La grave crisis que vive actualmente Puerto Rico no es más que la crisis en la que ha entrado el colonialismo estadounidense. Esa es la reflexión que hace el catedrático y exdecano de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico, Efrén Rivera Ramos, en un artículo publicado por el diario español El País.

El catedrático asegura que existe una disfuncionalidad y un descontento muy serio en el modelo, lo cual es el resultado de más de un siglo de profundas grietas.

“Muy en el fondo, lo que parece haber entrado en crisis es el colonialismo adoptado por EE UU con el objetivo de mantener una posesión de ultramar en el Caribe que le permitiera lidiar con los retos que le presentaban una América Latina convulsa y un mundo bipolar. Las coordenadas de ese mundo han cambiado. Ni EE UU ni Puerto Rico han logrado encontrar un lugar nuevo para esta colonia moderna que está dando señales serias de disfuncionalidad, por un lado, y descontento, a su modo, por otro, a causa, no solo de la crisis fiscal inmediata, sino de las profundas grietas que ha venido acumulando durante más de un siglo”, reflexiona.

Rivera recuerda el hecho de que Puerto Rico no tiene participación efectiva en la política y las decisiones de Estados Unidos, y cita como ejemplo el que el “Congreso ha dispuesto que las mercancías que llegan desde EE UU a Puerto Rico por mar deben hacerlo en barcos de fabricación, matrícula, propiedad y tripulación estadounidenses, lo que encarece absurdamente el costo de vida en el país”.

En relación a la crisis fiscal actual “se ha cobrado conciencia de las repercusiones perniciosas de la decisión del Congreso de prohibirle a Puerto Rico adoptar su propia ley de bancarrotas a la vez que le niega acceso a la Ley de Quiebras de EE UU que autoriza a las municipalidades y corporaciones públicas de los estados de la Unión a acogerse a sus beneficios”, explica.

En el escrito se señala que los avances sociales de la isla a mediados del siglo pasado fueron resultado de las luchas de sectores progresistas internos, aunque también de la convicción de agentes del aparato de poder estadounidense de que ello era necesario “para garantizar la estabilidad y la hegemonía de EE UU sobre un enclave estratégico-militar ubicado en el Caribe”.

No obstante, es el catedrático es enfático en que eso no ha sido suficiente para “erradicar los males endémicos de la pobreza y la desigualdad” y, por tanto, cualquier crisis tendrá “repercusiones dramáticas sobre porcentajes elevados de la población”.

Hace hincapié en la condición de Puerto Rico como un estado vasallo al no ser un estado de la Unión, no ser un país soberano y ser simplemente “un territorio no incorporado” o Estado Libre Asociado, como dispuso en 1952 el Congreso.

Con sus 3.5 millones de habitantes, la crisis fiscal portorriqueña (73 mil millones de dólares) ha sido comparada con la griega y con una potencial crisis española. En el caso de Puerto Rico, los primeros impagos, señala el artículo, han afectado al sector cooperativas, de gran importancia económica en la isla, ya que un porcentaje significativo de sus activos ha sido invertido en bonos del Gobierno de Puerto Rico.

Más aún, las medidas que se habían tomado desde el 2009, impulsado al Ejecutivo a despedir a los trabajadores, modificar las pensiones, recortar los servicios públicos y a aumentar los tributos. Rivera, manifiesta que nada de ello ha dado resultado, a tal punto de dichas medidas más bien terminaron afectando a los sectores más vulnerables.

“Las dificultades fiscales de hoy son sólo un síntoma de problemas estructurales más profundos. Una condición estructural de envergadura es la carencia de un desarrollo económico endógeno sostenible. Esta ha sido una característica constante durante los pasados 117 años. Aun en sus momentos de mayor crecimiento económico, entre 1950 y 1970, Puerto Rico dependió excesivamente de la inversión extranjera, principalmente estadounidense, para crear empleos y generar riqueza. Buena parte de esa riqueza retornaba a su país de origen. Desde hace tiempo, Puerto Rico también exhibe serios problemas sociales: un alto índice de pobreza (45% de la población) y bajos niveles de participación laboral (solo el 40% de los aptos para trabajar está en la economía formal). En diversos momentos ha experimentado emigraciones masivas hacia EE UU y en décadas recientes un aumento de la delincuencia, sobre todo la relacionada con el narcotráfico”, explica el catedrático en el artículo.