Más allá de lo que se deduce de los tomates y zapatos que cientos de egipcios lanzaron contra su bien resguardada caravana en Alejandría, la diplomática estadounidense se hizo merecedora de burlas, multiplicadas en la misma proporción que cumplía su agenda oficial.

"Quiero ser clara de que Estados Unidos no está en la búsqueda de ganadores o perdedores en Egipto", fue una de las frases de Clinton que más irritó a quienes la calificaron de cínica y oportunista.

En sus encuentros con el presidente egipcio, el islamista Mohamed Morsy, y con el jefe del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), mariscal de campo Mohamed Hussein Tantawi, la emisaria de Barack Obama condicionó claramente ayuda económica a la seguridad para Israel.

Activistas acusaron a Estados Unidos de recurrir a tácticas para "mantener su dominio y garantizar la protección a Israel, su verdadero aliado", con el que Egipto firmó en 1979 el tratado de paz de Camp David que le aseguró al país árabe una abultada ayuda millonaria anual.

El Cairo recibe cada año de Washington una asistencia de 1,5 mil millones de dólares, el 65 por ciento de la cual (1,3 mil millones de dólares) se destina a ayuda militar.

Además de la garantía de una cálida bienvenida en Tel Aviv, algo que se daba por sentado, Clinton se enredó al instar a autoridades egipcias a conducir una transición democrática y, a la vez, validar el poder omnipresente de los militares en la vida política.

"Deseamos apoyar principios, valores", agregó en un intento por responder a las descalificaciones de cristianos, laicos, liberales y revolucionarios egipcios, pero sin evitar que algunos activistas se mofaran de su frase "Estados Unidos no toma partido en Egipto".

Esos sectores, que se oponen al gobierno de la Hermandad Musulmana (HM), personificado en Morsy, acusaron a Washington de "doble juego" al hablar con el presidente de democracia y de Estado civil, y con Tantawi de "firmeza" -con lecturas distintas- respecto a Irán e Israel.

Clinton insistió en que la Casa Blanca apoya la "democracia real" en la cual "ningún grupo o facción o líder pueda imponer su voluntad, su ideología, su religión, sus deseos o cualquier otra cosa".

Un mensaje similar trasmitió en reuniones con mujeres y cristianos, dos grupos que temen que sus derechos se vean cercenados con la llegada a la presidencia de un hombre de la cúpula de la HM.

Pero sin el espaldarazo al CSFA no se explicaría que el jefe militar que gobernó Egipto hasta el 30 de junio afirmara a la agencia oficial MENA que este país "es para todos, no sólo para un grupo, las Fuerzas Armadas no lo permitirán", en alusión implícita a la citada Hermandad.

Algunos manifestantes frente al hotel donde se hospedó la jefa de la diplomacia norteamericana o los lugares que visitó señalaron a Prensa Latina que, si no fuera por lo serio del caso, "sería como para morir de la risa" por su frase de "Washington trata con liderazgos electos".

"Es curioso que tengan bases (militares) en el Golfo (Pérsico) y apoyen a monarcas vitalicios", ironizó Mahmoud, empleado de tiendas de artesanías, mientras una multitud lanzaba botellas de agua, zapatos y tomates que no alcanzaron a la caravana debido al cordón policial.

Las expresiones de descontento por la visita movilizaron a cientos de personas en El Cairo y Alejandría, muchas con pancartas en las que recordaba a Clinton que "Egipto no será Paquistán", "Usted no es bienvenida en Egipto" y "América, apoya la libertad, no la teocracia".

"Compensación para las víctimas de las torturas estadounidenses en Guantánamo", le recordaron en otro cartel movido por activistas que acompañaban a un exprisionero en silla de ruedas en el centro cairota, mientras algunos quisieron traerle a la memoria momentos muy aciagos.

Un grupo coreó "Mónica, Mónica", en referencia a la infidelidad de su esposo, el entonces presidente norteamericano William Clinton, cuando tuvo sexo con la pasante de la Casa Blanca de apellido Lewinsky.

Detractores de Clinton, como el estudiante de Derecho Ahmed El-Hafez calificaron la visita de "puro show" y la actual escala en Israel un momento para "cambiarse el traje de hada de cuentos", léase reafirmar la conocida e invariable política estadounidense en Oriente Medio.