Por todos es conocido que Carlos Fonseca, ese hombre de pocas carnes pero con un intelecto de los más avezados que ha dado Nicaragua, se crió en un mar de limitaciones económicas, sin embargo, fue esa realidad que le tocó vivir lo que constituyó el principal aliciente para que ya mayor elevara sus voz en procura de que ni un sólo nicaragüense volviera a sufrir lo que él experimentó en carne propia.

Como vendedor de caramelos y de periódicos en su natal Matagalpa, Carlos fue consciente desde muy niño que Nicaragua estaba dividida entre un reducido número de privilegiados y una inmensa masa de obreros, campesinos y artesanos, mayormente analfabetos. Y dado que él formaba parte de este último grupo, no dudó, siendo aún muy joven, en reaccionar fervientemente contra un sistema que mantenía subyugado a todo un pueblo.

En Nicaragua muchos pueden hablar del Carlos guerrillero, del Carlos líder estudiantil, del Carlos intelectual, pero son realmente pocos quienes pueden atestiguar esa niñez en pobreza, esa niñez que sin lugar le hizo tomar conciencia que la redención tenía que pasar primero por una etapa de rebeldía contra el status quo imperante en el país.

Uno de los pocos que recuerda esa etapa es Gregorio Oscar López, de 77 años, quien vivía a pocas casas de donde Carlos habitaba junto a su mamá Agustina y hermanos.

“Él fue criado aquí en Matagalpa en una pobreza tremenda y estudió dentro de una pobreza tremenda, y todo eso dio lugar a una transformación de su vida y de la nosotros también”, asegura don Gregorio.

Además de ser vecinos, también estudiaron en el mismo colegio, donde el fundador del FSLN logró bachillerarse con “La Estrella de Oro”, un reconocimiento entregado solo a aquellos estudiantes que hubieran sido excelentes durante toda su formación secundaria.

Efectivamente Carlos vio en el estudio un camino, llegando a convertirse en un verdadero devorador de libros, lo cual le ayudó a concebir una idea diferente del mundo, es decir, más pragmática y por tanto más apegada a la humanidad.

“El pensamiento de Carlos siempre fue muy humano, muy social (…). Él siempre pensó en los campesinos, en la educación de los niños, en la educación en general”, manifiesta.

Aunque era un hombre bastante espigado, su contextura delgada contrastaba con su firme decisión en que Nicaragua, con la lucha de una nueva generación de hombres y mujeres, finalmente llegaría a ser libre.

Sueños que se van haciendo realidades

Para don Gregorio el Gobierno Sandinista es el mejor ejemplo de los sueños de Carlos hechos realidades.

“A Carlos Fonseca nosotros lo tenemos presentes en todas las acciones del Gobierno actual. Lo tenemos presente porque ha seguido lo que Carlos soñó y pensó por este país”, expresa.

En el Parque Los Monos, de la Perla del Septentrión, se patentizan estas palabras.

Ahí las nuevas generaciones de matagalpinos ya no tienen que vender caramelos ni periódicos por las calles de la ciudad. Ahí no está el pequeño Carlos pensando en que doña Agustina no da abasto para darle de comer a la familia. No. Ahí los niños corren, ríen y se divierten como Carlos no pudo hacerlo porque había crecido y sufrido demasiado pronto.

“El país va cambiando. Antes los niños andaban trabajando a muy temprana edad, ahora los padres nos preocupamos porque nuestros hijos mejor estudien”, afirma Esteban Zeledón, al momento que pasea junto a su esposa y su pequeño hijo por este parque, uno de más arborizados que existen en toda Nicaragua.

Escuelas tienen sus puertas abiertas

“La Estrella de Oro” lograda por Carlos cuando se bachilleró da una idea de lo convencido que estaba de la importancia de que los pobres estudiaran para librarse de las garras de la ignorancia y de las limitaciones sociales que conllevaba el no saber leer y escribir.

Pero para esa época, que una persona del origen de Carlos lograra aprender a leer y escribir, y sobre todo, llegar a la universidad, no era nada fácil. Solo su arrojo pudo ayudarle a superar los obstáculos.

No obstante, las transformaciones educativas que vive hoy el país van más allá de la alfabetización. Tras garantizar el acceso gratuito a la primaria y secundaria, la prioridad del Gobierno es una educación integral a través de instituciones como el Tecnológico Nacional.

En Matagalpa, el Tecnológico Nacional “Benedicto Herrera” alberga en promedio a unos 3 mil 800 estudiantes en 55 cursos, impartidos en turnos diurnos, nocturnos y de fines de semana.

Estos cursos son gratuitos y están abiertos a quien se quiera incorporar, sean hombres, mujeres, jóvenes o adultos.

“La principal lucha de Carlos era la educación. Antes la educación no era para todo mundo, solo quien la podía pagarla podía tener una buena educación. Esta fue una de sus luchas y ahora estamos viéndolo con estos cursos que nos están dando”, asegura Martha Ligia Rivas, de 44 años, quien está aprendiendo Belleza junto a decenas de muchachas de Matagalpa.

Rivas explica que el curso tiene una duración de seis meses, de ahí que transcurrido ese período espera haber aprendido lo suficiente para tener su propio negocio.

La Coordinadora de la Juventud Sandinista en Matagalpa, Blanca Rocha, explica que actualmente hay unas 10 escuelas tecnológicas y 12 escuelas de oficio en el departamento, las cuales tienen sus puertas abiertas a quienes lo deseen, ya que el objetivo es que tanto jóvenes y adultos se incorporen para que puedan aportar al desarrollo productivo de Nicaragua.

Pueblo tiene hoy derecho a la salud

Carlos Fonseca desde muy niño tuvo que usar unos grandes lentes producto de una miopía que ya adulto lo tenía al borde de la ceguera. En su extrema pobreza, es de suponer que este problema supuso para doña Agustina un profundo pesar, tan profundo como cuando había un enfermo en el hogar y no había un solo centavo para llevarlo al médico.

Carlos tenía que compartir incluso esos dolores junto a su adoraba madre. Por eso cuando creció y se internó a las montañas su sensibilidad social le llevó a sufrir junto a los campesinos el prácticamente nulo acceso a la salud imperante en el interior del país.

El Hospital César Amador Molina, fue construido en 1984, durante el primer período revolucionario. Luego de que los Gobiernos Neoliberales lo dejaran prácticamente en ruinas, hoy está en proceso de remodelación y ampliación, con lo que se espera garantizar una atención en salud con calidad y calidez a la población, la cual llega no solo procedente de Matagalpa, sino también de algunos sectores de Jinotega y del Triángulo Minero.

En el área de Neonato uno se puede dar idea de las verdaderas dimensiones del trabajo realizado por el personal médico. Una serie de salas repletas de mujeres recién paridas, oriundas de regiones realmente remotas de Nicaragua, no son una excepción. Consultadas sobre la atención, estas apuntan que mejor no pueden haber sido atendidas.

Lady Méndez Martínez, tiene 24 años, y dio a luz a un hermoso varoncito (su cuarto hijo). Ella explica que llegó al César Amador Molina procedente de Ibú Norte, municipio de Paiwas, luego de un viaje de nueve horas. Apenas llegó fue atendida por los doctores, quienes tras alumbrar le viven reiterando todas las recomendaciones necesarias para que el bebé se desarrolle normalmente.

“Me siento bien, alegre. El niño nació el 8 de junio y me han entendido muy bien gracias a Dios”, manifiesta.

Productores pueden trabajar en paz

Carlos Fonseca sentía un especial cariño por quienes se dedican a las labores del campo, ya que éstos, con todo y sus limitaciones, durante la lucha contra la dictadura fueron el principal soporte de la guerrilla.

Carlos conocía sus sufrimientos. Al fin y al cabo su mamá era una campesina originaria de San Rafael del Norte.

Cuando se internaba en las montañas, el campesinado era para él la verdadera conciencia de la tierra, pues a pesar de los
agravios sufridos a manos de la Guardia, éste nunca abandonó a los guerrilleros sandinistas.

Si uno va hoy a las montañas, los agricultores pueden hablar de dificultades provocadas por el Cambio Climático pero no de violencia política asociada al gobierno, ya que el gobierno es solamente un facilitador de las actividades productivas y no un ente represivo que ve al campesinado como un enemigo.

“Estamos bien porque se trabaja libremente”, asegura Amado Lanzas, productor del Cerro El Arenal, un verdadero paraíso de montaña donde prosperan pinares, cafetos, flores y hortalizas como en ningún otro lugar de Nicaragua.

Lanzas está trabajando junto al Intur un proyecto de Turismo Rural Comunitario, para lo cual dice es de vital importancia la tranquilidad como la que hoy reina en Nicaragua.

“Aquí se puede trabajar tranquilamente. Yo por ejemplo no puedo decir que aquí ha venido a molestarme alguien. Yo no me siento incómodo porque por parte del gobierno haya venido alguien a molestar”, destaca el productor.

Carlos murió en combate cuando apenas tenía 40 años. Hoy tendría exactamente 79. Murió lleno de sueños, pero hoy esos sueños van haciéndose realidades.