Los embajadores de Centroamérica en el Perú: Melvin Sáenz Biolley de Costa Rica, Grego Pineda Rodríguez de El Salvador, Walter Zepeda Chavarría de Guatemala, Humberto López Villamil de Honduras y Marcela Pérez Silva de Nicaragua, se reunieron el pasado 10 de setiembre en Lima, para conmemorar juntos el 194º Aniversario de su Independencia.

Las celebraciones comenzaron en el Parque Centroamérica, en el limeño distrito de Miraflores. El simbólico acto contó con la presencia del Ministro de Defensa del Perú, Jakke Valakivi; del Alcalde de Miraflores, Jorge Muñoz Wells; y de los embajadores de Colombia, Panamá, México, Paraguay, Venezuela, Uruguay, República Dominicana, Taiwan, así como del representante de la OEA y miembros del Cuerpo Diplomático que llegaron a acompañar a los centroamericanos en su día. Delegaciones de la Marina de Guerra del Perú, del Ejército del Perú, de la Policía Nacional y de la Divote, ofrecieron sendas ofrendas florales. Lo mismo hicieron los representantes de las embajadas de los países del ALBA y la Municipalidad de Miraflores. Antes de concluir el acto, los embajadores de Centroamérica depositaron su ofrenda de flores bajo el busto del prócer Francisco Morazán.

A medio día, los diplomáticos centroamericanos recibieron a sus invitados en el zaguán del Centro Cultural Inca Garcilaso, mientras el cuarteto de cuerdas Opus Cuatro interpretaba la "Suite El Güegüense" y bellas piezas musicales del acervo cultural de los cinco países de la región. En presencia de la Ministra de Relaciones Exteriores, Ana María Sánchez Vargas, se entonaron La Granadera, que fuera el himno de las Provincias Unicas del Centro de América, y el Himno Nacional del Perú. El maestro de ceremonias, doctor Eduardo Arroyo, dio la bienvenida al Acto protocolar. A la embajadora de Nicaragua, como decana de los embajadores de Centroamérica en el Perú, le tocó pronunciar las palabras alusivas a la conmemoración. Le siguió el discurso de la Canciller Sánchez Vargas. Luego de lo cual, se brindó por la fraterndad entre nuestros pueblos y nuestra integración regional. Finalmente, los embajadores de Centroamérica ofrecieron a sus invitados un ágape que incluyó la degustación de sus rones nacionales. En la celebración participaron embajadores todos los países, representantes de los Organismos Internacionales, congresistas de la República, funcionarios de la Cancillería peruana, miembros de las Fuerzas Armadas, empresarios, intelectuales, artistas y amigos de Centroamérica.

A continuación, las palabras de estilo de la embajadora Marcela Pérez Silva, decana de los embajadores centroamericanos acreditados en el Perú, en el 194º Aniversario de la Independencia de Centroamérica:

Señora Embajadora Ana María Sánchez Vargas de Ríos, Ministra de Estado en el Despacho de Relaciones Exteriores,
Señor Embajador Eduardo Martinetti Macedo, Viceministro de Relaciones Exteriores,
Señor Embajador Thierry Roca Rey Delandrier, Secretario General de Relaciones Exteriores,
Queridos hermanos Embajadores de Centroamérica,
Señoras Embajadoras, señores Embajadores, miembros del Cuerpo Diplomático acreditado en el Perú,
Señoras y señores:

La ceiba es el árbol de la vida, el árbol de la abundancia, de la perpetuidad, de la fuerza, de la belleza, de la unión. El sagrado árbol de nuestros ancestros mesoamericanos. Cuentan los abuelos, que en el centro del Paraíso hay plantada una ceiba, en cuya frondosa copa moran ciento veintidós dioses y un ave celestial. Bajo su sombra, descansan de las fatigas y las penas del mundo, hombres y mujeres que comen y beben manjares que nunca se agotan. Sus raíces se hunden hasta el inframundo donde siguen viviendo los que ya no están. Cuentan las abuelas que de las entrañas de la ceiba brotó un día el universo entero, por eso tiene su tronco, redondeces de mujer preñada. Nuestra madre ceiba.

Conmemorar la Independencia de Centroamérica nos recuerda que los cinco países del Istmo, venimos de un tronco común: la República Federal del Centro de América. La primera moneda que acuñó nuestra República madre, lucía una majestuosa ceiba plantada en el centro del mundo, y una leyenda que decía: LIBRE CREZCA FECUNDO. La tarea, pues, de nuestras Repúblicas hermanas debe ser la de crecer libres y fecundas. Y unidas: como las ramas al tronco de la madre ceiba. Sueño frustrado en 1839, pero que sigue vivo en el imaginario popular y oficial de nuestras parcialidades. Así lo evidencia el hecho de que todos los embajadores de la Centroamérica embrionaria, estemos reunidos hoy en Lima (y en el resto del mundo) para conmemorar el ciento noventa y cuatro aniversario de su independencia.

Nuestra República madre es nuestro pasado y nuestro futuro. A la vez, cicatriz de nuestras derrotas y luminosa ruta de las victorias por venir. Hoy más que nunca, en las circunstancias que atraviesa el mundo (más apremiantes de las que vivieron nuestros independentistas, más urgentes de acometer y resolver, más convocantes a la solidaridad fraterna), hemos logrado crear un instrumento de integración centroamericano, como el SICA, e insertarnos juntos, a nivel macroregional, en la comunidad de nuestros pares latinoamericanos y caribeños en la CELAC. Tenemos sobre ellos una ventaja: no nos encuentra el nuevo siglo enfrentados como entonces. Si los independentistas se debatían entre los herederos de las ideas del viejo estado colonial y los portadores de las frescas ideas republicanas, nosotros tenemos clarísima nuestra prioridad compartida: todos debemos abatir a la pobreza[1].

Decía Bolívar, en su Mensaje al Congreso Constituyente de la República de Colombia:

"Me ruborizo al decirlo, la Independencia es el único bien que hemos adquirido, a costa de los demás. Pero ella nos abre la puerta para reconquistarlos, bajo vuestros soberanos auspicios, con todo el esplendor de la gloria y de la libertad"[2].

Conservar la independencia de nuestras parcialidades, y de nuestro Sistema de Integración, es la base para enfrentar el reto de acabar con la pobreza: coordinando nuestras políticas públicas en materia de salud, educación, trabajo digno, desarrollo económico equitativo, complementario y solidario, seguridad ciudadana en la justicia y seguridad nacional en la fraternidad. Son objetivos justos pero difíciles. Más difíciles en la competencia, mucho menos arduos en la solidaridad.

Recordemos a nuestros independentistas en sus dos momentos. En el Acta que hoy conmemoramos, estos reconocen la fuerza popular que demandaba el cambio, pero también la urgencia de “prevenir las consecuencias” que traería:

"Siendo la independencia del Gobierno Español la voluntad general del pueblo de Guatemala, y sin perjuicio de lo que determine sobre ella el Congreso que debe formarse, el Señor Jefe Político lo mande publicar para prevenir las consecuencias, que serían terribles en el caso que la proclamase de hecho el mismo pueblo"[3].

En el segundo momento, cuando el Congreso decide la Independencia absoluta, declaran:

"Que la experiencia demás de trescientos años, manifestó á la América, que su felicidad era del todo incompatible con la nulidad á que la reducía la triste condición de colonia de una pequeña parte de Europa"[4].

Es decir, reconociéndonos parte de América. Lo que inmediatamente después confirmarían diciendo:

"Que á impulsos de tan justos sentimientos, todas las provincias de América, sacudieron el yugo que las oprimió por espacio de tres siglos: que los pueblos del antiguo reino de Guatemala, proclamaron gloriosamente su independencia en los meses del año de 1821; y que la resolución de conservarla y sostenerla es el voto general y uniforme de todos sus habitantes"[5].

¡Sigamos pues, este mandato de nuestros independentistas!

No quisiera terminar estas palabras, sin recordar a nuestro Rubén centroamericano: el Príncipe de las letras castellanas, ahora que se aproxima el centenario de su partida hacia la gloria. Desde muy joven, en su Nicaragua natal, enarboló el ideal unionista centroamericano. En todos nuestros países vivió. Fundó periódicos en Guatemala, en El Salvador se casó. Su primera esposa, Rafaelita, era hija de un hondureño y una costarricense. Cantando las bondades de la paz, hija de la unidad, nuestro Rubén Darío leyó este poema en el banquete dado por los Plenipotenciarios de Centroamérica al Presidente de El Salvador, el 20 de octubre de 1889. Se llama Unión Centroamericana, y dice así:

Unión, para que cesen las tempestades;
para que venga el tiempo de las verdades;
para que en paz coloquen los vencedores
sus espadas brillantes sobre las flores;
para que todos seamos francos amigos
y florezcan sus oros los rubios trigos;
entonces, de los altos espíritus en pos,
será como arcoíris la voluntad de Dios.

Muchas gracias.

[1] Aldo DÍAZ LACAYO, Las tres revoluciones independentistas de América, Managua: Aldilà, 2013.
[2] Simón BOLÍVAR, "Mensaje al Congreso Constituyente de la República de Colombia", Bogotá, 20 de enero, 1830.
[3] “Acta de Independencia de la Capitanía General deGuatemala”, Palacio Nacional de Guatemala, 15 de setiembre de 1821.
[4] “Declaración de Independencia Absoluta deCentroamérica. Decreto Legislativo de la Asamblea Nacional Constituyente”. 1 de julio de 1823.
[5] Op. cit.