Si usted no vota, sencillamente no reclame; no se atreva ni a levantar un dedo ni a vociferar sobre el desgastado tema de la violación de sus derechos.

Si usted no vota, no se queje. Porque no ayudó a que su pueblo decidiera. Dejó esa responsabilidad en otras manos pensando en que su X en una casilla o tan siquiera su abstención no representan nada.

Quizás escuchó a algún “opositor” hablando sobre lo innecesario que es votar; y es algo hasta comprensible, tomando en cuenta que en Nicaragua no existe ninguna duda de que el FSLN sigue sumando el respaldo de los ciudadanos, con argumentos que todas las encuestan reconfirman.

Sin embargo, hacerle caso a discursos sesgados que llaman a la rebeldía el día de las elecciones, es el primer paso para dejar de ser patrióticos y democráticos. Porque si queremos que una propuesta florezca, debemos votar. Y si queremos que una propuesta permanezca, debemos votar también.

Los españoles han sido grandes escritores de frases sobre el voto; como lo dijo Adolfo Suárez, presidente del Gobierno de España entre 1976 y 1981: “El futuro no está escrito, porque sólo el pueblo puede escribirlo”.

El citado político convenció a tanta gente para que votara por él debido a la importancia que le dio al sufragio, como característica sine qua non de un pueblo necesitado de una nueva conducción política. Fue reelecto en 1977 respaldado indiscutiblemente; entre otras cosas, por su férreo llamado al voto, entendiendo que si el pueblo acude a las urnas y marca su boleta está siendo democrático.

Lo mismo ha sucedido acá y en tiempos como estos, es más que seguro que Nicaragua se siente empoderada porque su opción política está donde está gracias a la decisión que se ha tomado de participar en la fiesta cívica cada 5 años en el primer domingo de noviembre.

Las caricaturescas figuras de la oposición liberal nicaragüense “protestaron” hace un par de días frente al Consejo Supremo Electoral señalando que “esperamos que el comandante (Daniel) Ortega entre en razón de que queremos elecciones libres y transparentes”.

Por lo que no es absurdo hacerse la pregunta; ¿por qué entonces esas damas y caballeros ocupan sus curules?

Las “metanfetaminas mediáticas e inescrupulosas” con las que quieren atontar a la nación, dentro y fuera de ella, son rechazadas a lo inmediato por los nicaragüenses que deciden respaldar a un gobierno revolucionario.

Al mismo tiempo en que enlodan los procesos electorales también se juramentan y asisten al plenario, negocian puestos en otras instituciones estatales y completan en tiempo y forma (algunos de ellos) los requerimientos para competir.

Otros fallan y desaparecen; buscan aliados y participan de nuevo.

Se hacen llamar “Movimiento Democrático”; “Unión de Demócratas”; “Circo de Interesados”; etcétera. Pero llaman al pueblo a que descuarticen su derecho al voto, haciéndoles pensar que votar no es una obligación ciudadana. Porque es algo más allá de un deber. Es una colaboración con la democracia; misma que los sigue golpeando y abriendo sus ojos para llorar sangre al reconocer sus enormes grietas.

“Hoy es un día de júbilo, fe, democracia y de patria, el pueblo venezolano nos está dando una lección, estoy seguro que todos los líderes políticos estaremos a la altura”; dijo el Presidente Hugo Chávez Frías luego de votar el 7 de octubre de 2012 en la escuela técnica ‘Manuel Palacio Fajardo’, en la parroquia ‘23 de enero’, ubicada en el municipio Libertador.

El Comandante decía esto dándole valor a la importancia de votar; como soberano derecho de cada uno de los que deciden sobre cuál vía debe enrumbarse su país. Y así como ha sucedido en Venezuela, también en muchos otros países cuya gente demuestra que el mejor respaldo para su partido político es VOTAR. Porque es la manera más eficiente de confirmar que son parte de la historia y que han delegado en un hombre o mujer sus esperanzas de progreso.

Esa es la fuerza de estandartes como Evo, Rafael, Daniel, Dilma y muchos más que llaman al voto. Porque saben que si eso faltara no tendrían ningún respaldo, entonces sí habría por qué cuestionar sus victorias. Pero eso no sucede, los gobiernos democráticos son los que llaman a levantarse temprano para acudir a los centros de votación.

La doctora María Isabel Pérez Enríquez, de la Universidad Autónoma de Chiapas cita en un ensayo lo siguiente: “La participación ciudadana en la vida política es muy importante. El sistema democrático se sustenta en el principio de que el poder reside en el pueblo. Por ello es necesario que este haga oír su voz a través de los distintos mecanismos de los que dispone. Sin duda, el voto es la forma más generalizada de participación política”.

Y esa es la clave. Saber que si no votamos, de la manera que queramos, estaremos dejando que otro decida.

Entonces, ¿cuánto de democráticos tendrán los que convocan a la rebeldía? Si hasta ellos mismos son los primeros en votar porque hasta da mucho gusto hacerlo.

Erick Ruiz José
Periodista de TN8
@Erick_Nicaragua