El país, la cuarta economía de la Eurozona tras Alemania, Francia e Italia, no está incluido en el grupo de los "rescatados oficiales" como Grecia (dos veces), Irlanda, Portugal y quizás pronto Chipre, pero se encuentra en una zona indefinida o mixta, informó DPA.

"Euro crisis: the pain in Spain", (crisis del euro, el dolor de España) titulaba esta semana el periódico británico The Guardian en alusión a la difícil situación del país, actualmente en recesión (que podría prolongarse hasta bien entrado 2013) y con previsiones de desempleo que podrían superar el 25 por ciento, según la Organización para la Cooperación y el Desarollo económico (OCDE).

El titular de agregaba una lectura política: "Mariano Rajoy se ha creado una especie de reputación por contradecirse a sí mismo". El periódico se refería a los cambios de rumbo que ha tenido que aplicar Madrid para intentar contener la hemorragia de la crisis, entre ellos la anunciada subida del Impuesto sobre el valor añadido (IVA) o el recorte de sueldo a los funcionarios.

Y es que España, según se admite abiertamente en Bruselas, es la gran preocupación de la UE, por encima de Grecia, cuya grave crisis de deuda parece contenida, Irlanda, que transita por la vía correcta para enderezar sus cuentas, o Portugal, que se mantiene en la áspera senda de los ajustes.

"Es evidente que Europa se encuentra en una fase de declive como proyecto político. La Europa unida (nacida en 1957 con solo seis países) está obligada a reinventarse para sobrevivir como modelo de Estado de bienestar, de respeto a los valores democráticos, incluso como la -todavía- mayor potencia comercial del mundo. La Eurozona atraviesa un momento crítico y España es uno de los grandes dolores de cabeza", comentó Jacques Pelkmans, experto en relaciones internacionales del "think tank" de Bruselas European Policy Studies.

Desde que el pasado lunes el Eurogrupo liberó un primer tramo de ayudas urgentes para el sector financiero español, por 30.000 millones de euros (sobre un total posible de 100.000 millones), se han sucedido los análisis, valoraciones y comentarios sobre qué ha pasado exactamente con el país: ¿Está intervenido, tutelado, vigilado, en cuarentena económica o -directamente- bajo el paraguas protector -y fiscalizador- de la troika, el trío de "hombres de negro" formado por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el FMI?

La manera y velocidad cómo se desarolle la crisis en España en los próximos 18 a 20 meses, cuando según fuentes comunitarias se irá desembolsando el resto de ayudas europeas a la banca española, será la "prueba de fuego" para la superviviencia de la Eurozona, según opinión coincidente de numerosos analistas.

¿Se convertirá al país en una especie de "conejillo de indias" de Bruselas, Francfurt y Washington para ensayar una fórmula heterogénea de semi-rescate o tutela?

No parecen existir muchas razones para exhibir un optimismo excesivo por parte de las autoridades españolas. Habrá, según han filtrado algunos medios, cerca de 32 condiciones para el sistema financiero español y también en política fiscal, además de exigencias de provisiones de capital (ratio) de un 9 por ciento hasta 2014, la creación de un "banco malo" (con activos tóxicos) o la obligación a los bancos que perciban ayudas de la UE de vender activos e imponer pérdidas a las acciones preferentes.

El hecho de que la troika pueda realizar visitas trimestrales a España para fiscalizar la aplicación de las medidas correctoras del déficit, con el objetivo de colocarlo lo antes posible (2014 o más adelante) bajo el límite del 3% del producto interior bruto (PIB), no es un síntoma de independencia de acción para España, aunque sí apunta a lo que podría ser la tendencia a medio plazo en la Eurozona: la mayor cesión de soberanía económica a Bruselas.

Por encima del catálogo de condiciones que deberían quedar perfiladas para el Eurogrupo del próximo día 20 de este mes, con el problema de España, la UE abre el debate sobre "un nuevo concepto de Europa", acerca de lo que el Viejo Continente querría ser en las próximas décadas, según apunta hoy el periódico alemán Berliner Morgenpost en un comentario editorial.