El Gobierno de Grecia, encabezado por el primer ministro Alexis Tsipras, acusó a los acreedores de su país de chantaje, con el fin de aceptar un acuerdo que lesionaría a los sectores más vulnerables económicamente en esa nación.

La última reunión entre Tsipras y la canciller de Alemania, Angela Merkel, y el presidente francés, Francois Hollande, no terminó en acuerdos.

De no llegar a un acuerdo este fin de semana, Grecia podría ser señalada de “impago” de un desembolso de su deuda al Fondo Monetario Internacional (FMI), lo que podría acarrear mayores consecuencias a la frágil economía del país europeo.

Tsipras, sin embargo, afirmó que no aceptará ni chantajes ni ultimatums, y que defenderá los principios de democracia, solidaridad, igualdad y respeto mutuo.

"Estos principios no se basan en el chantaje y los ultimatums", afirmó en inglés, aunque no descartó aceptar un acuerdo y funcionarios dijeron que continúan los contactos en busca de un compromiso de último minuto.

De aceptar las reformas propuestas, Grecia vería liberados fondos para evitar el default, a costa sin embargo de reformas a las pensiones, leyes laborales e incluso alza de impuestos que pagaría el pueblo griego.