La guerra entre los taxistas franceses y los autos con chofer de Uber estalló hoy a la mañana en París y las principales ciudades francesas, con violentos incidentes e intervención de la policía antidisturbios. Los taxistas salieron a la calle para protestar y frenar a Uber. Pero la protesta se ha tornado muy violenta y al menos hay dos chóferes heridos mientras el gobierno llama a la calma.

En Porte Maillot, en el borde entre el Periférico que rodea París y el Arco del Triunfo, hubo fuertes enfrentamientos en la mañana del jueves, con autos dados vuelta, neumáticos incendiados y enfrentamientos con la policía andisturbios. En Paris, la ruta al aeropuerto Charles de Gaulle y Orly, pero también en Marsella, Niza y Bordeaux hay gigantescos embotellamientos de tránsito a causa de la protesta. En el camino al aeropuerto Charles de Gaulle, los pasajeros se vieron obligados a abandonar los taxis y marchar a pie con la valija por la ruta para no perder su vuelo.

Los taxistas franceses (sólo 14.000 en París) no aceptan la competencia que les genera Uber, la compañía de autos con chofer en Internet, que está revolucionando el sistema de transportes en Europa.

Hasta ahora, la justicia francesa no se ha pronunciado en contra, como en otros países, y se esperaba su fallo en septiembre. El ministro del Interior, Bernard Cazenauve, alarmando ante la violencia en París, convocó hoy a la tarde a los representantes de los taxistas a su despacho y prohibió inmediatamente los autos Uber Pro. Son los autos de los particulares free lance, que usan su vehículo como taxi después de su trabajo, para aumentar su salario y conseguir un poco de dinero.

“Llamo a los que están en esta acción a detener la violencia”, pidió el Cazenauve, cuando la violencia en la Porte Maillot quedaba solo a 10 minutos de su despacho.

Los taxistas franceses se han lanzado hoy a la calle y hay violentos incidentes, incluidas feroces palizas a chóferes de Uber, como en los últimos días, para desistirlos de ofrecer el servicio.

Los chóferes Uber no se forman como los taxistas franceses, no deben comprar una licencia y no pagan impuestos como los otros. Solo le pagan el 20 por ciento de su recaudación a Uber y salen a la calle, con su carnet de conductor, en un auto Sedan alquilado a otra Compañía de Uber. Llevan agua, abren la puerta de los pasajeros, dan un buen servicio y especialmente, son amables.

Sus 400.000 usuarios en Francia los prefieren, comparados a los malhumorados taxistas franceses y son mucho más baratos. Se los llama vía la aplicación de Smart Phone y llegan entre 3 a 5 minutos de espera. Pero el problema son los Uber Pro: los particulares que utilizan su pequeño automóvil y lo transforman temporalmente en taxis, a la salida de su trabajo, o cuando van a él para llevar ocasionales pasajeros.

Pero esta guerra es más profunda y muestra hasta dónde está bloqueada Francia a la hora de aplicar la competencia con su legislación y código laboral. Este violento conflicto entre taxistas profesionales y taxistas clandestinos no es otra cosa que el espejo del bloqueo económico francés para entrepeneurs y su estrategia para romperlo en su batalla por el mercado.

Uber envío un tuit muy temprano. ”Huelga hoy. La demanda será muy fuerte y el servicio tiene el riesgo de ser perturbado. Coraje a todos!”.

La cólera de los taxistas profesionales fue creciendo hasta la explosión ante la competencia salvaje de Uber, la compañía californiana, que ha conseguido imponer en Francia un servicio de transporte más barato, más eficiente y más agradable.

La violencia comenzó a sentirse en las últimas semanas en aeropuertos y estaciones de trenes, cuando los autos generalmente negros o grises de Uber, con sus ventanillas oscuras, comenzaron a ser detectados por los taxistas y agredidos. Algunos chóferes de Uber están armados con gas pimienta para defenderse de esas agresiones. Los taxistas franceses llevan un fierro en su auto para defenderse de eventuales ataques nocturnos, ante un crecimiento de la inseguridad en París, que no dudan en utilizar contra sus adversarios de Uber.

“Mire, mire. Ahí va Uber, Uber”, señala Hubert, un taxista en la Plaza de la Concorde. "Siempre es lo mismo. Son todos sedan negros, autos lujosos. Y nos roban el trabajo. No pagan los impuestos, no tienen certificado de entrenamiento ni licencia. Son piratas. Lo único bueno es que los choferes son todos de los suburbios. Los jóvenes que no conseguían trabajo en Francia, ahora lo tienen con Uber”, admite Hubert, un taxista que pagó 240.000 euros por su licencia de taxista para ahora ver perdida sus clientela ante “una competencia desleal”.

Mohamad lleva cuatro meses trabajando en Uber. En su sedan Laguna negro transporta diplomáticos, empresarios, extranjeros y hasta un ministro.”Yo soy de Aulnay sur Bois, en los suburbios de París. Soy francés, de padres argelinos. No conseguía trabajo, salvo en la cocina, hasta que llegó Uber. La gente está encantada con nosotros. Estamos todos bien vestidos, les abrimos la puerta, esta el diario del día en el auto. Yo tengo una tableta si necesitan usar y pueden cargan el teléfono celular. Somos discretos y vamos por el camino que nos dicen. Por eso la gente nos prefiere a los taxis parisinos. En vez de protestar, ¿por qué no se modernizan, si en París hay trabajo para todos?” se pregunta.

En los últimos meses, las paradas de taxis en París están repletas de autos vacíos, esperando pasajeros que no llegan. Una fotografía muy rara para la histórica escasez de taxis en París. Una lista de taxis tan larga como el mal humor y las preocupaciones de esos choferes, que sienten que Uber les está vaciando su mercado y ellos pueden perder su trabajo y su inversión en la licencia.

Los taxistas denuncian “una precarización de los choferes” y llaman a todos los sindicatos a unirse en esta batalla. Uber, el grupo americano de transportes millonario y sus VTC, como se llama el servicio de transporte con chofer que ofrecen, ha lanzado un brazo de hierro contra el estado francés, en su batalla para conquistar el mercado de transportes con chofer . Pero nada volverá a ser como antes para los históricos taxistas parisinos. Ganarán una batalla pero no la guerra.