Una creencia común entre las familias es que el enrojecimiento de los ojos luego de un baño en la piscina es producto del cloro que se utiliza para mantener el agua limpia.

Todos hemos estado equivocados.

Según científicos, resulta que dicho enrojecimiento es causado por la orina, sudor y demás impurezas expulsadas por los cuerpos de los bañistas.

El cloro, al combinarse con los desechos corporales humanos, forma un compuesto químico que es el que irrita los ojos.

“Ese olor a ‘cloro’ en las piscina no es de hecho cloro”, explicó Chris Wiant, del Consejo Estadounidense de Salud y Calidad del Agua.

“Lo que hueles son los químicos que se forman cuando el cloro se mezcla con orín, sudor y suciedades de los nadadores”, agregó.

La solución a este problema, según los expertos, es simple: la cortesía.

“Los bañistas deben ocupar la piscina para nadar, el baño para orinar y las regaderas para lavarse antes de entrar a la piscina. Es así de simple”, aclaró Wiant.