I

El mensaje “36/19... ¡Y Vamos Adelante... en Fé, Familia y Comunidad!”, firmado por la escritora Rosario Murillo, convoca la esencia del general Augusto César Sandino: su Fe. Es evidente ese soporte espiritual en los anales del sandinismo.

“Lo Mejor, Siempre está Más Allá, y debemos crearlo, avanzando, Siempre Más Allá, en el Legado, en la Heredad, en la Inspiración, en la Vibración, en la Sinfonía Espiritual Potente, en la Sintonía Espiritual Potente, en el Esfuerzo y el Ánimo inagotables, con que Dios bendice a Nicaragua”.

La fe es condición básica del ser humano, que puede cultivarla o desecharla, pero es indispensable para el pueblo cristiano. Es el oxígeno que Dios ha provisto a sus criaturas para algo mejor que solo existir en el “aquí”, con minúscula, sino también, para todo creyente, vivir el “Más Allá”. Con notables mayúsculas. Y vivir es más que existir.

Para algunos puede que las palabras de la intelectual sandinista suenen a “pura poesía”, otros podrían alegar según lo que haya en su corazón, pues nadie da lo que no tiene. Algo sí es ineludible: el reencuentro con las partituras originales de Sandino es fundamental.

Augusto César Sandino jamás habría compuesto tantas páginas gloriosas en el reino de los hombres, si Alguien, más allá, no se lo autorizara y lo respaldara.

Carlos Fonseca, quien enseñó la historia de Sandino a la juventud a través del camino conocido como Frente Sandinista, llama a la fe del General “entereza superior para soportar todo tipo de privaciones y dificultades materiales”. Incluso, después de resultar con su “salud gravemente quebrantada en 1929” y al siguiente año, durante un bombardeo de los Marines.

Carlos describe: junio de 1930. Es herido en la pierna izquierda por un charnel de una bomba lanzada “por la aviación yanqui sobre Saraguasca”. Luego, relata algo asombroso: “Se recuperó de la herida PRÁCTICAMENTE SIN ASISTENCIA MÉDICA, CON SOLO LOS CUIDADOS EMPÍRICOS que le podían ser suministrados por sus camaradas de armas”.

El comandante Carlos retrata: “Fiel a sus palabras se mantuvo Sandino, en su propósito de expulsar la invasión armada, y aún más allá…”.

El Nicaragüense Invicto –así enaltece Carlos al Héroe– vivió en una oscura época en Nicaragua, gobernada por sombras movidas desde la Metrópolis, pero, aun así, logra brillar como un ser de luz. Comprendamos, pues, al General, porque hay quienes viviendo relativamente un cómodo siglo XXI, en comparación al periodo 1926-1934, le acusarán de herético o llevado por ideas mágicas.

No fue sino con el papa Juan XXIII (1881-1963) y su aggiornamento, que la Iglesia Católica –devenida en una suerte de club social de encopetados conservadores– abre sus ventanas a los Nuevos Tiempos: radiografía los pecados del poder, la injusticia hacia los pobres, la opresión de las naciones ricas contra las subdesarrolladas; señala directamente la inequidad del mercado y exhorta a los gobiernos dignificar a los pueblos.

Y sobre todo, manda a los curas dar misa de frente a los fieles, ya no dándoles la espalda, ni física ni socialmente, a sus problemas, y especialmente que anuncien el evangelio en el idioma vivo de cada país.
Fuerzas del mal impedían la difusión masiva de la Biblia en el mundo y quien fuera evangélico en Nicaragua, por ejemplo, resultaba hostigado y en algunos casos apedreado. Hasta entonces una lengua muerta producía corazones muertos, insensibles. Y Cristo es Vida y vida en abundancia.

El poeta Azarías H. Pallais (1885-1954) fue uno de los pocos sacerdotes, si acaso no el único, que se opuso a los ataques de las turbas fanáticas a la incipiente Iglesia Evangélica.

II

Los sectores más reaccionarios y los poderes de ese tiempo casi lapidan a Angelo Roncalli por “socializante”, “procomunista”, por acercar la Iglesia a la gente y sus angustias, y redactar dos célebres Encíclicas cuestionadoras del statu quo.

El cardenal Loris Capovilla (1915), su secretario privado, escuchó las palabras finales de aquel gran espíritu.

“Mientras estaba en agonía, me hizo señal de que me acercara a su cama. Le tomé las manos y le pedí perdón. Le dije: ‘No fui el hombre que merecía, fui sincero, leal, pero podía haberlo hecho mejor...’. El me interrumpió: ‘Loris, déjalo. Lo que importa es que cumplimos con nuestro servicio según la voluntad del Señor, que no nos demoramos recogiendo las piedras que nos iban lanzando por el camino. Hemos callado, perdonado, amado’”. (La Tercera, 2014).

Si así maltrataron al Papa, qué no harían con nuestro héroe y otras almas que buscaron a Dios por caminos distintos al de las jerarquías endurecidas al servicio de las élites.

Sandino se sacrificó por la paz en 1934; 24 años después, el cardenal Roncalli sería elegido Papa (1958-1963). Este es el contexto del patriota: “Campesino de inteligencia natural, venciendo la medieval opresión del medio, aprende a leer y escribir”. (Carlos Fonseca, Obra Fundamental).

III

“En el Misterio de la Fe, está la Fuerza. Para cambiar la Historia”, reconoce Rosario.

Sandino confiesa a José Román que el peso de la lucha sobre sus hombros, “le abren a uno un sentido extra mediante el cual todas las cosas adquieren una nueva dimensión y la capacidad de juicio es más serena.

“La quietud y la inmensa soledad de quien ya no tiene a quién recurrir para tomar las decisiones que tienen que tomarse, le ponen en contacto con algo más allá de su propio ser, ¡Más Allá de todo lo humano!”. (“Maldito país”).

Leyendo la biografía del mandatario Diego Manuel Chamorro, quien empezó lo que terminaría siendo conocido después como el Tratado (Emiliano) Chamorro-Bryan, vemos el adjetivo “repentino” que don Cipriano Orúe utiliza para describir el deceso del Presidente, “en pleno ejercicio de sus funciones en Casa Blanca, residencia presidencial” (“Presidentes de Nicaragua”).

El 17 de octubre de 1923 sucedió algo más y no necesariamente localizado en el ámbito de los efímeros.
El General Sandino en su Carta Abierta al presidente Herbert Hoover, 6 de marzo de 1929, asegura: “La Justicia Divina marcó el ‘alto allí’ a la vida de don Diego Manuel Chamorro, presidente de Nicaragua, en la época en que celebraron los Tratados del Tacoma.

“Hay que convenir en que existe un Soplo Divino de Justicia que está con nosotros y que es tempestad para los mal intencionados”. Sandino va ¡Más Allá!

IV

“Creyendo, creando, pensando como Sandino, que Siempre debemos ir, Más Allá...”, insta Rosario.

Sandino estaba bien compenetrado del “¡Aquí!, “a la luz de la propia realidad”, pero también, y mucho, en lo generado por el Más Allá.

“Yo supongo –escribió a Blanca Aráuz– que nuestro triunfo no admite dudas, pues Dios no solamente ha favorecido nuestra causa, sino que se ha convertido en parte interesada”.

La escritora nicaragüense ha asegurado que la conmemoración del 19 de Julio será un “Colorido y Vibrante Acto de Agradecimiento a Dios, por un Año más de Vida, Salud y Fuerza”.

La recuperación abierta de la fe cristiana en el sandinismo, porque Sandino creyó en Dios, es un salto de calidad en el FSLN en estos últimos tiempos. Es su legado. Otra lectura de Sandino podría resultar mecánica e insuficiente, pero está en cada quien juzgarlo.

La fe del General en el Señor era infinita. Tanto así que con cinco años de anticipación vio derrotados a los Marines.

En su carta a Blanca, sostiene: “Que todas las grandezas que ostentan los piratas no deslumbren a ustedes, porque las grandezas de Dios son las protectoras nuestras. Los piratas se irán de nuestro territorio y ni ellos mismos podrán dar después una explicación de lo que les obligó a derrotarse”. (El Chipote, 6 de octubre de 1928).

En 1933, las tropas de ocupación de los Estados Unidos se fueron “de nuestro territorio”. La Palabra tiene poder.

Y esto no es asunto de manipulación religiosa, como dirían los espíritus menores, negados de toda humildad al despreciar los hechos: si el Señor Yahveh no guarda la ciudad, en vano vela la guardia, advierte un Salmo.

Los enormes avances de la humanidad no nacen de los odios, menos de los resentimientos. Sandino reconoció al que Todo lo Puede, como en la plaza se hará el 19: solo Dios mueve la Historia.

Hay que ser agradecidos.