A poco de concluir la primera tanda de 2015, que no es cualquiera para la oposición porque desde que arrancó gritan, se apasionan, dan voces de que es un “año preelectoral”, es bueno saber cómo se ven ellos mismos.

Un semestre de reuniones y nada de uniones predicadas por “líderes” de “unidad” carentes de partidos y con presuntuosas recetas para “recuperar” la “democracia”, reduciéndola al kratos, poder, pero sin el ingrediente principal: el demos, pueblo.

Sí, seis meses armando organizaciones y desarmando otras; inventando, los unos, acrónimos de espantosa pronunciación y, los otros, organizando “coaliciones” de elite que terminan en serias colisiones de egos.

A pesar de ser partidos deshabitados, algunos directivos padecen de una megalomanía incurable, presentándose como “el pueblo de Nicaragua”. No aceptan que colapsaron sus banderas políticas y que ninguna credibilidad generó la publicidad engañosa de ser “apóstoles de la democracia”.

Examen

Primero, veamos solo algunos exámenes de las firmas encuestadoras, a las cuales, para variar, las atacan de adulterar los datos o que el pueblo “tiene miedo” de expresarse.

El Nuevo Año empezó no muy próspero que digamos para la derecha: amaneció en el sótano de los viejos resultados de 2011.

M&R estableció en enero que apenas el 8.1% de la población apoyaba a la oposición en general. El descalabro se repartió así: Partido Liberal Constitucionalista, 4.6%; Partido Liberal Independiente, 2.7 %; Movimiento Renovador Sandinista, 0.3%.

En abril, M&R atestiguó sus hallazgos de marzo: “El 77.8% de los nicaragüenses considera que el actuar de la oposición en Nicaragua es pésima”. Los partidos que se oponen al FSLN obtuvieron un 7.1% de respaldo.

La consolidación del fracaso se distribuyó con estas cuotas de perdición: 4.5%, PLC; 2.1%, PLI; 0.3%, MRS y 0.1% Partido Conservador.

En mayo, otra prestigiosa empresa, Cid Gallup, comprobó que las preferencias electorales continuaron derrumbándose para esa minoría: PLC, 4%; PLI, 3%. La nano derecha ya no logró ser registrada por falta de instrumentos de la consultora para medir especulaciones de salón.

El Frente Sandinista, contrario al ocaso opositor, marcó muy bien y fue consistente en todas las consultas.

Diagnóstico

Sin lograr pasar el examen de la ciudadanía, desde adentro la diagnosis de la derecha es aún más patética.

En la última semana de febrero, el presidente de Hagamos Democracia, por un lado, reconoció la gravedad de los síntomas: “La oposición necesita articulación orgánica, coherencia en el mensaje, poner los intereses de la patria por encima de los intereses del partido e intereses personales”. Por otro lado, don Róger Arteaga, asegura que la postrada oposición “ganó” en 2011.

Don Edmundo Jarquín, desde la candidatura de su vice soledad electoral, llegó a ordenar un casting que por sus mismas exigencias, es un conmovedor harakiri político: “que la oposición se unifique en torno a un candidato creíble, que encante, que ilusione”. Así reconocía, el 25 de abril, que la fórmula mundana de la cual formó parte, no contaba con semejantes virtudes celestiales.

Dora María Téllez, líder del MRS, admitió en abril que la oposición estaba en serios cuidados intensivos: “Se ha ido quedando reducida a unas pocas fuerzas, lo cual no quiere decir que no existe”.

El 18 de marzo, una mujer realizó una resonancia magnética del corazón de la derecha conservadora y dio a conocer con demasiada sinceridad –seguramente por provenir de ese inteligente género– lo que encontró en su interior:

“Debemos hacer un esfuerzo extra de no criticar, de no hablar mal de nadie, porque vamos a necesitar hasta de la última persona en el último rincón de Nicaragua para poder dar la batalla al Frente Sandinista. Empecemos desde ahora, sabemos que no nos caemos todos bien y que entre hermanos son peor(es) los pleitos”. María Fernanda Flores, segunda vicepresidenta del PLC.

El 17 de junio, frente al mismo Consejo Supremo Electoral, Eliseo Núñez documentó el mal que abate al PLI: “Hemos venido empobreciéndonos en recursos humanos”.

Santos óleos

El obispo Abelardo Mata, desde el atrio de la derecha liberal, administró los santos óleos al liderazgo opositor que, básicamente, es el mismo desde 2006 y que reclaman victorias ajenas con solio presidencial y curules incluidas.

“Se tiene que dar un nuevo enfoque en la llamada oposición, ya no se puede dar espacios a los egoísmos, a los caudillismos. Se necesitan rostros nuevos, nuevos líderes…” y aquí “lo que se hace por la izquierda, también se hace por la derecha y por eso estamos donde estamos”.

Veamos bien: el pastor de los que aúllan “fraude electoral” rechaza las caras de la pasada boleta. ¿Por qué? De haber triunfado el PLI, Mata no pediría públicamente “rostros nuevos”.

Detestó a los dirigentes de la ruina electoral, al urgir “nuevos líderes…”.

Aborreció sus vetustos e insípidos planteamientos, por un “nuevo enfoque”.

Y tres años y siete meses después de alabarlos como “ganadores”, de pronto reconoce lo que el pueblo libre y claramente expresó el domingo 6 de noviembre de 2011: “…ya a la gente no le convencen los discursos trillados de los viejos líderes”.

Y todavía la extrema derecha difama que “en Nicaragua no cuentan bien los votos”. A confesión de Mata y Cia., relevo de pruebas.