La huelga nacional convocada para este jueves en Ecuador no logró contar con una gran adhesión en la población y la disminución de actividades generales resultó menor de lo esperado en todo el territorio del país.

La protesta había sido convocada por las mayores organizaciones sindicales e indígenas del Ecuador para pedir el archivo de leyes, rectificaciones en políticas laborales del gobierno y la suspensión del trámite de enmiendas a la Constitución que, entre otras cosas, permitiría la reelección indefinida del presidente Rafael Correa.

La cantidad de congregados por la manifestación antigubernamental contrastó con el respaldo que demostraron a Correa simpatizantes de su gobierno, que llenaron las plazas en varias ciudades, en especial la Plaza Grande, en Quito.

"En una democracia todos tienen derecho a manifestarse (...) Están atentando con los derechos de las grandes mayorías porque no seguimos lo que ellos dicen", expresó el mandatario desde la Plaza.

Habló ante miles de personas que se concentraron en la localidad, en respaldo a la Revolución Ciudadana y en rechazo a la violencia derechista en esa nación suramericana.

En el día se registraron enfrentamientos entre manifestantes y gendarmes que dejaron 15 policías con heridas leves. Además, se cortaron momentáneamente importantes carreteras del país y en las ciudades la movilidad se entorpeció por la acción esporádica de protestantes que impidieron la circulación normal vehicular.

La policía llevó adelante un operativo con miles de efectivos en todo el territorio en resguardo de la población y de los bienes públicos.

Encapuchados que quisieron ingresar a la fuerza en el palacio de Gobierno fueron dispersados con gases. En este sitio se lanzaron piedras y objetos que afectaron a miembros de medios de comunicación. Los autores fueron apresados.

El presidente siguió los acontecimientos desde su despacho y participó en la mañana en el Encuentro Latinoamericano Progresista de Juventudes, en el que dijo que los hechos del día demostraban que estaba en ejecución "un golpe blando" en su contra y de otros gobiernos de la región.

Correa calificó el paro como un "fracaso" y agradeció a sus seguidores por haber trabajado este jueves "más que nunca".