No han entendido que son una hondonada sepulcral llena con la sangre de miles de nicaragüenses que durante décadas sufrieron bajo el yugo de potencias económicas extranjeras.

Estos VAMPIROS que –descaradamente- exigen diálogo son los mismos que hace años vendieron la distribución de la energía eléctrica, la telefonía, nuestro tren, bienes de nuestras fuerzas armadas, le quitaron la pensión a los jubilados del INSS, retiraron el vaso de leche a los niños, trataron de arrebatarle el 6% a las universidades y hasta recortaron el presupuesto a deportes y por eso nuestras selecciones casi no viajaban para representarnos.

¿No fueron ellos acaso? ¿No son los mismos?

Exigen diálogo como si fuese confiable darles la mano sin que la otra se meta en el bolsillo trasero de nuestros pantalones para robarnos la cartera. Y lo han demostrado durante años, sin excluir uno solo. Pero claro, quieren dialogar.

Un vampiro es, según el folclor de varios países, una criatura que se alimenta de la esencia vital de otros seres vivos (usualmente bajo la forma de sangre) para así mantenerse activo.

En algunas culturas, el vampiro es una deidad demoniaca o un dios menor que forma parte del cementerio siniestro en sus mitologías.

Y en la cultura nicaragüense, los vampiros son los de bandera roja “sin mancha” y los otros grupos minúsculos de enlodada reputación que aspiran a ser fuerzas políticas de popularidad, pero fracasan diariamente, siendo ridiculizados a marionetas con las costuras rotas y financiados por bancos mayores.

Atentan contra la tranquilidad, contra la paz, contra el orden, contra el trabajo, contra la armonía y pretenden que el pueblo crea sus historietas pintadas con crayones mojados que rompen cualquier tipo de papel.

Causa demasiada pereza y se esfuerzan demasiado los dedos y las manos al escribir sobre la miseria mental que los colapsa; pero hay que hacerlo para mencionar la falta de vergüenza que adorna sus cabezas. Encima tienen aureolas oscuras que hace que los identifiquemos como vampiros de ultratumba.

Se lanzan contra la policía, se dejan caer al suelo, atentan contra la propiedad pública, agreden a los oficiales, molestan a la gente que transita con tranquilidad en las calles; y luego unos cuantos medios respaldan el pésimo acto teatral.

Jamás se podrá dialogar con vampiros parasitarios que han dejado abierta una herida difícil de curar; el resentimiento de una nación entera que nunca los perdonará y que no volverá a confiar en quienes mantuvieron vivo el hambre, la desnutrición y la pobreza.

Hay que olvidarse de estos vampiros fantasmas y reconocer que en Nicaragua sí hay diálogo; pero no con ellos.
En 2004 los ingresos en Inversión Extranjera Directa alcanzó apenas 266 millones de dólares; pasando a 382 millones en 2007, cuando el Frente Sandinista con el Presidente Daniel Ortega reinició la Revolución nicaragüense.

Las cifras siguieron creciendo, llegando a 968 millones de dólares en 2011 y 1,388 millones en 2013. Y las proyecciones son superar los 1,500 millones en 2015; y se logrará seguramente.

Todos estos son datos recopilados por la agencia de promoción de inversiones PRONicaragua y el Banco Central.

Y precisamente esos datos inmensos para la economía nacional son producto de los esfuerzos que desde 2007 hace el gobierno para consensuar las decisiones con quienes se debe, con los empresarios que junto con las manos laboriosas pinoleras, son el motor de crecimiento del país.

Ese año el gobierno instaló los llamados Ejes de Desarrollo, acto que se realizó en las instalaciones del INCAE durante una noche lluviosa; siendo un modelo que se sigue fortaleciendo.

La administración sandinista ha sido extremadamente acertada al momento de sentarse en una mesa para discutir cómo sacar adelante a un trozo de tierra centroamericana que fue desangrada por los vampiros que mencionamos antes.

El modelo de diálogo y consenso que se estableció con los empresarios ha sido tan exitoso que se incluyó en la más reciente reforma constitucional para colocar estos acuerdos como metas alcanzadas por la nación y no entre cúpulas. ¡Eso sí es un diálogo!

Al mismo tiempo los trabajadores tienen voz y voto cada 6 meses cuando es momento de acordar el incremento al salario mínimo.

Son intensas rondas de negociación entre empresa, gobierno y trabajadores que al final repercuten en la economía de cada uno de los nicaragüenses; por mucho que se diga que salen chispas de esas discusiones, el acuerdo es firmado, ratificado y ejecutado. ¡Eso es diálogo también!

El gobierno se ha sentado con todos los miembros de todas las denominaciones religiosas; no ha discriminado a ninguna y los medios de comunicación han reportado todos esos encuentros. Se han escuchado sus demandas, sus posiciones y se han respetado dentro de un mapa de tolerancia y solidaridad. ¡Eso es un diálogo útil!

La joven Ana Carmen Martínez, miembro de la Juventud Sandinista, plantea en su perfil en redes sociales que los jóvenes definitivamente están en las calles como medida necesaria para hacer sentir al pueblo que están respaldados.

“Por el CSE ayer había una manta que decía: ‘No tengan miedo... Jóvenes salgan a las calles’. Yo me pregunto al ver las fotos que les estoy compartiendo de Juventud Presidente; ¿acaso nosotros no somos jóvenes? Porque les comento a los que no pudieron estar o no se dieron cuenta que marchamos toda la dirigencia del país de cada movimiento juvenil, es decir la representación de un sinnúmero de jóvenes de cada municipio que trabajan y desarrollan sus habilidades a través de Juventud Sandinista”.

De esa manera la dirigente juvenil demuestra que hay entendimiento con los de menor edad; que se asolean todos los días, levantando casas, asistiendo a los afectados por las lluvias y desastres naturales, llevando paquetes alimenticios a las familias más pobres, entregando techo a los desposeídos y muchas misiones más.

¡Eso es producto del diálogo también! Con los que tienen fuerza en sus manos y piernas para AYUDAR y no para atentar contra la seguridad ciudadana.

Un diálogo no se entabla con cualquiera. Se programa y se lleva a cabo con seres humanos; no con vampiros que salen a clavar sus colmillos en los cuellos de un pueblo de vez en cuando, obedeciendo inmediatamente a sus financiadores.

Erick Ruiz José
Periodista TN8
@Erick_Nicaragua