Tras el pitazo final, el pueblo de Nicaragua abrió los ojos y se dio cuenta que no estaba soñando, que a lo largo de más de 90 minutos lo que se había estado forjando era la victoria más importante del fútbol nicaragüense hasta el momento: la Azul y Blanco se había impuesto 3-2 en Kingston frente a la selección de Jamaica.

Una vez concretizada la victoria no cabía duda: había que celebrar, convertirla en una fiesta nacional, y en todos los rincones del país jóvenes, niños y adultos empezaron a salir a las calles y saludar esta vuelta de página, cuando Nicaragua empieza a ser una selección respetada y dispuesta a dar la cara frente a los más grandes retos.

En la capital del país, Managua, minutos después la población, convocada por la Juventud Sandinista (JS), empezó a concentrarse en la Plaza de las Victorias, coreando “Vivas” a los nuevos héroes nacionales y a entonar el “Nicaragua Mía”, esa canción que festeja el orgullo de ser "Pinoleros por Gracia de Dios".

Desde este lugar miles de fanáticos a bordo de motos, carros y camionetas salieron en enorme caravana por las principales calles de la ciudad, pasando por puntos tan neurálgicos como el Auto Lote El Chele, la Rotonda Centroamérica, Carretera a Masaya y la Rotonda Hugo Chávez.

Para Pedro Orozco, miembro del equipo nacional de la JS, este es realmente un gran regalo en el mes de las fiestas patrias.

Estuvimos “esperando este (partido), y ahora esperando mucho más el que viene el 8 de septiembre aquí en Managua, en el Estadio Nacional”, dijo embargado de entusiasmo.

Orozco aseguró que a esta primera celebración hay que sumar la enorme bienvenida que le dará a los jugadores el pueblo nicaragüense una vez que pisen tierra pinolera.

La selección Azul y Blanca ha sido conocida como una de las cenicientas del área de la Concacaf, pero al asumir la dirección técnica el costarricense Henry Duarte, este empezó a explotar el potencial de los seleccionados y a introducir drásticos cambios que se evidencian en el marcador sobre Jamaica.

“Este triunfo es histórico. Nicaragua jamás había ganado algo tan especial”, dijo en la Plaza de las Victorias el joven Melvin Alberto Jarquín, cobijado completamente por la bandera azul y blanco.

Antes del partido los nicaragüenses tenían fe en un resultado decente, pero también estaban conscientes de la superioridad de la selección caribeña, de tal forma que fue una alegre sorpresa ver como David terminó metiéndole 3 tantos a quien se había perfilado como un fiero e insuperable Goliat.

“Los esperamos festejando. Estamos muy agradecidos con nuestra selección”, aseguró Guillermo Solano, otro de los fanáticos de la selección pinolera..

Cuando el 8 de septiembre Jamaica se vuelva a medir con Nicaragua estará más que clara que tendrá todo en contra: una fanaticada eufórica vestida de azul y blanco y a un grupo de jóvenes futbolistas que han dejado de ser la cenicienta en la región de Centroamérica y el Caribe.