Las autoridades puertorriqueñas han advertido desesperadamente que de no activarse un plan de salvamento financiero para el país “Libre Asociado” como alternativa ante el vencimiento de la deuda pública, caerá en el impago y entrará en una nueva fase aguda de su crisis fiscal.

Estados Unidos (EE.UU.) -país al que se le adjudica el territorio de la isla desde que asumió su soberanía en 1898, después de la guerra Hispanoamericana- no ha emitido noticia alguna para ofrecer algún “rescate” o por lo menos su intervención para minorizar la crisis.

Pese a que las políticas financieras del Gobierno norteamericano son las que han trazado el destino de la economía de Puerto Rico, no se muestra algún indicio de que EE.UU. ofrezca posibles soluciones para evitar el colapso total del mercado en la nación boricua, tras caer en un impago.

La deuda que venció ayer suma 58 millones de dólares, que sólo representa un tramo de la emisión total de 94 millones que deberán amortizarse a lo largo del año fiscal a la Corporación para el Financiamiento Público (CFP). Mientras que el Banco Gubernamental de Fomento (BGF) destinó el viernes el pago de 169 millones de dólares para afrontar sólo los pagos de los bonos del Gobierno considerados como los “más inmediatos”, así lo informó la presidenta del ente Melba Acosta quien no hizo referencia a la morosidad con la CFP.

"Es 1 de agosto y no tenemos el dinero", dijo ayer el jefe de Gabinete de Puerto Rico, Víctor Suárez, a medios en San Juan. "El pago no se hará este fin de semana. No fue consignado". Dijo además que el Gobierno sólo tenía efectivo suficiente para operar hasta noviembre si no se tomaban medidas adicionales para incrementar los recursos.

Hasta los momentos la única atención que ha manifestado la Casa Blanca fue en junio cuando anunció que ofrecería un “asesoramiento” y un grupo de trabajo con la supuesta finalidad de crear programas que permitan emerger de la crisis; apoyo que a un día del incumplimiento del pago de la deuda no se ha materializado.

Puerto Rico ha intentado en numerosas oportunidades cambiar su condición de Estado Libre Asociado ante el Congreso de los EE.UU pero no ha contado con el apoyo de los republicanos ni con la debida atención del Gobierno de Obama, a sabiendas que la libre determinación de la isla le permitiría solicitar ayuda financiera a otras naciones.

El formar parte del territorio estadounidense, no le da a Puerto Rico tampoco la opción de recibir apoyo legal y declararse en banca rota como lo hizo Detroit. Es decir que son pocas las posibilidades que tiene de superar la deuda pública superior a los 72 mil millones de dólares, generada en gran parte por la enorme cantidad de subsidios que otorgaba anteriormente EE.UU. como una especie de “populismo” que acostumbró a la población a no trabajar y a emigrar fácilmente a Florida y otros estados norteamericanos.

Este no pago de Puerto Rico es el más notable desde que Detroit, que tenía cerca de 8 mil millones de dólares en deuda, incumplió el pago de mil 450 millones de dólares de bonos de pensiones asegurados, previo a solicitar la protección por bancarrota en 2013. Esto, sumado a las privatizaciones, recortes sociales, migraciones masivas y el desempleo vislumbran no sólo un “defaul” si no un espiral vicioso de crisis que tuvo un origen pero que no asoma un final.