Compartimos este escrito del destacado pintor nicaragüense Alfonso Ximénez, quien traza con sus palabras “las remembranzas de la niñez, que conforman mi universo pictórico” y reflejan esa orgullo por nuestra nicaragüanidad que hoy el Gobierno Sandinista impulsa como parte del rescate de nuestros Valores Tradicionales.

Mi Barrio Cristo Del Rosario

A
Berenice Baldelomar Z.

Eran tardes de campanas, de golondrinas, y el fuerte aullido del tren y su estornudo cansado tirando chorros de vapor gris azul; la línea férrea se confundía en el horizonte hojalata del lago. Este era mi barrio Cristo Del Rosario, con su Barrera de Toros en agosto y Santo Domingo de Abajo, el de San Andrés de La Palanca; Chinamos, Caballitos y el Circo con su León pintado en una lata, su Mago y su bailarina “LA PALMERA ANTILLANA” al ritmo del manisero y encaramada en una mesa.

El Barrio era de pocas calles y muchos colores, con sus muros y cercos, palos de mangos, jocotes y ceibas.

En Semana Santa, procesiones, el Señor de La Burrita, el Santo Entierro, Resurrección, con beatas de todos los apellidos; las Salas Locas, las Velásquez, las Vílchez, las Cocacolas, las Prado, las Espinoza, las Masca Fierro, la Grillo… todas pertenecientes al Coro e Hijas de María y el eco del canto “Perdona a tu pueblo Señor”, con redoble de tambor y fondo de Chicheros.

Frutas colgadas al Señor Del Huerto, Gajos de coyolitos, Sartas de flor de leche y racimos de corozo. Al paso de los güises y las tijeras ya de tardecita se ponía mi amigo a guitarrear, requinteando y tarareando en el patio de la cuartería de mi bisabuela Eulalia Rocha; teníamos una gran diferencia de años y platicábamos sobre los hoyos de los garrobos, de los saltamontes e iguanas o sobre si el tren se veía lejos porque era pequeño.

Una mañana amanecieron mis vecinos de cuartería tiñendo de negro los trapos, en un caldero que colocaron en el fogón. Al rato llevaron a un muerto lo colocaron en una tabla sobre dos piedras en medio del patio, y más que asustado, desde un rincón yo observaba el descontrol, los gritos y llantos que penetraban en mis entrañas… Hoy como en un sueño, recuerdo el momento y a mi amigo Justo Santos.

Los amigos de todos eran La Santo Lucero, Temblor y su caballo terremoto, Chipisa y Paco Loco, que en sombras recorrían los patios, mañanas de Juancito de la Brigida y su batea de “Vas a querer cajetas amorrrr”.

En el Atrio de la iglesia, la Sotana del padre Andino Chinchineada por el viento. Las esquinas eran punto de referencia: cantinas cajón de aserrín como “A ti te toca”, “Rayito de Luna”, “Los Valcanes” o pulperías como “La Casa del Pueblo” o donde “doña Andreita” vecina de doña Estebana y su perra Miraflores.

Calles principales eran “La Calle Real” o “Del Triunfo” y la Avenida del Estadio que con su fuente parecía un gran raspado difuso de alegres e iluminados colores, avenida al Norte hacia el tope con el Centro Destilatorio “El Templo Del Guaro”. Otras esquinas eran la primera sección de Policía, y la de Luis Miranda que los sábados se convertía en bailongo “de a chelín” la pieza con damas de tacón y copete enlacado y señores pantalón de Cholo, zapatos combinados y partido con vaselina de envoltorio papel cigarro. En una esquina el cine “Rosario” y en la otra el cine “Triunfo” con sus Techos de estrellas. Todo el cipotero con sus caramelos Huevo Chimbo o Rayados a ver sus películas de vaqueros de guerra o indios o espadas. Ahora, en las películas de la Vida, recorro con mis amigas y amigos ya idos, mi Barrio Cristo Del Rosario.

Alfonso Ximenez
Managua, Octubre 2015