I

Si hablamos el mismo idioma y partimos de la Capitanía General de Guatemala con su religión oficial, Católica, reconozcamos además las culturas originarias y anglófona en el Caribe y la indetenible expansión evangélica.

Cada parcela, que nunca debió desunirse, con el tiempo tomó sus propios rumbos y destinos, aciertos y desatinos.

Aventurarse a especular que las protestas contra Otto Pérez que desembocaron en su dimisión, es el patrón a seguir en el resto de Centroamérica, obedece a las insalubres intenciones del pensamiento conservador.

Las historias de los cinco países ni se pre cocinan ni se fríen en la misma paila: no pertenecen a la franquicia McDonald para que todas las papitas fritas crepiten igual en Taipei, Barcelona o en San Juan, Puerto Rico.

Tampoco existe el “Efecto Dominó” como una “fuerza ciega”. Es un concepto nacido durante la Guerra Fría y formulado por operadores políticos estadounidenses, si con ello se quiere significar que en un país de la periferia, tras un “hecho relevante” diseñado desde la metrópolis, caerá, “espontáneamente”, el otro.

Las fichas de ese juego de mesa necesitan de jugadores, y, sin rodeos, de una generosa “mano pachona”. El finado Carlos Fuentes, citando a Goethe, la identificó: son “los impulsos oscuros de la historia”.

Si pensamos que 194 años después de la Declaración de Independencia de España, la “vida sigue igual” como cantó uno de sus hijos, no hablaríamos de Estados nacionales, sino de Patio Trasero. Es el tal dominó del Dominante con el cual se siente muy a gusto el pensamiento conservador.

Entonces, seguiríamos en los tiempos cuando la Central de Inteligencia Americana, CIA, derrocó al demócrata presidente Jacobo Arbenz, en 1954, por el “delito” de creer que Guatemala era un país, no una de las fincas de la United Fruit Company.

Con ese guión de historieta, la derecha conservadora, implícitamente, no reconoce las repúblicas del istmo: las degrada a simples fichas pintadas con símbolos patrios, sin posibilidades de escribir sus propios relatos nacionales.

Es el mismo grupo heredero del sometimiento a la Corona que quiere, del 15 de Septiembre, únicamente el Acta de próceres muertos sin un solo Acto de soberanía viva.
La Independencia de Centroamérica es la que más ha costado estrenarse en el mundo.

II

Ocurrió con la “Primavera Árabe”, una “primavera” para sus promotores a costa de los árabes: derribar su historia, cultura y sistemas nacionales de gobiernos colindantes con el extraordinario pasado de esos pueblos milenarios.

Hoy ya nada se dice de la “fresca oleada de democracia” que empujó los “cambios” en la región. A la “juventud” se le atribuyó esta “revolución” a través de las Redes Sociales y las “autoconvocatorias”, tan reales como las “armas de destrucción masiva” que Sadam Hussein nunca tuvo. Y se les proyectó en horarios estelares de las cadenas de TV como una “nueva forma de lucha”.

¿En qué quedó esa “generación digital” que reclamaba sus espacios? ¿Acaso eran los fundadores del manicomio del terror llamado Estado Islámico?

No todo lo que “brilla” en el ciberespacio es oro.

III

¿Qué tenemos al final de esa Petro-Primavera? Las potencias occidentales abrieron las puertas del infierno: el surgimiento de la famosa “nueva forma de empoderamiento y lucha”, el Estado Islámico, con un alto grado de salvajismo y desprecio por la vida.

Por mucho que se critique a Hussein y Muammar Khadaffi, lo que las huestes de Occidente crearon con sus intervenciones fue peor.

Hoy, los costos de pagar el Premio Mayor de la Lotería petrolera los factura Siria, su gente, su academia y los monumentos invaluables de Palmira.

No es que determinado gobierno fuera lo máximo, sin embargo, corresponde a cada nación, si hay problemas endógenos, desenredarse o enredarse.

Antes de George Walker Bush, el mundo era más seguro y estable. Al parecer, el padre de este troglodita protestante, el señor Bush, sí fue inteligente hasta donde nos dé permiso el término: arregló con Hussein la salida de Kuwait, y la Tierra evitó la hecatombe.

Resultado de ese fanático culto a los baales de la riqueza y el control del planeta, Europa se ve ahora rebasada por la ola de almas huyendo de las secuelas de la política de Bush Jr., en la cuna de la humanidad.

Fuentes lo describió en 2007: “Nada peor puede sucederle a un país que lucha por conocerse que la intervención extranjera que, por definición, desconoce el terreno foráneo que pisa. (…) La ocupación norteamericana dio a Al Qaeda la entrada a Irak que Sadam le negó. Bush no sólo invadió sin causa. Agravió. Creó menos seguridad. Resucitó la plétora de inquinas religiosas y nacionalistas en Mesopotamia”.

He ahí la causa de este drama que alcanzó a los habitantes de Siria: el germen del sangriento Califato es Al Qaeda.

Desde comienzos de año, 366 mil 402 personas han llegado a Europa por el Mediterráneo, según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). Otras 2,800 murieron o desaparecieron en su intento por alcanzar las costas europeas.

Contrario a lo que manda Dios, la “culta y cristiana Civilización de Occidente” provocó este éxodo al revés del bíblico, para que nos demos cuenta qué clase de “dios” mueve los hilos de este sufrimiento: un pueblo es obligado a escapar de Canaán, la antigua Tierra Prometida que mana leche y miel.

IV

Echar en un saco a toda Centroamérica, pero no con el noble propósito de resucitar la Federación, solo tiene un fin: prefabricar la desestabilización y demoler los procesos locales. De ahí el supremo interés de una íngrima derecha radicalizada de intentar “primaverizar” Nicaragua con su agenda.

A partir de 1838, Nicaragua por ejemplo, ya no puede ser comparada mecánicamente con el resto de la región, así como tampoco los otros países, aunque haya intereses comunes en el escenario económico.

La Revolución Sandinista, por ejemplo, fue un fenómeno propio por mucho voluntarismo de ciertos comandantes y altos funcionarios, incluido diplomáticos – que incluso ahora ya no son del Frente Sandinista– de “apoyar” el “parto revolucionario” centroamericano.

Ellos creían que “Si Nicaragua venció”, nacería el “gemelo” “El Salvador vencerá” y el “trillizo” “Guatemala le seguirá”, como sonaban las alegres consignas del Departamento de Agitación y Propaganda, DAP, donde se incubaron algunos de los cuadros que hoy militan en la extrema derecha.

Por supuesto, la realidad fue otra y tan distinta para cada nación. Por eso resuena el fracaso al fondo de la melancólica expresión: “No alcanzamos la Utopía”.

El lugar común de los “vasos comunicantes” que los analistas sibilinos ocupan para no herir susceptibilidades, no son más que algunas Embajadas de los Estados Unidos en el sur, donde deambulan todavía los espíritus de Nixon y Reagan, y las prácticas de Bush.

Cuba, El Vaticano con Francisco y hasta la FIFA se actualizan, pero aún hay algún personal del Departamento de Estado con sus sedes y redes en la dirección contraria: a estas alturas del siglo XXI se oponen a la nueva visión del presidente de la Unión Americana, Barak Obama.

A la luz del día se presentan como respetuosos de los asuntos internos de las naciones, pero en la media noche, allá en lo profundo del bosque de intereses no declarados, como en los cuentos de Nathaniel Hawthorne, siguen adorando al viejo tótem del Gran Garrote.