I

Si acaso alguien desconfía de las encuestas porque sus preferencias partidarias están por el suelo y cree que todo el mundo también está con el mismo duelo, ahí en la Plaza de la Fe estaba el inmenso dato de carne y hueso, excedido en la Avenida de Bolívar a Chávez y sectores aledaños. ¿Quién puede inventar a una vasta humanidad con banderas rojinegras de juventud?

El Frente Sandinista de Liberación Nacional goza de una victoria adelantada del 52.4% de simpatía políticas, como señala la última medición de M&R y el sentido común. Mientras, el comandante Daniel Ortega suma un 72.5% de opinión favorable. No solo se trata de barras estadísticas: son ríos desbordados de nicaraguanidad.

Salvo ciertas procesiones, no hay un partido territorial que pueda unir tantas almas, en las urnas o en las plazas. Como en las calles y las encuestas, no son las primeras evidencias de las facultades del sandinismo para mover a buena parte del país.

El laurel del FSLN en 2011 fue una demostración contundente y colosal. Su registro de marca lo constituyeron las multitudes no uniformadas, sino diversas y mejor informadas. Multitudes solo comparable con el 20 de julio de 1979.

Sectores de oposición a la verdad, viendo a las inmensas mayorías porfían de las encuestas y atacan la capacidad del partido de volverse en tantas vidas a la vez, creando derroteros de dignidad.

El FSLN fuera del poder, no desembocó en la dispersión, síntoma de la lipidia inevitable que sufren las organizaciones que no trascendieron sus paradigmas inútiles.

El Frente más bien amalgamó cantidades de ciudadanos que mantuvieron sus banderas de paz y llenaron las arterias de la nación o marcaron la ruta de El Repliegue. Es decir, no se necesitó del aparato del Estado para prefabricar una portátil como fue costumbre del neoliberalismo. Los 19, como el Frente, no son artificios. Por eso a la derecha conservadora les amarga tanto y se valen de cualquier cosa para descargar sus odios.

Quizás habrá alguno dentro del Estado que no comprenda a cabalidad lo que significa el FSLN y desconozca, por falta de sandinismo, los sentimientos de la gente. Ningún favor se hace al Frente en sus sentidas efemérides si en vez de persuadir y convencer, se recurre al expediente fácil del memorándum.

Para quienes desde adentro le facilitan a la derecha su “trabajo”, recuerden: la “burocracia popular” y no el “imperialismo”, derrumbó al socialismo europeo.

II

Las fuerzas del Frente de 1979 hasta 1984, ya no podían generar después de los 90, y entrada la nueva centuria, otra aplastante derrota sobre los sectores que representan el pasado de Nicaragua.

En otro contexto, los efectos producidos por la caída de la versión europea del socialismo, el surgimiento de un nuevo Mapamundi y el asomo de un sistema unipolar, urgían escribir inéditas páginas en la historia del movimiento revolucionario.

Obviamente un Frente estático, anti dialéctico, cerrado como un monasterio de iluminados, ya no era capaz de provocar otro triunfo histórico. Los pueblos no se alimentan de dogmas ni recuerdos.

El punto de inflexión del sandinismo está en 2011, como resultado de las novedosas propuestas que empujaron la candidatura del comandante Daniel Ortega en 2006 y el desmontaje pulgada a pulgada de toda la guerra sucia de la derecha.

Del triste dicho Dirección-Nacional-Ordene al hecho del Pueblo-Presidente, hay mucho trecho. Y no fue un simple cambio de consignas. Que el comandante Daniel Ortega y la escritora Rosario Murillo junto a los comandantes Tomás Borge y Bayardo Arce, atisbaran los retos imprevistos fue un notable avance.

Por ser mujer, algunos no le reconocen a Rosario que las nuevas victorias del Frente contienen mucho de su escritura. La ciudadanía sí: la ubican en el primer lugar entre las personalidades de mayor agrado en el país, con un 76.4%.

Bien se ve que reconstruir la confianza de la sociedad en el sandinismo ya no dependía tanto de cuadros históricos de verde olivo o civil que al final evocaban los duros y aciagos años 80, como de abrirle las puertas a la realidad nacional a como viene: su gente, sus propiedades, su fe y cultura; productores, académicos, movimientos sociales, juventudes, trabajadores, empresarios…

Localizar el espíritu avanzado de la nación es un salto adelante: Nicaragua se vuelve protagonista de lo nunca antes visto.

III

Una prueba de que la sociedad no quería ser una suerte de mujer de Lot, convertida en estatua de sal por quedar viendo hacia el pasado, es que ex comandantes y cuadros que se fueron del Frente Sandinista, no pudieron llevarse al Frente Sandinista. La inmensidad del pueblo no lo permitió.

Algunos críticos desde el sandinismo no comprendieron que eran necesarios y urgentes introducir la Revolución en la Revolución, si acaso querían que el Frente Sandinista retornara al poder. Pero regresar al Gobierno no significa reciclar los mismos calendarios. Al contrario, para alcanzar el éxito colectivo la única vía era, es, actualizar al FSLN.

Las nostalgias no producen votos, el ayer no es siempre una buena compañía del hoy, la hoja de vida de un valiente guerrillero sin duda es valiosa, pero no se trata de administrar los viejos tiempos.

Para causar victorias del tamaño de este siglo quinceañero, necesario es asumir los Nuevos Tiempos, si por ventura se considera el poder como un eficaz vehículo para transformar Nicaragua. Y con ello reconocer, además, a los combatientes y colaboradores históricos que son dignos de un mejor presente, sin tener por qué derrapar en los errores de los 80, cuando unos cuantos dirigentes y cuadros intermedios se creyeron la Calle Atravesada de la Revolución.

Incluso ahora, esos mismos ex sandinistas no pueden reprimir su malestar por ver a la muchachada en la Plaza, acusando a la juventud de “desconocer la historia”, un angustioso eufemismo para no admitir con franqueza sus deseos de ser glorificados.

Rigoberta Menchú, la Premio Nobel guatemalteca, lo dijo bien con toda la sabiduría del pueblo maya: “Esto es una revolución incluyente, plural, diversa; no es tanto una revolución homogénea del que toda la gente tiene que hacer lo mismo y tiene que pensar lo mismo, sino, aquí hay unas libertades bien profundas” (El 19 Digital).

Las revoluciones verdaderas no envejecen.