Residentes de Carolina del Sur, todavía sacudidos por el inimaginable asesinato de nueve afro-estadounidenses en una iglesia, organizaron protestas este sábado a lo largo del Estado, expresando su angustia, rabia y deseos de cambio.

En la capital estatal, Columbia, los manifestantes realizarán una marcha contra la bandera de guerra confederada, para muchos un símbolo del racismo todavía vigente en la región.

En una ceremonia en memoria de los nueve feligreses negros muertos por un supremacista blanco en una tradicional iglesia de Charleston, era evidente la indignación contra el despliegue de la bandera confederada en la capital, objeto de controversia desde hace años.

Los manifestantes se reunieron al atardecer frente al edificio de la legislatura, donde permanece desplegada la bandera desde la época de la Guerra Civil. Solamente la legislatura puede decidir arriarla, según funcionarios estatales.

"Es hora de dejar atrás ese símbolo de la rebelión y el racismo y avanzar para restañar las heridas y hacia un Estados Unidos mejor", exhorta una petición en línea de la organización de izquierda MoveOn.org, que recogió 320,000 firmas hasta el momento.

Las banderas estadounidense y de Carolina del Sur fueron colocadas a media asta luego de la masacre del miércoles.

Otra protesta se realiza en Charleston, lugar de la tragedia, convocada por el movimiento Black Lives Matter (Las vidas de los negros importan).

Tensiones raciales

Con un pasado oscuro y un presente complicado, las relaciones raciales han sido siempre un desafío en Charleston, la ciudad donde, a decir de la policía, un joven blanco asesinó a tiros a nueve personas negras en una histórica iglesia afroestadounidense. La ciudad, en la costa de Carolina del Sur, fue alguna vez un importante puerto de esclavos y el sitio donde se realizaron los primeros disparos de la Guerra Civil.

Un siglo después, Charleston también fue centro de movilizaciones de activistas de los derechos civiles que se reunían con frecuencia en la Iglesia Metodista Episcopal Africana Emanuel.

El progreso en las últimas décadas ha incluido el aumento de la clase media negra, pero persisten zonas de pobreza mientras que el aburguesamiento ha resultado en la expulsión de habitantes negros a medida que la gente llega en grandes cantidades a barrios más modernos.

"Charleston da la impresión de ser una ciudad cosmopolita progresista, y hasta cierto punto es verdad", informó Bobby Donaldson, profesor adjunto de Historia en la Universidad de Carolina del Sur. "Sin embargo, los problemas persisten, quizá no a la vista, quizá no tan evidentes, pero son muy reales".

Los historiadores afirman que aunque Charleston tal vez no recibió la misma gran atención que otras ciudades del sur durante la era de la lucha de los derechos civiles tuvo una activa participación en ese movimiento.

El primer plantón de protesta en la ciudad tuvo lugar en 1960 ante la negativa de los restaurantes a ofrecer servicio de comida en la barra a personas de raza negra; hubo boicots económicos contra tiendas que no atendieran ni contrataran negros, dijo Jon Hale, historiador de los derechos civiles en College of Charleston.

"La movilización fue pacífica, no hubo ninguna iglesia incendiada ni se tuvo un Bull Connor", afirmó Hale en referencia al jefe policial segregacionista de Birmingham.

Charleston fue la primera ciudad de Carolina del Sur que eliminó la segregación en las escuelas por el fallo que emitió un juez en 1963. La ciudad fue destino frecuente del reverendo Martin Luther King Jr., que predicó en la iglesia Emanuel.

Septima Clark, dirigente a favor del registro de electores con la Conferencia de la Dirección Cristiana del Sur, vivió en Charleston y efectuó actividades en la región.

La mayor protesta relacionada con los derechos civiles sucedió cuando 400 trabajadores de hospitales, en su mayoría negros, abandonaron sus trabajos en demanda de un alza salarial y mejores condiciones de trabajo. La huelga, ocurrida en 1969, incluyó una marcha en la que participaron unas 5,000 personas.

Algunos habitantes afirman que han persistido las tensiones raciales.

"Es grandioso que todos nos hayamos unido y que intentemos un cambio como uno solo, blancos, negros, hombres y mujeres, pero sigue habiendo mucha tensión", declaró afuera de la iglesia Dorothy Nicole Marshall, exmilitar negra de la Fuerza Aérea.

En el siglo XIX, la violencia racial se ha entrelazado con la historia de la iglesia Emanuel. Un fundador de la iglesia, Denmark Vesey, fue colgado porque intentó organizar una revuelta de esclavos en 1822, y terratenientes blancos incendiaron la iglesia en venganza; la congregación de creyentes negros tuvo que efectuar sus actos de adoración religiosa en la clandestinidad incluso hasta después de la Guerra Civil.

El estado construyó un puesto militar para impedir futuras rebeliones y con el tiempo ese lugar se convirtió en el colegio militar Citadel, dijo Hale.