias que se muestran impávidos cuando uno les señala la posibilidad de que pueda haber algún error en el cálculo que han hecho acerca de lo que ellos llaman “El Rapto”.

En este desborde de fe o de locura, estos hombres y mujeres han arrastrado cientos de niños -el Gobierno de Nicaragua habla de más de 300-, cuyos rostros inocentes lucen salpicados de varicela y sus vientres hinchados por los parásitos ante la indolencia de sus progenitores.

Precisamente esta situación es la que está causando suma preocupación en el Gobierno, que ha señalado en diversas ocasiones que en Nicaragua existe libertad religiosa, pero también existe el deber de velar por los derechos de los niños, niñas y adolescentes.

Fanatismo vs medicina

El fanatismo es tal que ni los líderes de la comunidad ni los padres han accedido a que el personal del Ministerio de Salud atienda a los infantes. Ellos aseguran que la única medicina que cura es la de Dios y por tanto dicen no necesitar de los jarabes, vacunas y tabletas que trata de suministrarles el Gobierno.

“No les rechazo lo que ellos traen, pero yo la medicina que sé que llega (cura) es la fe. A través de la fe mi niña recibe la sanidad”, explica Janeth Estela Ramos, de 28 años y oriunda de Aguas Calientes, una alejada comunidad del municipio de San José de Bocay, departamento de Jinotega.

Sus palabras se contradicen con la triste realidad de Oliaida Ocampo, su hija de apenas un año de edad. El cuerpecito de la niña está completamente cubierto por la varicela y a cada momento se la ve rascarse y llorar.

Esta joven viajó con su marido e hijos hace dos meses a Venecia. Aún no han vendido la casa de madera y zinc que poseen en Aguas Calientes, pero aseguran que pronto lo harán para entregar el dinero a la congregación religiosa.

“La iglesia primitiva dice que ellos (los apóstoles) vendieron sus propiedades a medida que el Señor les iba revelando las escrituras. Entonces ellos vendieron sus propiedades y las repartieron entre todos”, argumenta.

Uno puede recorrer cada una de las champas de plástico y preguntarle a cualquier hombre y mujer si tienen necesidad de un médico, y la respuesta generalizada es que “no, pues para eso está Cristo”.

No me atrevería a decir que esta gente no quiere a sus hijos, todo lo contrario, parecen quererlos bastante, sin embargo, esa especie de fervor apocalíptico les impide tomar conciencia de la gravedad del asunto y el peligro que corren.

“Casi todos son problemas dérmicos. Encontramos a niños con varicela, como sabemos la varicela es una enfermedad viral y contagiosa, y todos los niños aquí se mantienen agrupados, jugando entre ellos”, explica la doctora Fanny Martínez.

La Ministra de la Familia, Marcia Ramírez, ha estado reiteradamente, junto a la Jefa de las Comisarías de la Mujer, Comisionada General Erlinda Castillo, tratando de convencer a la comunidad de que permita que los brigadistas de salud atiendan a los niños, así como también a que estos puedan continuar estudiando.

Ramírez afirma que las condiciones precarias y la falta de higiene en el lugar es una bomba de tiempo que puede resultar en una epidemia.

“Ellos nos han recibido con mucha apertura, con mucho cariño, han estado muy abiertos a escucharnos, pero sus posiciones están fundamentadas en sus propias interpretaciones de Las Escrituras”, lamenta la Ministra.

Aproximadamente la mitad de los más de 300 niños tienen menos de 6 años de edad y las autoridades desconocen si están vacunados. “Si no hay esquemas de vacunación completos, imagínense el riesgo de que entren enfermedades que ya están desterradas por la humanidad”, advierte Ramírez.

El Gobierno ha dejado claro que en Nicaragua hay libertad de culto, pero también insiste en que es su obligación velar por los derechos de la niñez. No obstante, en este segundo punto, ha evitado hasta más no poder cualquier intervención directa y apostado por hacer que la comunidad caiga en razón de que es necesario que los médicos atiendan a los infantes.

“No venimos a tener riquezas”

A los miembros de “Cuerpo Místico de Cristo” es realmente difícil comprenderles. Son personas con educación limitada –aunque uno de sus líderes es hasta abogado- y tratan de hacerse comprender con argumentaciones bíblicas que pocos las toman al pie de la letra.

“Explicaciones no le tengo porque de todas maneras usted no me va a entender”, dice cortante Yorlin Gutiérrez, de 21 años, originaria de la comunidad La Gloria, municipio de San José de Bocay.

A pesar de esas palabras, luego de entrar un poco en confianza termina cediendo y plasma con toda claridad:

“Dios nos dejó una promesa para el tiempo del fin, que había un grupo de no morir”.

Gutiérrez llegó al campamento el 28 de julio junto a su marido y su hija Mayeli, de 3 años, luego de vender sus pocas posesiones.

“No venimos a tener riquezas”, aclara.

Esta joven es el vivo ejemplo de la mujer dentro de “Cuerpo Místico de Cristo”: entregada a “la palabra”, obediente al marido y encargada de los quehaceres hogareños.

Con este panorama se ha encontrada la Comisaría de la Mujer, que ha insistido en que las adolescentes, las jóvenes y las mujeres embarazadas accedan a los servicios médicos, sobre todo estas últimas, que requieren con urgencia un control prenatal.

“Aquí hay una subordinación total de las mujeres hacia la decisión de los maridos, los esposos, sus compañeros y lo que dicen también los ministros, los pastores de la iglesia”, refiere la Comisionada General Erlinda Castillo.

Mardoqueo Ramos, un joven campesino de 23 años y de complexión delgada, es el marido de Yorlin Gutiérrez. Él explica que fue el pastor Francisco Javier Sánchez –el líder supremo de la secta, a quien le llaman el “Ungido de Dios”- el que les reveló la profecía y les iluminó el camino hacia Venecia.

Él dice tener varios años de pertenecer a esta congregación. Tan ajeno al resto de la sociedad ha vivido que indica que su hija el único documento que tiene es el certificado de nacimiento y que por tanto nunca ha asistido a un centro de salud “porque no lo necesita”.

En una champa cercana viven sus padres, y pronto tendrá de vecinos a sus tres hermanos, quienes se trasladarán a Venecia para ser parte de la profecía.

En sus lugares de origen, estas familias se dedicaban a la agricultura, y aquí en la comunidad además de realizar diversas labores también se dedican a sembrar la tierra, pero en este caso para beneficio de todos. No tienen absolutamente nada porque sus patrimonios los entregaron a los administradores para que estos se encarguen de adquirir todo aquello que necesitan para su subsistencia.

Hasta en las mejores familias hay sus favoritos

Aunque sus líderes han tratado de vender la imagen de que hay libertad absoluta y que todos están convencidos de sus creencias, el respeto a la jerarquía es algo que sale a relucir cuando uno trata de desenredar ese enrevesado laberinto de fe.

-¿En qué consiste ese Rapto?- le pregunto al campesino Manuel Sobalvarro.

-Esas son las promesas que Dios nos dejó, y entonces estamos creyendo en eso- responde.

-Sí, pero ¿en qué consiste, de qué trata el Rapto, qué es lo que esperan ustedes?- trato de que me explique con claridad, porque no lo siento tan seguro de lo que dice.

-Le podemos buscar al predicador de nosotros, que él les explica bien- dice apenado el pobre hombre, mientras llega un grupo de “hermanos y hermanas en la fe” a tratar de sacarlo del hoyo en que creen se ha metido.

Uno de los más duchos en la materia, Jorge Roberto Barahona, refiere que la idea de El Rapto es que Dios se lleve “a un grupo determinado de gente para que ellos no pasen por un juicio (el Juicio Final)".

El orden jerárquico llega a tales límites que los humildes campesinos deben acomodarse unos sobre otros en las maltrechas champas plásticas, mientras que los pastores (y algunos hondureños y salvadoreños) viven con sus familias en las únicas casas de concreto que hay en la comunidad.

A la sombra de William Branham

Aunque algunos dijeron que “Cuerpo Místico de Cristo” nada tenía que ver con los seguidores del predicador estadounidense William Branham, fallecido en 1965, pronto queda en evidencia que sí, y mucho.

Saber por qué algunos lo niegan no está claro. Quizá por desconocimiento o quizá por desviar el tema para evitar señalamientos de los que son objeto los miembros de las sectas asociadas a este supuesto profeta de Dios.

Es un ciudadano hondureño, Julio Bustamante, con un libro de Branham en mano –por ningún lugar se ve la Biblia- el que despeja las sombras y finalmente da una explicación a todo, o al menos a esa parte de porqué es precisamente Nicaragua donde se está llevando a cabo semejante hazaña de salvación divina.

“El (William Branham) dijo: Yo estaba cerca del Polo Norte, yo miraba unas luces destellando -luces verdes y amarillas- en la oscura medianoche en algún lugar de Centroamérica. Esa es la profecía”, explica a su manera Bustamante.

“Todas las cosas que él dijo ya se cumplieron y esta no puede dejar de cumplirse”, reitera.

Juzgar enconadamente a estar personas por sus creencias, pone a cualquiera en una posición incómoda no solo por la libertad de culto que impera en Nicaragua, sino porque cuando uno llega a tratar con ellas se da cuenta que son posibles víctimas del engaño y la manipulación.